Capítulo 6
L iam estuvo a punto de cancelar la cena dos veces.
La primera fue durante la tarde, cuando se dio cuenta de que había pasado demasiado tiempo pensando qué ponerse para salir con un hombre que técnicamente ya lo había visto en situaciones mucho más íntimas.
La segunda fue pocos minutos antes de salir del apartamento, cuando cogió el móvil y se quedó mirando la conversación con Nico, intentando decidir si aquella cita era realmente una elección suya o solo otra consecuencia de los veinte meses que no recordaba.
Podía estar interesado porque Nico era interesante.
También podía estar interesado porque sabía que debía de tener motivos para estarlo.
La duda era irritante precisamente porque no había forma de ponerla a prueba sin seguir adelante.
Guardó el móvil en el bolsillo y salió. No permitiría que el miedo decidiera por él.
Nico ya estaba esperando cuando Liam llegó. El restaurante estaba en una calle tranquila, tenía pocas mesas y ningún detalle que provocara sensación alguna de familiaridad. Liam lo notó incluso antes de sentarse.
—¿Ya hemos venido aquí?
Nico apartó la silla frente a la suya.
—No.
—¿Seguro?
—Seguro. —Nico se acomodó y abrió la carta—. Lo elegí porque nunca habíamos venido.
Liam apoyó los antebrazos sobre la mesa.
—A propósito.
—Sí.
—¿Buscaste un restaurante al que nunca hubiéramos ido juntos solo para asegurarte de que no pasara toda la noche intentando descubrir si algo me resultaba familiar?
Nico levantó los ojos de la carta.
—Básicamente.
Liam no pudo evitar una pequeña sonrisa.
—Eso debe de haber sido trabajoso.
—No tanto. Solo eliminé los sitios a los que ya habíamos ido.
—¿Cuántos?
Nico vaciló.
—No voy a responder porque convertirás la cantidad en una estadística sobre nuestra relación.
—¿Yo haría eso?
—Lo harías.
—Entonces quizá sea mejor que siga sin recordar algunas cosas.
La expresión de Nico se abrió en una sonrisa auténtica y Liam se dio cuenta de que estaba más relajado que en la cafetería.
Allí no había ninguna lista, contratos ni proveedores.
Tampoco había una decisión práctica esperando al final de la conversación.
Habían elegido cenar juntos porque Liam había querido volver a verlo.
Después de pedir, la conversación retomó parte del terreno que habían empezado a recorrer en el encuentro anterior.
Nico habló más de su trabajo, se quejó de un proyecto que habían aplazado tres veces porque nadie conseguía decidir exactamente qué quería y admitió que había pasado buena parte de aquella mañana fingiendo prestar atención a una reunión mientras respondía mensajes de Daniel.
—Eso encaja muy poco con la imagen de adulto funcional que intentas vender —comentó Liam.
—Nunca intenté vender esa imagen. Tú lo diste por hecho.
—Cocinas, tienes un trabajo estable y, por lo visto, conseguiste sobrevivir casi dos años conmigo. Parecía una conclusión razonable.
—La tercera parte fue la más difícil.
Liam arqueó una ceja.
—¿Ya te sientes lo bastante cómodo como para insultarme?
—Me invitaste a conocerme «siendo yo». Estoy ofreciendo autenticidad.
—¿Tiene garantía de devolución?
—Ya pasó el plazo.
Llegó la comida. Liam notó que Nico no intentó sugerirle qué debía pedir, aunque había admitido en la cafetería que conocía sus antiguas preferencias.
Aquello reducía una tensión que Liam no se había dado cuenta de que llevaba encima.
Era agradable poder elegir algo banal sin pensar si estaba confirmando o contradiciendo al hombre que había sido.
La conversación continuó. A Nico le gustaba viajar, pero odiaba hacer itinerarios demasiado detallados. A Liam eso le pareció irritante.
—Entonces, ¿simplemente llegas a un lugar sin saber qué vas a hacer?
—No sin saber nada. Solo no necesito decidir que a las ocho y cuarto voy a visitar una plaza y a las nueve y cuarenta tomar café.
—Eso se llama organización.
—Eso se llama convertir las vacaciones en jornada laboral.
—¿Y perderte la mitad de las cosas porque no comprobaste los horarios de apertura cómo se llama?
Nico lo señaló con el tenedor.
—¿Ves? Este tipo de cosas.
—¿Qué tipo?
—Empiezas pareciendo razonable y cinco minutos después estás defendiendo una hoja de cálculo para las vacaciones.
—Las hojas de cálculo son eficientes.
—Hiciste una lista de cinco puntos para nuestra cita en la cafetería.
—Y resolvió todo.
—Por desgracia, ese argumento es sólido.
