Las Naranjas Van en el Segundo Cajón Capítulo 13 #2
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Capítulo 13 #2

Recordaba la primera noche. La inseguridad, las risas cuando casi había tirado toda la sábana al suelo, a Nico admitiendo después que había sido bueno y doloroso al mismo tiempo.

Recordaba el café de la mañana siguiente. La discusión sobre sentirse demasiado observado. A Nico perdiendo la paciencia frente al edificio y diciéndole que dejara de disculparse por no recordar.

El cuidado.

La irritación.

El humor.

Los momentos en los que Nico sabía demasiado y aquellos en los que tuvo que aprender algo nuevo.

Liam se dio cuenta de que había acumulado suficientes recuerdos como para echar de menos a alguien que existía en el presente.

No necesitaba recurrir a una fotografía.

No necesitaba preguntarle a Maya por qué le gustaba.

No necesitaba creer a Nico cuando decía que habían sido felices.

Ahora tenía cosas propias.

Quizá fueran pocas comparadas con casi dos años.

Pero eran suyas.

Y cuando pensaba en Nico en aquel momento, no pensaba en el hombre que aparecía en las fotografías antiguas.

Pensaba en el hombre que él mismo conocía.

Liam cogió el móvil.

No mandó ningún mensaje.

Se levantó.

◆◆◆

Daniel tardó unos segundos en abrir la puerta.

Cuando vio a Liam en el pasillo, la sorpresa fue sustituida por una expresión cautelosa.

—Hola.

—Hola.

Daniel no se apartó inmediatamente.

—¿Nico sabe que estás aquí?

—No.

Aquello empeoró su expresión.

—Vale.

Liam casi sonrió.

—¿Vas a dejarme entrar o necesitas hacer antes una evaluación de riesgo?

Daniel siguió serio.

—Depende de por qué estés aquí.

Liam lo entendió.

Hasta entonces, Daniel había sido principalmente una información secundaria en la historia. El amigo que había alojado a Nico, le había prestado el coche y había recibido parte de su vida mientras Liam ocupaba casi toda la perspectiva de la situación.

Ahora era alguien plantado delante de la puerta protegiendo a su mejor amigo.

—Quiero hablar con él.

—¿De qué?

—Eso es entre él y yo.

Daniel apretó la mandíbula.

—Vale. —Hizo una pausa—. Pero no está precisamente bien desde aquella noche.

La información golpeó a Liam.

—No esperaba que lo estuviera.

—No va a contarte ni la mitad de cuánto le está doliendo esto.

—Lo sé.

—No, creo que no lo sabes.

Liam no respondió.

Daniel pareció reconsiderar el tono.

—No te estoy culpando. —Se pasó una mano por el pelo—. Nico tampoco. Precisamente eso es parte del problema. Pasa mucho tiempo intentando asegurarse de que tengas espacio para sentir cualquier cosa y después viene aquí y tiene que descubrir qué hacer con lo que siente él.

Liam pensó en la primera vez que Nico había admitido que también intentaba protegerse. En lo fácil que todavía resultaba olvidarlo.

—No he venido a hacerle daño.

Daniel soltó una breve respiración.

—Imagino que nunca ha sido esa la intención.

La frase podría haber sonado dura.

Liam no se ofendió.

—¿Está aquí?

Daniel vaciló antes de abrir más la puerta.

—Sí.

Liam entró.

No avanzó más allá del salón mientras Daniel iba por el pasillo. Pocos segundos después, apareció Nico. Se detuvo en cuanto lo vio. La sorpresa de su rostro vino acompañada de algo que Liam reconoció de inmediato: esperanza contenida demasiado rápido.

—¿Qué ha pasado?

—Nada.

Nico miró a Daniel.

—Ha aparecido sin avisar —explicó su amigo—. Intenté hacer un interrogatorio previo, pero por lo visto no tengo autoridad legal.

—Tus técnicas son pésimas —respondió Liam.

Daniel miró a Nico.

—Voy a salir.

—No hace falta —dijo Nico.

—Sí hace falta. No tengo ningún interés en quedarme aquí fingiendo que no estoy escuchando.

Cogió las llaves y pasó junto a Liam.

—No le hagas más daño.

Liam se puso serio.

—No tengo intención de hacerlo.

Daniel asintió y salió.

El silencio después de que se cerrara la puerta pareció más grande.

Nico permaneció a varios pasos de distancia.

—¿Por qué has venido?

Liam respiró hondo.

—No he recuperado ningún recuerdo.

Nico frunció el ceño.

—No te he preguntado eso.

—Lo sé. Pero necesito empezar por ahí.

Nico esperó.

—No ha vuelto nada —continuó Liam—. No recordé nuestra primera cita. No recordé la estantería. No recordé ninguna conversación de esos veinte meses. No ocurrió nada que resolviera esto por mí.

