Las Naranjas Van en el Segundo Cajón Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

Nico miró el anillo entre los dedos de Liam antes de responder.

—Fue aquí. En casa. Preparaste la cena y pasaste buena parte de la noche raro porque estabas nervioso. Yo empecé a pensar que había pasado algo. Después sacaste los anillos y me pediste matrimonio.

—¿Sin restaurante, viaje ni gente escondida esperando para celebrarlo?

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Nico.

—Nada de eso. Querías que fuera solo nuestro.

Liam hizo girar el anillo entre los dedos.

—Y yo estaba seguro.

—Lo estabas.

—¿No te diste cuenta antes?

—Me di cuenta de que estabas raro. No imaginé por qué.

—Milagro.

—Se te daba mejor esconder algunas cosas que otras.

Liam estuvo a punto de preguntar qué había dicho exactamente. Se detuvo. No necesitaba convertir la conversación en una reconstrucción de aquella noche. Lo importante ya estaba allí.

Había elegido comprar los anillos.

Había planeado.

Había hecho la pregunta.

Liam deslizó el anillo por el dedo. Entró fácilmente. Seguía quedándole perfecto.

Nico siguió el movimiento sin decir nada.

Liam observó su propia mano. El metal no se sentía físicamente mal. Estaba en el dedo correcto, tenía la medida adecuada y había una marca casi borrada de haberlo llevado antes. Aun así, nada dentro de él acompañaba el gesto. No se sentía como un hombre que acabara de volver a ponerse su anillo.

Se sentía como alguien probándose la promesa de otra persona.

Liam se quitó el anillo.

El cambio en el rostro de Nico fue pequeño, pero claro. Sus ojos bajaron hacia la mano de Liam y permanecieron allí un segundo antes de que Nico controlara la expresión.

Liam dejó el anillo sobre la mesa.

—¿Eso te ha dolido?

Nico respiró hondo.

—Un poco.

Liam no pidió disculpas.

No porque no le importara.

Precisamente porque le importaba lo suficiente como para no obligar a Nico a consolarlo por el dolor que aquella decisión provocaba.

—No quiero que digas que está bien si no lo está.

—No iba a decirlo.

—Mejor.

Nico miró el anillo.

—¿Qué quieres hacer?

La pregunta era sencilla. Liam ya sabía la respuesta.

—Quiero seguir contigo.

Nico levantó los ojos.

—¿Pero?

—Pero no puedo ser tu prometido.

El silencio que siguió no fue largo, aunque pareció exigir mucho de ambos.

Liam continuó antes de que Nico tuviera que preguntar.

—Cuando dices que yo te pedí matrimonio, te creo. Cuando veo el anillo, sé que es mío. Cuando encuentro los contratos, sé que estábamos haciendo planes. No estoy negando nada de eso. —Tocó el anillo con la punta del dedo—. Simplemente no recuerdo haber hecho esa promesa.

Nico permaneció callado.

—Te quiero —dijo Liam—. Solo que no puedo seguir con una promesa que no recuerdo haber hecho.

El dolor volvió a aparecer en el rostro de Nico, esta vez sin desaparecer tan rápido.

—Vale.

Liam esperó.

Nico se pasó una mano por el rostro.

—Sabía que probablemente tendríamos esta conversación.

—¿Desde cuándo?

—Desde el hospital. Quizá desde antes de que tú te dieras cuenta de que necesitabas tenerla.

—¿Y ayuda?

Nico soltó una breve respiración.

—No mucho.

Liam asintió.

—Entonces no hace falta fingir que ayuda.

—No estoy fingiendo. —Nico apoyó los brazos sobre las piernas—. Duele. Entiendo lo que estás diciendo y creo que tienes todo el derecho a sentirte así. Pero sigue doliendo.

—Lo sé.

—El compromiso no era una información para mí.

—Nico miró el anillo sobre la mesa—. Recuerdo cuando me lo pediste.