Liam sonrió. Cuanto más hablaba Nico, más fácil era encontrar cosas que le gustaban y otras que no.
Le gustaban su rapidez para bromear, la forma en que sostenía una discusión absurda sin convertirlo todo en una competición y la facilidad con la que admitía cuando no sabía algo.
No le gustaba su tendencia a pensar que planificar era una limitación innecesaria, ni la tranquilidad con la que describía llegar tarde a compromisos porque había vuelto a calcular mal el tráfico.
Descubrir defectos resultó inesperadamente reconfortante.
Desde que había despertado, Nico estaba rodeado de un conjunto de hechos que lo colocaban en una posición casi imposible: el hombre al que Liam había amado, con quien había elegido vivir y al que había pedido matrimonio.
Era fácil llenar los espacios desconocidos con alguna versión ideal.
Sentado frente a él, Nico empezaba por fin a parecer una persona real.
—Me estás analizando —dijo Nico.
—Estoy intentando decidir si llegar tarde de forma recurrente es un defecto de carácter.
—Creo que depende de cuántos minutos.
—No depende.
—Cinco minutos no cuentan.
—Claro que cuentan.
—¿Diez?
—Peor.
—Te has vuelto más rígido después del accidente.
Liam frunció el ceño.
Nico se dio cuenta de inmediato.
—Perdón. No quería comparar.
—Está bien.
—Debería haber dicho que sigues siendo rígido.
—Eso mejora muchísimo.
Nico rio.
Liam también.
La reacción de Nico cambió en el mismo instante. La sonrisa permaneció, pero algo en su rostro perdió ligereza. Se quedó mirando a Liam un segundo más de lo necesario y después bajó los ojos hacia el plato.
Liam dejó de reír.
—¿Qué pasa?
—Nada.
—Esa respuesta nunca significa nada.
Nico se pasó una mano por la nuca.
—Solo fue tu forma de reír.
—¿Qué tiene?
Vaciló antes de responder.
—La echaba de menos.
La frase llegó sin dramatismo, pero precisamente por eso golpeó a Liam con más fuerza.
—¿Que me riera?
—De esa manera. —Nico respiró hondo y apartó la mirada—. Perdón. No debería haber traído eso aquí.
Liam permaneció callado unos segundos. En encuentros anteriores probablemente habría sentido la necesidad de cambiar de tema. Esta vez, su reacción fue diferente.
—No tienes que disculparte cada vez que recuerdes algo.
Nico volvió a mirarlo.
—No quiero estropear la noche trayendo lo que existía antes.
—Recordarlo no estropea nada. El problema sería utilizar el recuerdo para decirme qué tengo que sentir. No has hecho eso.
—Aun así, a veces se me escapa.
—Va a seguir escapándose. —Liam apoyó las manos sobre la mesa—. Tú tienes casi dos años que yo no tengo. No sirve de nada fingir que eso ha desaparecido solo porque yo no lo recuerdo.
Nico asintió lentamente.
—Vale.
—Y yo todavía puedo reírme sin que tengas que disculparte después.
—Eso está bien porque estaba empezando a desarrollar una política bastante complicada sobre los chistes.
—Puedes mantener algunas restricciones.
—Ya has vuelto a ser desagradable.
La ligereza regresó poco a poco. Cuando terminaron de cenar, Liam se dio cuenta de que no había pasado toda la noche evaluando cada reacción en busca de señales de memoria.
Simplemente había hablado con Nico.
Salieron del restaurante y decidieron caminar un poco antes de volver. El dolor del accidente ya le permitía desplazarse con tranquilidad siempre que Liam no se excediera, y la noche era agradable. Caminar uno al lado del otro también hacía que algunas preguntas fueran más fáciles.
—¿Tuviste muchas relaciones antes de mí? —preguntó Liam.
Nico volvió el rostro hacia él.
—¿Estamos entrando en ese terreno?
—Es una pregunta normal en una cita.
—Técnicamente, no es nuestra primera cita.
—Para mí sí.
Nico lo aceptó con un movimiento de cabeza.
—Justo. Tuve algunas relaciones. Dos más serias.
Liam sintió una pequeña e inmediata molestia.
—¿Cuánto duraron?
—Una duró poco más de un año. La otra, unos meses.
—¿Y por qué terminaron?
Nico soltó una breve risa.
—Esto ya parece una entrevista de trabajo.
—Has respondido preguntas mucho más extrañas sobre mí en los últimos días.
—Es verdad. —Metió las manos en los bolsillos—. La más larga terminó porque queríamos cosas diferentes y tardamos demasiado en admitirlo. La otra simplemente no funcionó.
—¿Sigues hablando con ellos?
Nico lo miró de reojo.
—Con uno de ellos, muy de vez en cuando. Con el otro, no.
