Las Naranjas Van en el Segundo Cajón Capítulo 10
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Capítulo 10

L a consulta con Eva ya estaba programada antes de la noche que Nico había pasado en el apartamento. Cuando Liam entró en la consulta, la pregunta que llevaba intentando evitar desde aquella mañana estaba preparada desde hacía días.

Eva empezó por la recuperación física, preguntó por dolores, sueño, mareos y la reanudación gradual de las actividades.

Liam respondió sin dificultad. El hombro estaba mejor, las costillas molestaban un poco y los dolores de cabeza se habían vuelto ocasionales.

La parte complicada llegó cuando ella preguntó por la memoria.

—Sigue igual.

Eva anotó algo.

—¿Ningún recuerdo nuevo que puedas identificar como perteneciente a esos veinte meses?

—Nada significativo. A veces algo me resulta familiar, pero no viene acompañado de un recuerdo. Ocurrió en el apartamento, ocurrió cuando besé a Nico y ocurrió... en otras situaciones.

Eva levantó los ojos.

Liam se dio cuenta de que había entendido la elección de palabras.

—Tuvimos sexo.

La doctora no mostró sorpresa.

—¿Y esperabas que eso produjera algún recuerdo?

Liam tardó en responder.

—No lo hice por eso.

—No es lo que te he preguntado.

Él soltó el aire y se recostó en la silla.

—Una parte de mí lo esperaba.

Eva aguardó.

—No solo el sexo —continuó Liam—. Cuando volví al apartamento, pensé que quizá se despertaría algo.

Cuando vi las fotos, aunque no quisiera quedarme mirándolas, una parte esperaba.

Cuando besé a Nico por primera vez... lo mismo.

Y después de la noche que pasamos juntos, desperté y me quedé esperando que apareciera algún recuerdo. No apareció.

—Eso te decepcionó.

—Sí.

Era desagradable admitirlo. Liam había pasado días defendiendo que quería construir experiencias nuevas y, al mismo tiempo, había convertido algunas de ellas en oportunidades secretas para recuperar las antiguas.

—¿Ya debería estar recordando más? —preguntó—. ¿Ha pasado suficiente tiempo como para que algo hubiera empezado a volver?

Eva dejó el bolígrafo sobre la mesa.

—No existe un plazo seguro que pueda darte.

Algunas personas recuperan determinados recuerdos en períodos cortos, otras recuperan fragmentos a lo largo de mucho tiempo y algunas conservan lagunas importantes.

El hecho de que todavía no hayas recuperado esos veinte meses no me permite afirmar que nunca lo harás.

Tampoco me permite prometer que lo harás.

Liam asintió, aunque ya conocía la respuesta.

—Entonces sigo esperando sin saber.

—Puedes seguir abierto a la posibilidad de recordar. Eso es distinto de esperar que cada experiencia produzca un recuerdo.

Él frunció el ceño.

—Parece una distinción pequeña.

—En la práctica, no lo es. —Eva entrelazó las manos sobre la mesa—.

Imagina que entras en el apartamento y, en lugar de simplemente estar en casa, observas cada habitación buscando alguna reacción.

Besas a alguien y parte de tu atención está evaluando si el beso ha desbloqueado algo.

Vives una situación íntima y, a la mañana siguiente, compruebas mentalmente si has recibido un recuerdo a cambio.

La experiencia actual deja de existir solo por lo que es y empieza a funcionar también como una prueba.

Liam guardó silencio.

Era exactamente lo que había hecho.

—¿Y eso es malo para la memoria?

—Mi principal preocupación no es esa. Es malo para el presente.

—Eva mantuvo el tono tranquilo—. Puedes pasar meses viviendo experiencias importantes y evaluándolas únicamente por lo que hayan conseguido recuperar.

Si una noche con Nico fue buena, no se vuelve menos real porque no te haya devuelto una noche antigua.

Si te gustó besarlo, eso no fue un fracaso porque no trajera de vuelta los besos anteriores.

Liam desvió la mirada hacia la ventana.

—Racionalmente, lo sé...

—Pero sigues esperando.

—Sí.

—Entonces quizá tengas que decidir qué quieres hacer con esa expectativa.

Liam volvió a mirarla.

—¿Cómo?

—No existe ningún procedimiento. Simplemente reconoce cuándo estás usando algo como prueba. No controlas el regreso de los recuerdos. Controlas, dentro de lo posible, si vas a permitir que su ausencia determine el valor de lo que estás viviendo ahora.

La frase permaneció con él durante el resto de la consulta.

Eva hizo otras preguntas, repitió indicaciones y recalcó que debía comunicar cualquier cambio significativo. No había ningún examen nuevo capaz de responder lo que Liam quería saber, ni ningún plazo oculto que ella estuviera evitando revelar.

Al salir de la consulta, sabía exactamente la misma cantidad de cosas sobre el futuro de su propia memoria.

La diferencia era que ya no podía fingir que eso no estaba interfiriendo en el presente.

◆◆◆

Nico llegó al apartamento aquella noche con comida para los dos. Liam le había mandado un mensaje diciendo que quería hablar, lo que probablemente explicaba la expresión cautelosa con la que entró.

—Antes que nada —dijo Nico, dejando la bolsa sobre la mesa—, cuando alguien manda «necesito hablar contigo», debería estar obligado a añadir al menos una clasificación de riesgo.

Liam cerró la puerta.

—¿Clasificación de riesgo?

—Bajo: conversación normal. Medio: hice algo irritante. Alto: siéntate y no toques la comida hasta que termine.

