Las Naranjas Van en el Segundo Cajón Capítulo 14
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Capítulo 14

D urante las dos semanas siguientes, Nico volvió al apartamento sin que ninguno de los dos necesitara convertir aquello en una decisión oficial.

Primero llegaron algunas prendas más. Después, un segundo par de zapatos, material de trabajo, productos que reaparecieron en el baño y cosas que Liam ni siquiera sabía que habían desaparecido hasta verlas de nuevo en su sitio.

Nico seguía oficialmente en casa de Daniel y todavía dormía allí algunas noches, pero la división se volvía cada vez menos rígida.

A veces salía hacia el trabajo desde el apartamento.

Otras, llegaba después que Liam y utilizaba su propia llave después de avisar.

Liam ya no tenía que pensar antes de encontrarlo en la cocina o escuchar la ducha mientras terminaba algo en el ordenador.

La rutina se formó sin planificación.

Algunas mañanas empezaban con Nico quejándose porque Liam apagaba el despertador a la primera y después permanecía tumbado cinco minutos más alegando que aquello no contaba como retraso.

En otras, Liam se despertaba primero, preparaba café y dejaba que Nico descubriera por sí solo que estaba a punto de llegar tarde.

—Podrías haberme despertado —se quejó Nico una de aquellas mañanas, buscando una camisa mientras todavía intentaba terminar el café.

—Yo me desperté.

—Estoy hablando de mí.

—Tú también te despertaste. De hecho, te quejaste del despertador.

—Y me volví a dormir.

Liam cerró la tapa del portátil.

—Eso parece una consecuencia de tus decisiones.

Nico lo señaló mientras se ponía la camisa.

—Este es exactamente el tipo de apoyo que busco en una relación.

—Tú elegiste volver.

—Parcialmente.

—Entonces solo recibes apoyo parcial.

Nico rio y se inclinó para besarlo antes de salir.

Las pequeñas discusiones también regresaron, aunque Liam no sabía si alguna se parecía a las antiguas.

Nico dejaba vasos en lugares que Liam consideraba absurdos.

Liam cambiaba cosas de sitio y después tenía que escuchar que nadie podía mantener una casa funcional si los objetos eran reorganizados constantemente.

Nico insistía en calcular mal el tiempo de cualquier trayecto.

Liam insistía en recordárselo cada vez que llegaban tarde por su culpa.

Nada duraba demasiado.

Una noche discutieron porque Nico había usado la última toalla limpia y no había puesto la lavadora. Quince minutos después estaban doblando ropa juntos mientras Nico alegaba que Liam había convertido un problema doméstico sencillo en una acusación de carácter.

—Porque es una cuestión de carácter —respondió Liam, doblando una camiseta.

—¿No lavar una toalla es ahora un fallo moral?

—Dejar que la siguiente persona descubra que no tiene toalla, sí.

—Tú tenías una.

—La pequeña.

Nico se quedó mirándolo.

—De verdad clasificas las toallas por tamaño.

—Todo el mundo lo hace.

—No conscientemente.

Liam le entregó la camiseta doblada.

—Eres libre de volver con Daniel y vivir sin criterio.

—Prefiero sufrir aquí.

Liam sonrió.

Eso era lo que más le sorprendía. No la facilidad total de la que Nico había hablado antes —todavía no existía por completo—, sino la cantidad de cosas que ya no necesitaban análisis.

Podían discrepar sin que Liam imaginara de inmediato que la relación antigua habría gestionado aquello mejor.

Nico podía recordar algún hábito sin tener que detenerse a mitad de frase.

Liam podía decir que ahora prefería algo diferente y esa información simplemente pasaba a formar parte de la relación.

El trabajo también volvía a ocupar más espacio.

Liam ya pasaba jornadas enteras fuera de casa y había dejado de sentir que tenía que vigilar cada palabra cuando alguien mencionaba a Nico.

Cuando preguntaban por su novio, respondía.

Cuando se encontraban después del trabajo y aparecía alguien conocido, Liam no retrocedía ni corregía la distancia entre ellos.

Una tarde, se encontró con dos compañeros al salir de un restaurante con Nico. Una de las mujeres saludó a los dos, preguntó rápidamente cómo se estaba recuperando Liam y comentó que era bueno verlos juntos otra vez.

—Estamos intentando no interpretar «otra vez» de forma demasiado literal —respondió Liam.

Ella se dio cuenta de su elección de palabras.

—Perdón, no quería...

—Está bien. —Liam tocó brevemente el brazo de Nico—. Estamos bien.

Después de que se alejaran, Nico lo miró.

—No te has sentido incómodo.

—Un poco.

—No lo parecía.

—Evolución impresionante.

—Lo digo en serio.

Liam lo sabía.

—Yo también. Solo... ha sido más fácil de lo que habría sido hace unas semanas.

Nico no dijo que aquello se parecía al Liam de antes.

Liam lo notó y le gustó que no necesitara decirlo.

◆◆◆

Fue en una noche cualquiera cuando algo cambió.

Nico estaba terminando una presentación en el portátil mientras Liam leía en el sofá. Ya pasaban de las diez cuando Liam cerró el libro y se frotó los ojos.

Nico lo miró.

—No empieces otro capítulo.

Liam frunció el ceño.

—Ni siquiera he dicho nada.

—Ibas a empezar otro capítulo.

—Eso es una acusación sin pruebas.

Nico cerró su propio ordenador.