La cautela en el rostro de Nico aumentó.

—Vale. Entonces, ¿por qué?

Liam lo miró directamente.

—Porque hoy te he echado de menos.

Nico se quedó inmóvil.

Liam continuó antes de que la emoción le hiciera perder el hilo.

—No de la forma en que tú echas de menos las cosas que existían antes.

No he echado de menos una vida que no recuerdo.

Te he echado de menos a ti quejándote de tus reuniones.

Metiéndote con mis cosas y alegando que existe una lógica dentro del caos.

Tu forma de calcular quince minutos para cualquier trayecto y equivocarte siempre.

—La boca casi se le curvó—. He echado de menos las cosas que conozco.

Nico bajó los ojos durante un instante.

—Liam...

—He pasado estos días intentando averiguar si estaba volviendo porque no quería estar solo. No es eso.

—¿Estás seguro?

—No de todo. —Liam respiró hondo—. Pero de esto sí.

Nico apoyó una mano en el respaldo de una silla.

—¿Y qué quieres?

—Continuar.

El silencio duró unos segundos.

—¿Conmigo?

—Sí.

Nico sostuvo su mirada.

—¿Y qué pasó en casa de Maya?

—Pasó. Todavía me resulta difícil saber que tú recuerdas cosas que yo no. Todavía puede doler cuando todo el mundo se ríe de algo de lo que yo formé parte y yo me quedo fuera. No voy a fingir que he resuelto eso en tres días.

—Entonces, ¿qué ha cambiado?

Liam pensó en Gabriel.

En los recuerdos actuales.

—Estaba tratando lo que echas de menos como una prueba de que el presente no era suficiente. Quizá no sea lo mismo.

Nico no respondió de inmediato.

Liam dio unos pasos por el salón, sin cerrar del todo la distancia.

—Vas a echar de menos cosas. Probablemente a mí me moleste algunas veces. Quizá compares sin querer. Quizá yo lo interprete mal. —Se pasó una mano por el pelo—. Pero si seguimos tratando cualquier recuerdo tuyo como una amenaza, esto nunca va a funcionar.

Nico soltó lentamente el aire.

—Yo también hago eso.

—¿Qué?

—Trato mis recuerdos como una amenaza. —Apartó la mirada—. Escondo algunos porque tengo miedo de que pienses que estoy intentando recuperar algo. Después me frustra tener que esconderlos. No es exactamente una estrategia brillante.

—Entonces paramos.

Nico casi sonrió.

—Hablas como si fuera sencillo.

—No lo es. Pero podemos convertirlo en una regla.

—Claro que podemos.

—No empieces.

—Te gustan las reglas.

—Y tú las necesitas.

Nico finalmente sonrió. Fue una sonrisa pequeña. Pero Liam sintió que la ausencia de aquellos últimos días disminuía de inmediato.

—No quiero que dejes de recordar —dijo Liam, más serio—. Solo necesito aprender que tus recuerdos no significan que estés esperando a otra persona.

Nico asintió despacio.

—Y yo necesito aprender que echar algo de menos no me obliga a ocultarte que existió.

—Probablemente.

—Esa ha sido una concesión muy generosa.

—No lo estropees.

Nico se quedó mirándolo.

—Yo también te he echado de menos.

La frase salió baja.

Liam se acercó.

Esta vez Nico no retrocedió.

—¿A mí o a él?

La pregunta salió antes de que Liam decidiera si debía hacerla. Nico no se molestó.

—A ti, al que ha aparecido aquí hoy.

La respuesta fue suficiente.

Liam le sujetó el rostro y lo besó.

El beso pertenecía al conjunto de cosas que Liam ya conocía. Sabía cómo lo sujetaba Nico ahora. Sabía de aquella pequeña pausa antes de profundizar el beso. Sabía cómo su mano subía hasta el lado de su cuello cuando Liam se acercaba más.

Cuando se separaron, siguieron cerca.

—Tienes algo de ropa en casa —dijo Liam.

Nico arqueó las cejas.

—Lo sé.

—Y un cargador. Y libros.

—Estoy empezando a pensar que has hecho inventario.

Liam lo ignoró.

—Creo que puedes empezar a volver.

Nico se puso serio.

—¿Volver cómo?

—Poco a poco. —Liam no apartó la mirada—. No estoy diciendo que traigas todo mañana. Ni que finjamos que no ha pasado nada. Solo... vuelve más.

Nico tardó unos segundos en responder.

—¿Estás seguro?

—Sí.

—Acabas de decir que no has resuelto todo.

—No necesito resolverlo todo antes de decidir que quiero tenerte cerca.

La expresión de Nico se suavizó.

—Vale.

Liam volvió a cogerle la mano. Esta vez, cuando pensó en llevarlo de vuelta a casa, no sintió que estuviera recuperando una vida antigua.

Estaba eligiendo continuar la que sí podía recordar.