Capítulo 9 #2
Nico se sentó a su lado, sin tocarlo.
—Está bien.
Liam soltó el aire.
—Es ridículo.
—¿Qué?
—Sé que ya he hecho todo esto contigo. Pero a veces parece nuevo y, de repente, algo resulta demasiado fácil. Entonces empiezo a pensar si mi cuerpo lo recuerda o si solo estoy inventando esa explicación porque sé que deberíamos tener intimidad.
Nico guardó silencio durante unos segundos.
—No sé la respuesta.
Liam lo miró.
—Pésimo rendimiento para alguien que supuestamente lo sabe todo.
—Intento mantener expectativas realistas.
La boca de Liam se curvó.
—Ha funcionado.
—Perfecto. Puedo añadir «alivio de crisis existenciales» al currículum.
Liam rio.
La tensión que tenía atrapada en el pecho disminuyó lo suficiente para que acercara la mano a la de Nico.
—Sigo queriendo continuar.
—Entonces continúa.
Liam arqueó una ceja.
—¿Yo?
Nico sonrió.
—Te estabas quejando de que yo sé demasiado. Me ha parecido justo dejar algunas decisiones en tus manos.
—Cobarde.
—Adaptable.
Liam le dio un empujón en el hombro.
Nico aprovechó el movimiento para cogerle la mano, y el beso que llegó después empezó con los dos riendo.
Eso fue lo que hizo que el resto resultara más fácil.
No hubo solemnidad. Ni sensación de que estuvieran repitiendo una escena importante que Liam debería reconocer.
Hubo nervios, un pequeño desastre cuando Liam casi tiró toda la sábana al suelo y Nico intentó impedirlo demasiado tarde, los dos riéndose mientras tenían que volver a arreglar la cama.
Hubo preguntas cuando fueron necesarias y silencio cuando no lo fueron.
Nico seguía lo que Liam mostraba ahora, y Liam se permitía cambiar de opinión sin pensar si aquella elección correspondía al hombre que había sido.
Cuando finalmente terminaron, Liam no buscó recuerdos.
Intentó no buscarlos.
Se concentró en Nico frente a él, en el cuidado que ya no parecía distancia, en la forma en que reaccionaba a cada iniciativa de Liam y en la confianza creciente de poder decir sí, no, más despacio o sigue sin que ninguna de esas respuestas fuera comparada con el pasado.
Hubo familiaridad.
Hubo novedad.
Y, por primera vez, Liam consiguió aceptar que ambas cosas podían existir juntas sin necesidad de descubrir cuál de las dos era más verdadera.
Después permanecieron tumbados en silencio.
Liam todavía sentía la respiración algo acelerada cuando se dio cuenta de que Nico estaba demasiado callado. No parecía físicamente incómodo. Miraba al techo, con una mano apoyada sobre su propio abdomen.
—¿Qué pasa?
Nico volvió el rostro.
—Nada malo.
—Estás raro.
—Esa descripción se está volviendo frecuente.
—Porque insistes en ponerte raro.
Nico soltó una pequeña risa, pero no respondió.
Liam se apoyó sobre un codo.
—¿Ha habido algún problema?
—No.
—Entonces habla.
Nico lo miró durante unos segundos.
—Ha estado bien.
—Tu expresión necesita mejorar mucho si pretendes convencer a alguien de eso.
—Ha estado muy bien. —Nico respiró hondo—. Y también ha sido difícil.
Liam no necesitaba preguntar por qué, pero quiso oírlo.
—Porque recuerdas las otras veces.
Nico asintió.
—Estaba aquí contigo ahora. No me pasé el tiempo comparándolo todo.
—Buscó las palabras antes de continuar—.
Pero es imposible no saber que, para ti, esta ha sido nuestra primera vez y, para mí, no.
Algunas cosas eran nuevas porque tú estás diferente, porque la situación es diferente, porque estamos haciendo esto de otra manera.
Al mismo tiempo, yo recordaba otras noches aquí.
Liam permaneció en silencio.
—Entonces vives las dos cosas al mismo tiempo.
Nico se giró un poco más hacia él.
—Creo que sí.
—Primera vez y recuerdo.
—Sí.
La respuesta hizo que Liam comprendiera una parte de la experiencia de Nico que todavía no había considerado por completo. Para Liam, cada avance creaba algo nuevo. Para Nico, la novedad siempre llegaba acompañada por la existencia de lo que ya había vivido.
—¿Eso hace que te arrepientas?
Nico respondió de inmediato.
