Capítulo 11
V olver al trabajo exigió menos esfuerzo físico del que Liam esperaba y más esfuerzo mental del que le gustaría admitir.
Durante las primeras horas, tuvo la incómoda sensación de estar ocupando el escritorio de alguien a quien conocía muy bien sin conseguir recordar qué había hecho aquella persona allí durante casi dos años.
El ordenador seguía siendo el mismo, las carpetas estaban organizadas de una manera que reconocía como propia y los proyectos anteriores a la laguna seguían teniendo sentido.
El problema empezaba cuando abría algo creado durante los veinte meses perdidos.
Había decisiones firmadas por él, reuniones en las que figuraba como responsable, documentos con comentarios escritos con su propio estilo y compañeros que mencionaban conversaciones que Liam no recordaba haber tenido.
No era incapaz de entender el trabajo. Solo necesitaba reconstruir el contexto allí donde los demás ya tenían continuidad.
Los primeros días fueron reducidos. Liam revisaba proyectos, participaba en pocas reuniones y hacía preguntas que intentaba mantener objetivas.
Algunas respuestas venían acompañadas por un «recuerdas que...
» interrumpido de inmediato cuando la persona se daba cuenta de que no, probablemente no lo recordaba.
Otras eran tratadas con naturalidad, lo que Liam prefería.
Fue cerca del final de una reunión cuando ocurrió.
Una compañera estaba recogiendo el portátil cuando lo miró.
—Ah, antes de que se me olvide. ¿Cómo está Nico? Debió de llevarse un susto enorme con el accidente.
Liam abrió la boca.
El antiguo impulso apareció primero.
No fue una decisión consciente. Fue simplemente aquel reflejo conocido de minimizar, desviar o responder de una manera que no revelara nada sobre su vida personal. Podía decir que estaba bien sin añadir quién era Nico. Podía cambiar de tema. Durante años, lo había hecho con facilidad.
Pero aquella mujer ya lo sabía.
Más importante aún, Liam se dio cuenta de que no quería esconderlo.
—Está bien —respondió, cerrando su propio portátil—. Sigue quedándose en casa de un amigo, pero nos estamos viendo bastante.
—Qué bien. Dale un abrazo de mi parte.
—Se lo daré.
Ella salió.
Liam permaneció sentado durante unos segundos.
◆◆◆
Llamó a Maya de camino a casa.
—Tengo que contarte una cosa.
—Esa frase viniendo de ti normalmente significa problemas.
—No ha pasado ningún problema.
—Entonces eso sí que es una novedad.
Liam la ignoró.
—Una compañera ha preguntado por Nico hoy.
—Vale.
—Le respondí con normalidad.
Maya tardó un poco.
—¿Con normalidad cómo?
—Le dije que estaba bien y que nos estamos viendo.
—¿Y?
—Y nada. Ese es el punto.
Maya guardó silencio durante unos segundos antes de responder.
—Estás contento con eso.
—Creo que sí.
—Entonces yo también me alegro.
Liam esperó.
—¿Solo eso?
—¿Qué querías que dijera?
—No lo sé. Algo sobre que estoy volviendo a la normalidad o haciendo lo que hacía antes.
—No voy a decir eso.
Él apretó un poco más el móvil contra la oreja.
—¿Por qué?
—Porque no creo que estés volviendo a ningún sitio. —La voz de Maya se volvió más seria—. Durante esos veinte meses, cambiaste muchas cosas porque decidiste cambiarlas. Nico estuvo a tu lado, claro, pero no te sacó del armario a rastras ni asumió tu vida por ti. Tú tomaste decisiones.
Liam redujo el paso.
—Y ahora lo he hecho otra vez.
—Exactamente.
—Aunque no recuerde la primera vez.
—Lo que quizá haga que esta sea especialmente tuya.
Liam guardó silencio.
—No conviertas esto en una frase demasiado bonita —añadió Maya—. Te vuelves insoportable cuando crees que me estoy poniendo sentimental.
—Estaba a punto de decirlo.
—Lo sé.
Él sonrió.
—Gracias.
—De nada. Ahora puedes colgar antes de que arruine el momento.