Liam se dio cuenta de que la información le molestaba más de lo que debería. No tenía sentido. Nico había tenido una vida antes de él. Liam probablemente sabía todo aquello antes del accidente y quizá ni siquiera le importaba.
Nico observó su expresión.
—¿Estás celoso?
—No.
—Esa respuesta ha salido demasiado rápido.
—Solo estoy procesando la información.
—Con una cara bastante específica.
Liam siguió caminando.
—Es objetivamente absurdo que sienta celos de los exnovios de un hombre que, según toda la documentación disponible, sigue siendo mi prometido.
—«Según toda la documentación disponible» ha sido especialmente romántico.
—No pretendía ser romántico.
—Menos mal.
Liam le lanzó una mirada irritada.
Nico sonrió.
—Para tu tranquilidad, ninguno de mis ex está esperando una oportunidad para una reconciliación dramática.
—No he preguntado.
—Pero has procesado intensamente la posibilidad.
—Estoy empezando a arrepentirme de esta cena.
—Mentira.
Liam abrió la boca para replicar y desistió. Nico tenía razón, lo que era peor.
El paseo terminó cerca del coche de Nico.
Él llevó a Liam de vuelta al edificio y, durante el trayecto, la conversación regresó a temas menos peligrosos.
Liam se dio cuenta de que ya no se preocupaba tanto por los silencios.
En algunos momentos ninguno de los dos hablaba y aquello no provocaba la necesidad inmediata de encontrar otra pregunta.
Cuando llegaron, Nico aparcó y acompañó a Liam hasta el ascensor. No entró simplemente porque viviera allí; esperó a que Liam hiciera un gesto indicando que podía acompañarlo. La actitud no pasó desapercibida.
Subieron juntos.
En el pasillo, Liam abrió la puerta, pero no entró de inmediato. Nico permaneció a pocos pasos.
—Entonces —dijo Nico, con las manos en los bolsillos—, supongo que esta es la parte en la que digo que me ha gustado la noche.
—Creo que normalmente funciona así.
—Me ha gustado la noche.
—A mí también.
Hubo una pausa.
Liam lo miró.
Nico sostuvo su mirada.
La distancia era lo bastante pequeña para que Liam percibiera con claridad lo que podría ocurrir si cualquiera de los dos avanzaba. El interés que llevaba intentando analizar desde la cafetería no parecía abstracto en aquel momento. Quería saber cómo sería besarlo.
No como un recuerdo.
Ni como una prueba.
Quería hacerlo porque Nico estaba frente a él y Liam había pasado las últimas horas disfrutando de su compañía.
Esperó.
Nico no se acercó.
Después de unos segundos, su expresión se suavizó.
—Buenas noches, Liam.
La frustración llegó tan rápido que Liam estuvo a punto de responder con brusquedad.
—Buenas noches.
Nico dio un paso atrás.
—Avísame si te duele más por haber caminado demasiado.
—¿Estás terminando una cita preguntándome por mis costillas?
—Estoy demostrando preocupación.
—Muy seductor.
Nico rio.
—Nunca dije que fuera bueno en esto.
—Evidentemente.
Nico pareció considerar una respuesta, pero simplemente levantó una mano a modo de despedida y se dirigió al ascensor.
Liam entró en el apartamento y cerró la puerta.
Se quedó unos segundos quieto en el recibidor.
—Cobarde —murmuró, sin saber exactamente si se refería a Nico o a sí mismo.
Fue al salón, dejó las llaves e intentó ignorar la irritación.
No pudo.
Nico había pasado toda la noche mostrando interés. Liam no se lo había imaginado. Había miradas, momentos en los que la conversación tardaba en continuar, una proximidad que no era solo consecuencia de que hubieran sido prometidos.
Aun así, Nico simplemente había dicho buenas noches.
Liam cogió el móvil.
Pensó unos segundos antes de escribir.
¿Siempre fuiste tan cuidadoso?
El mensaje fue visto casi de inmediato.
La respuesta tardó un poco.
No.
Liam siguió mirando la pantalla.
Los tres puntos volvieron a aparecer.
Tuve que aprender.
Lo leyó dos veces.
La irritación perdió fuerza.
Nico no se estaba alejando porque no quisiera a Liam. Se estaba alejando porque sabía demasiadas cosas sobre él, poseía demasiada intimidad con alguien que no recordaba haberle concedido ninguna.
Liam dejó el móvil sobre el sofá. La conclusión debería haber hecho que todo fuera más sencillo.
No lo hizo.
Porque ahora sabía con claridad que había querido que Nico lo besara.
Y, si había una próxima oportunidad, no dejaría que Nico fuera el único en decidir hasta dónde podían llegar los dos.