—No.
—¿Hace que quieras irte?
La pregunta provocó un pequeño cambio en su expresión.
—¿Tú quieres que me vaya?
—No he preguntado eso.
Nico entendió.
—Me quedo si quieres que me quede.
Liam volvió a tumbarse.
—Quiero.
Nico tardó un segundo antes de acercarse. Se tumbó a su lado y Liam sintió su brazo rozando el suyo. Permanecieron así durante unos minutos antes de que Liam se girara y apoyara la cabeza contra su hombro.
Ninguna sensación de revelación acompañó el gesto.
Simplemente era cómodo.
—Si roncas, retiro la invitación —murmuró Liam.
—Ya sabes si ronco.
—No lo sé.
—Quería decir que lo sabías.
Liam levantó la cabeza.
Nico cerró los ojos.
—Eso ha salido mal.
—Me he dado cuenta.
—No ronco.
—Esa información puede comprobarse de forma independiente.
—Científicamente riguroso.
Liam volvió a acomodarse.
—Buenas noches, Nico.
La mano de él rozó suavemente su brazo.
—Buenas noches.
◆◆◆
Cuando Liam despertó, no entendió inmediatamente por qué había alguien a su lado.
La confusión duró poco.
Nico estaba de espaldas, todavía dormido, ocupando el otro lado de la cama. La luz de la mañana atravesaba la cortina y, durante unos segundos, la escena no pareció extraña.
Ni siquiera pareció nueva.
Liam permaneció inmóvil, observando la respiración tranquila de Nico y la camisa tirada en el suelo junto a la cama.
Algo dentro de él esperó.
Solo entonces se dio cuenta.
Esperaba una imagen.
Un recuerdo antiguo.
Quizá despertar junto a Nico en aquella misma cama debería abrir algo. Quizá la intimidad de la noche anterior, el olor, el tacto, la sensación de un cuerpo conocido produjeran lo que las fotografías, las conversaciones y el apartamento no habían conseguido producir.
Liam cerró los ojos.
Nada.
Buscó sin querer admitir que estaba buscando.
No encontró ni una sola mañana anterior.
Ninguna noche.
Ningún recuerdo de Nico tumbado en aquel lado.
La decepción apareció antes de que pudiera impedirlo. Era pequeña, pero estaba ahí.
Liam volvió a abrir los ojos.
Nico seguía durmiendo.
Durante toda la noche, Liam había insistido para sí mismo en que no estaba utilizando el sexo como un intento de recuperar alguna parte de la memoria. Y esa no había sido la razón para continuar.
Había querido a Nico.
Había querido aquella noche.
Había querido que se quedara.
Pero una parte de él todavía había esperado una recompensa.
Una señal de que se estaba acercando al pasado.
Darse cuenta dejó un sabor amargo.
Nico se movió y abrió los ojos despacio. Tardó unos segundos en despertarse por completo. Cuando miró a Liam, su expresión se volvió cautelosa casi en el mismo instante.
—Hola.
Liam vio la pregunta que todavía no había hecho.
—Hola.
Nico se apoyó sobre un codo.
—¿Todo bien?
Liam podría haber dicho que sí y terminar allí.
En lugar de eso, miró al techo durante un momento antes de volver a mirarlo.
—No ha vuelto nada.
Nico se quedó inmóvil.
No preguntó qué quería decir.
Lo entendió de inmediato.
—Lo sé —respondió en voz baja.
Liam se dio cuenta entonces de que Nico también había pensado en ello.
No continuó la conversación.
Todavía no.
No quería convertir aquella mañana en un análisis de la noche anterior. Ya habría tiempo para entender qué significaba haber esperado algún recuerdo y no haber recibido nada.
Volvió a mirar a Nico.
La decepción seguía existiendo.
Pero no quería que se marchara.
Esa certeza era mayor.
—¿Café?
La tensión en el rostro de Nico disminuyó un poco.
—¿Me estás invitando o preguntando dónde está?
Liam extendió una mano y le dio un pequeño empujón en el hombro.
—Ya sé dónde está.
Nico sonrió.
—Entonces acepto.
Liam salió de la cama y buscó la ropa que había dejado en el suelo.
Mientras caminaba hacia la cocina, una conclusión lo acompañó, demasiado incómoda para ignorarla.
Había pasado días diciendo que quería construir algo nuevo con Nico.
Pero, escondida debajo de cada beso, de cada contacto e incluso de la noche que había elegido vivir, todavía existía una parte de él esperando que el pasado regresara.