—Gran idea.
◆◆◆
Nico empezó a aparecer en el apartamento con más frecuencia.
Todavía dormía en casa de Daniel la mayoría de las noches y seguía guardando allí la ropa y los objetos esenciales, pero la división empezó a volverse menos clara.
Primero dejó un cargador. Después apareció un abrigo sobre una silla y permaneció allí dos días.
Un neceser se quedó en el baño después de una noche y Nico solo se dio cuenta cuando ya estaba en el trabajo.
Mandó un mensaje preguntando si Liam quería que fuera a buscarlo.
Es un neceser, no material radiactivo. Puede quedarse.
La respuesta llegó poco después.
Estoy intentando respetar el territorio.
Ya has dejado aquí un cargador, un abrigo y dos libros. La invasión empezó hace tiempo.
Nico respondió con una fotografía de una bandera improvisada con una servilleta.
Liam se rio solo en medio del salón.
Los objetos empezaron a reaparecer de aquella manera, sin ninguna conversación oficial.
Un libro en la mesita de noche. Una camiseta olvidada después de una noche.
Un par de zapatos junto a la puerta. Nico todavía avisaba cuando necesitaba entrar en el apartamento sin Liam, pero ya no se movía por la casa pidiendo permiso para cada cosa.
Abría armarios, preparaba café y se quejaba cuando Liam reorganizaba una estantería que, según él, funcionaba perfectamente.
—Perfectamente funcional para alguien sin criterio —respondió Liam.
—Yo encontraba todo.
—Porque tú habías creado el caos.
—Si lo encuentro, existe un sistema.
—Esa no es la definición de sistema.
—Entonces puedes preparar tú la cena.
Liam lo miró.
—¿Chantaje doméstico?
—Negociación.
—Estás aprendiendo palabras nuevas para tus defectos.
Nico sonrió y siguió cortando los ingredientes.
Liam se dio cuenta de que le gustaba aquello.
No porque imaginara que reproducía alguna rutina antigua, sino porque empezaba a existir una rutina actual.
Algunas tareas se repartían sin necesidad de hablarlo.
Otras tenían que renegociarse. A veces Nico hacía algo por costumbre y Liam lo dejaba.
Otras, lo corregía porque ahora lo prefería de otra manera.
El apartamento ya no parecía únicamente un archivo de los veinte meses perdidos.
Poco a poco empezaba a acumular señales de una vida que Liam sí podía recordar.
◆◆◆
Fueron juntos al supermercado una noche después del trabajo de Nico.
La compra era pequeña. Cosas para los próximos días, productos de limpieza y algunos artículos que Liam había anotado en el móvil. Nico empezó a añadir cosas fuera de la lista antes de llegar a la mitad de los pasillos.
—Eso no estaba aquí.
—No todo tiene que estar en una lista.
—Precisamente para eso existe la lista.
Nico dejó un paquete en el carrito.
—Quiero esto.
—Argumento irrefutable.
—Sabía que lo entenderías.
En la sección de frutas, Liam cogió algunas cosas casi sin prestar atención mientras Nico revisaba mensajes en el móvil. Puso manzanas en el carrito, después sostuvo una naranja y miró las demás.
—¿Quieres que coja más de estas?
Nico levantó los ojos.
Hubo una vacilación.
Pequeña.
Tan breve que Liam podría no haberla notado si no se hubiera acostumbrado ya a percibir aquellos momentos en los que alguna información antigua parecía atravesar el rostro de Nico antes de ser contenida.
—Puedes coger —respondió él.
Liam sostuvo la fruta un instante más.
—¿Te gusta esta variedad?
—Sí.
—¿Esto es otra de esas cosas que sabes de mí?
Nico desvió los ojos hacia el carrito.
—Es solo una fruta, Liam.
La respuesta salió un poco demasiado rápida.
Liam se dio cuenta.
También se dio cuenta de que Nico no parecía querer convertir aquello en una conversación. Ya habían hablado suficiente sobre el derecho de Nico a poseer recuerdos sin tener que narrar cada uno.
Dejó la fruta en el carrito.
—Vale.
Nico volvió al mensaje.