Recuerdo lo que significó. Recuerdo que empecé a planear una vida a partir de esa decisión.

Así que no puedo apagarlo solo porque racionalmente entienda que tú no estás en el mismo lugar.

Liam sintió el impulso automático de suavizarlo.

No lo hizo.

—No quiero que lo apagues.

Nico lo miró.

—¿No?

—No quiero que finjas que no has perdido algo. Solo que yo no puedo seguir cargándolo porque sé que era importante para ti y para una versión de mí que no recuerdo.

Nico permaneció en silencio durante unos segundos. Después asintió.

—Vale.

Esta vez la palabra significaba otra cosa.

Aceptación, no ausencia de dolor.

Liam volvió a mirar el anillo.

—La boda tiene que cancelarse de verdad.

—Ya hemos cancelado casi todo.

—Me refiero a la idea. No dejarla suspendida esperando a que yo recuerde y decida que podemos retomar exactamente donde lo dejamos.

Nico respiró hondo.

—Sin fecha guardada. Sin compromiso en espera.

—Sin compromiso en espera.

—¿Y nosotros?

Liam sintió cómo cambiaba por completo el peso de la pregunta.

—Nosotros estamos juntos.

Nico siguió esperando.

Liam se dio cuenta de lo que faltaba.

—Saliendo.

Su expresión cambió.

—Saliendo.

Liam sonrió por primera vez desde que había empezado aquella parte de la conversación.

—Suena raro oírte repetirlo.

—Para mí también.

—¿Mal?

Nico pensó antes de responder.

—No. Solo diferente. —Miró a Liam con más calma—. Ya fui tu novio. Después fui tu prometido. Ahora soy tu novio otra vez, pero no exactamente de la misma manera.

—Porque esta vez recuerdo haberte elegido.

Nico asintió.

—Sí.

Liam sintió que algo se acomodaba.

—Y si algún día quiero casarme contigo...

Nico levantó una mano antes de que terminara.

—No necesitas prometer eso ahora.

—No estoy prometiendo nada.

La mano bajó.

—Vale.

—Estoy diciendo que, si ocurre, no será porque encontré un plan antiguo y decidí continuar. Tendrá que ser una decisión que tome otra vez.

Nico lo miró durante unos segundos.

—Yo también quiero eso.

Liam arqueó una ceja.

—¿Quieres que vuelva a pedirte matrimonio?

Una sonrisa apareció pese a la emoción todavía presente.

—Quería decir que cualquier compromiso futuro tiene que ser nuestro ahora, no una obligación con lo que existía antes.

—Respuesta diplomática.

—He aprendido en las últimas semanas.

Liam cogió el anillo y volvió a guardarlo en la caja.

No lo tiró.

No había ningún motivo para borrar lo que representaba. La promesa había existido. Simplemente no podía seguir funcionando automáticamente en el presente.

Dejó la caja sobre la mesa.

Nico la miró y después miró a Liam.

—Entonces eres mi novio.

Liam sintió que la sonrisa regresaba sin tener que pensarlo.

—Es lo que acabamos de decidir.

—Lo sé. Quería oírlo.

—Ridículo.

—Posiblemente.

Liam se levantó, rodeó la mesa y se detuvo frente a él.

—Mi novio es irritante.

Nico le sujetó la cintura.

—Ya puedes añadirlo a la lista de defectos.

Liam lo besó.

Cuando se apartó, Nico seguía sonriendo.

Liam se dio cuenta de que él también.

Prometido era una palabra acompañada por un anillo que no reconocía, una propuesta que no recordaba y una boda que otra versión de él había empezado a construir.

Novio era diferente.

Novio era Nico sentado frente a él aquella noche.

Era el hombre al que Liam había invitado a cenar, besado, deseado, buscado cuando necesitaba compañía y elegido seguir conociendo.

Por primera vez desde el accidente, el nombre de la relación entre los dos pertenecía al presente.