—Lo haces siempre. Cierras el libro, miras la portada durante unos segundos y decides que veinte páginas no van a marcar ninguna diferencia.

Liam se quedó mirándolo.

Nico percibió la expresión.

—¿Qué?

—Sabes eso.

—Evidentemente.

—Antes no lo sabías.

Nico tardó un instante.

—No.

Liam dejó el libro sobre la mesa.

—¿Yo no hacía eso?

—Leías por la noche, pero cuando estabas cansado dejabas el libro incluso a mitad de frase si hacía falta. Era irritante.

—¿Para quién?

—Para mí, cuando intentabas contarme algo después y no sabías dónde te habías quedado.

Liam casi sonrió.

—Entonces esto es nuevo.

—Creo que empezó después del accidente.

—Y ya lo has aprendido.

Nico se recostó.

—He estado conviviendo contigo.

La frase era sencilla.

Aun así, Liam guardó silencio.

Durante semanas, la asimetría entre los dos había parecido imposible de superar. Nico sabía demasiado porque poseía veinte meses que Liam no tenía. Conocía señales, hábitos, preferencias, miedos y formas de reaccionar que Liam todavía estaba intentando comprender.

Pero aquello era diferente.

Nico sabía algo sobre él que no existía antes del accidente. No lo había aprendido de un recuerdo. No lo había recuperado de una rutina antigua.

Lo había aprendido ahora.

Liam miró el libro.

—¿Hay más?

Nico frunció el ceño.

—¿Más qué?

—Cosas que hago ahora y no hacía antes.

La pregunta pareció sorprenderlo.

—Sí.

—¿Como qué?

Nico pensó.

—Pones el móvil en silencio mucho antes por la noche.

—Eso es porque mandas demasiados audios.

—Antes no te quejabas tanto de los audios.

—Prueba de que he mejorado.

Nico continuó:

—También estás más dispuesto a dejar trabajo para el día siguiente. Antes necesitabas terminar todo lo que habías empezado incluso cuando ya estabas cansado.

Liam inclinó la cabeza.

—Eso parece un cambio positivo.

—Lo es.

—¿Alguno más?

—¿Estás haciendo un inventario de tu propia personalidad?

—Quizá.

Nico sonrió.

—Preguntas más.

Liam perdió un poco del humor.

—¿Sobre la memoria?

—No. Sobre mí. Sobre las personas. Sobre lo que quieren antes de decidir qué crees que deberían querer.

Liam guardó silencio.

Nico se dio cuenta de que había vuelto la conversación demasiado seria.

—No estoy diciendo que te hayas convertido en un sabio emocional —añadió—. Todavía estás muy lejos.

—Gracias.

—Solo digo que hay cosas sobre ti ahora que yo también he tenido que aprender.

Era exactamente aquello.

Liam había pasado tanto tiempo intentando alcanzar el conocimiento que Nico poseía sobre él que nunca se había detenido a notar que la relación ya empezaba a funcionar en la dirección contraria.

Nico tampoco lo sabía todo.

También observaba.

También descubría.

También tenía que ajustar la imagen que poseía de Liam.

Y lo estaba haciendo.

No esperando que volviera el antiguo.

Aprendiendo al actual.

La emoción llegó sin suficiente preparación para que Liam pudiera esconderla detrás de alguna respuesta seca.

Miró a Nico y simplemente lo supo.

No como una conclusión construida a partir de las fotografías. No porque Maya hubiera dicho que había sido feliz. No porque su cuerpo reconociera determinados contactos o porque Nico supiera dónde estaban las cosas en el apartamento.

Lo sabía porque recordaba.

Las cenas.

Los besos.

Las discusiones.

Los mensajes.

Las noches.

Las veces en que Nico había tenido paciencia y las veces en que no.

La forma en que estaba sentado frente a él en aquel momento, habiendo aprendido cosas sobre una versión de Liam que no existía antes del accidente.

—Te amo.

Nico se quedó inmóvil.

El cambio fue tan completo que Liam percibió de inmediato el peso de las palabras.

Quizá el Liam de aquellos veinte meses las hubiera dicho cientos de veces.

Quizá las hubiera dicho en aquel salón, en aquel sofá, en aquella cama.

Liam no lo recordaba.

Aquello no pertenecía a ninguna de esas veces.

Nico siguió mirándolo.

—Liam...

—No estoy recordando.

La frase salió antes de que Nico pudiera preguntar. Sus ojos se llenaron de emoción.

Liam se acercó.

—No ha vuelto nada. —Se sentó más cerca—. No estoy repitiendo algo que alguien me haya contado. No lo digo porque sepa que ya lo dije antes.

Nico respiró hondo, pero no apartó la mirada.

—No recuerdo haberte amado antes —continuó Liam—. Pero te amo ahora.

Nico cerró los ojos durante un segundo. Cuando los abrió, ya no intentaba esconder lo que sentía.

—¿Estás seguro?

Liam arqueó una ceja.

—Esa es una pregunta peligrosísima después de que alguien te diga que te ama.

Nico soltó una risa quebrada por la emoción.

—Lo sé.

—Estoy seguro.

Nico le tocó el rostro.

—Te amo.

Liam lo besó.

No apareció ningún recuerdo.

Ninguna imagen antigua surgió.

Ninguna frase escondida se abrió dentro de su cabeza.

Liam no esperó que ocurriera.

Decir que amaba a Nico no tenía que demostrar nada sobre el pasado.

Simplemente era verdad.