—¿Has pasado todo el trayecto pensando en eso?

—Casi todo.

—Entonces puedes comer. No es alto.

Nico lo miró.

—¿Medio?

—No has hecho nada. —Liam levantó las manos.

—Eso ha reducido muy poco mi ansiedad.

Liam casi sonrió.

—He ido a ver a Eva hoy.

La tensión de Nico disminuyó un poco.

—¿Cómo ha ido?

Se sentaron a la mesa, pero Liam no abrió los envases inmediatamente.

—La memoria sigue igual. Dijo lo que ya había dicho antes: no existe un plazo y no hay forma de saber cuánto va a volver, si va a volver o cuándo.

Nico asintió.

—Vale.

—Le hablé de nosotros.

Él levantó los ojos.

—¿Sobre qué exactamente?

—Sobre que sigo esperando que aparezca algún recuerdo cada vez que pasa algo.

Nico guardó silencio.

Liam apoyó los brazos sobre la mesa.

—Tengo que pedirte disculpas.

Su expresión se cerró de inmediato.

—Liam...

—No estoy pidiendo disculpas por no recordar. Antes de que empieces otro discurso.

Nico se recostó.

—Entonces continúa.

—He estado diciendo que quería crear cosas nuevas contigo y, al mismo tiempo, utilicé algunas como prueba sin admitirlo.

El apartamento. El beso. La noche que pasamos juntos.

—Liam hizo una pausa—. Quise todo aquello.

No estoy diciendo que lo hiciera para intentar recuperar recuerdos.

Pero una parte de mí esperaba que viniera algo más.

Nico apartó la mirada.

La reacción hizo que Liam prestara más atención.

—¿Lo sabías?

—No.

—Pero no pareces sorprendido.

Nico pasó el pulgar por el lateral del envase todavía cerrado.

—Porque yo también lo esperaba.

Liam no había previsto la respuesta.

—¿Después de aquella noche?

—Sobre todo después de aquella noche. —Nico respiró hondo—. Cuando despertaste y dijiste que no había vuelto nada, yo ya lo había pensado antes de que lo dijeras.

Liam recordó aquella mañana. Nico despertando, la cautela inmediata, el silencio después de oír que no había regresado ningún recuerdo.

—Te decepcionaste.

—Un poco.

—Y no dijiste nada.

—Tú tampoco lo dijiste hasta hoy.

El comentario no fue acusatorio.

Liam asintió.

—Justo.

Nico permaneció unos segundos pensando antes de continuar.

—Sé que he pasado todo este tiempo diciendo que no quería convertirlo todo en una prueba de memoria.

Y era verdad. Sigue siéndolo. Pero saber que no debía esperar no impidió que esperara.

—Bajó los ojos—. Creo que una parte de mí pensó que algo tan familiar quizá atravesaría el bloqueo.

La casa, mi cara, un beso, un contacto... cualquier cosa.

—Entonces los dos estábamos fingiendo un poco.

—No creo que fingiendo sea la palabra. —Nico volvió a mirarlo—. Tú querías estar conmigo. Yo quería estar contigo. Eso era real. La esperanza de que apareciera algún recuerdo también lo era. Una cosa no anula la otra.

Liam pensó en la conversación con Eva.

—Ella dijo algo parecido.

—Entonces por fin tengo respaldo médico.

—No te emociones.

Nico sonrió ligeramente.

Liam abrió uno de los envases, más porque necesitaba hacer algo con las manos que por hambre.

—No quiero seguir así.

Nico se puso atento.

—¿Así cómo?

—Midiendo lo que ocurre entre nosotros por lo que pueda volver. —Liam dejó la tapa sobre la mesa—. Si te beso y no recuerdo nada, el beso no ha fracasado. Si duermes aquí y despierto sin recuperar otra mañana, eso no debería restarle valor a la que acabamos de tener.

Nico tardó un poco en responder.

—Estoy de acuerdo.

—De verdad.

—De verdad. —Se pasó una mano por la nuca—. No prometo que nunca vaya a esperar nada. Pero puedo dejar de tratar esa esperanza como un objetivo.

—Yo también.

La decisión no produjo ninguna sensación grandiosa. No había forma de apagar la expectativa simplemente porque los dos hubieran hablado de ella. Liam sabía que probablemente volvería a pensar en eso. Nico también.

Pero ahora tenía nombre.

Podían darse cuenta cuando ocurriera.

Comieron después de aquello y la conversación pasó a otros temas durante un rato. Aun así, había otra cosa que Liam necesitaba resolver aquella noche. Esperó hasta que terminaron y llevó los envases a la cocina. Cuando volvió, Nico estaba recogiendo las servilletas.

—Todavía hay más.

Nico levantó los ojos.

—Entonces la clasificación de riesgo ha subido.

—Tal vez.

—Perfecto.

Liam fue al dormitorio.

El anillo seguía guardado desde que había salido del hospital. Lo había mirado algunas veces, pero no había vuelto a ponérselo. Cogió la pequeña caja donde lo había dejado y regresó al salón.

Nico vio el objeto en su mano y se quedó inmóvil.

Liam volvió a sentarse.

—Quiero preguntar por esto.

Nico ocupó la silla frente a él.

—Pregunta.

Liam abrió la caja y sacó el anillo.

—En el hospital me contaste lo básico sobre la propuesta. En casa, solo nosotros dos. Yo hice la pregunta.

—Sí.

—Quiero oírlo otra vez. Solo lo esencial.