Liam empujó el carrito hacia el siguiente pasillo y el asunto terminó allí.
◆◆◆
Más tarde, en el apartamento, la intimidad entre los dos ya no cargaba con la misma tensión de la primera noche.
Nico seguía prestando atención. Liam también.
La diferencia era que ahora ya conocían algunas señales actuales del otro.
Nico sabía cuándo un contacto hacía que Liam se acercara en lugar de vacilar.
Liam reconocía cuándo Nico esperaba una iniciativa y cuándo simplemente le estaba dando espacio.
No necesitaban interrumpir cada avance para hablar del pasado ni convertir el cuidado en una secuencia de permisos formales.
Liam llevó más la iniciativa aquella vez.
Empezó el beso, acercó a Nico y decidió el ritmo sin preguntarse si estaba haciendo algo que ya hacía antes.
En determinado momento, se dio cuenta de que Nico lo seguía en lugar de anticiparse y sintió una satisfacción inesperada.
Nico no estaba siguiendo instrucciones de un recuerdo antiguo.
Estaba reaccionando al hombre que tenía delante.
Después permanecieron tumbados uno al lado del otro, todavía cerca. Liam no estaba buscando un recuerdo.
Quizá esa fuera la mayor diferencia.
Ninguna parte de él esperaba una imagen perdida, un reconocimiento repentino o alguna recompensa por lo que acababan de vivir. La noche no tenía que devolverle nada.
Nico volvió el rostro hacia él.
—Estás pensando.
—Eso pasa a veces.
—Normalmente es peligroso.
Liam apoyó una mano sobre el abdomen.
—Ha sido diferente.
La expresión de Nico se volvió más atenta.
—¿Diferente cómo?
—No ha parecido una repetición.
Nico tardó un poco antes de preguntar:
—Entonces, ¿cómo ha parecido?
Liam lo miró.
La respuesta llegó sencilla.
—Nuestro.
Nico se quedó inmóvil durante un instante.
No había tristeza en su reacción. Tampoco era aquella emoción complicada que aparecía cuando algo del presente le recordaba el pasado. Era otra cosa, más ligera, aunque sus ojos delataban el peso de la palabra.
Liam le tocó la mano.
—Eso ha sido algo bueno, por si te ha fallado la capacidad de interpretación.
Nico sonrió y entrelazó los dedos con los suyos.
—Lo he entendido.
Permanecieron en silencio durante un rato. Liam miró el dormitorio y se fijó en la camiseta de Nico sobre la silla, el cargador en la mesita de noche y el libro que había empezado hacía unos días. Pequeños objetos dispersos sin planificación, todos regresando poco a poco.
—Deberías traer algo de ropa.
Nico volvió el rostro.
—¿Qué?
—Algo de ropa. —Liam señaló la camiseta sobre la silla—. Está empezando a ser ridículo que duermas aquí y tengas que calcular qué vas a ponerte al día siguiente o volver a casa de Daniel a buscar cosas.
Nico siguió mirándolo.
—¿Me estás pidiendo que vuelva?
—No oficialmente.
La cautela reapareció.
Liam apretó ligeramente su mano.
—No estoy diciendo que traigas todo. Ni que hayas vuelto a vivir aquí. Solo... algo de ropa. Lo suficiente para no tratar cada noche como una visita que hay que planificar.
Nico tardó unos segundos en responder.
—Un término medio.
—Exactamente.
—Normalmente odias los términos medios.
—Estoy creciendo como ser humano.
—Eso es preocupante.
Liam le dio un empujón en el hombro.
—Retiro la invitación.
Nico le sujetó la mano antes de que pudiera apartarla.
—Acepto.
Liam lo miró.
—La ropa.
—La ropa. —Nico sonrió—. El resto sigue en casa de Daniel.
—Vale.
La decisión era pequeña.
Era solo espacio.
Algo de ropa en el armario.
Un poco más de Nico en aquella casa.
Y Liam se dio cuenta de que quería eso. No porque el apartamento ya hubiera pertenecido a los dos.
Sino porque estaba empezando a pertenecerles a los dos otra vez, de una manera que él podría recordar.