Las Naranjas Van en el Segundo Cajón Capítulo 4 #2
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Capítulo 4 #2

—Técnicamente. Pero yo no escribí ninguno de esos mensajes desde el punto en el que estoy ahora. —Cogió el móvil, pero no lo desbloqueó—. Si abro una conversación y encuentro una declaración de amor mía para Nico, sabré que la escribí. No recordaré haberlo sentido.

Maya asintió.

—Entonces no la leas.

—Necesito algunas informaciones prácticas.

—Eso es diferente.

Liam abrió primero el calendario.

Allí el problema apareció enseguida.

Compromisos que no reconocía. Reuniones de trabajo. Citas. Cumpleaños añadidos. Reservas. Algunas cosas estaban claramente relacionadas con la boda.

Encontró nombres de empresas que no conocía y citas programadas para semanas futuras.

—¿Esto es un proveedor?

Maya acercó la silla.

—Ese nombre parece de fotógrafo.

Liam lo buscó. Lo era.

Otra cita correspondía a una visita con una empresa de catering. También había un intercambio de correos electrónicos sobre el lugar, documentación y pagos ya realizados.

—De verdad estábamos organizándola.

—Te lo dije.

—Lo sé. Una cosa es oírlo. Otra es encontrar un correo mío discutiendo el número de invitados.

Maya miró la pantalla.

—Vas a tener que hablar con Nico de eso.

Liam soltó el aire.

—Lo sé.

No podían dejar contratos y reservas existiendo indefinidamente porque su memoria hubiera desaparecido. Incluso sin saber qué ocurriría entre los dos, había decisiones prácticas que debían tomarse.

Cerró el calendario.

—Creo que ya es suficiente por hoy.

—Estoy de acuerdo.

—Eso es preocupante. Has estado de acuerdo conmigo demasiado rápido.

—Estoy intentando crecer como persona.

Liam cerró el portátil.

—No exageres.

◆◆◆

Le mandó un mensaje a Nico a media tarde.

Tenemos que hablar de la boda y algunas cosas del apartamento. ¿Puede ser mañana?

La respuesta llegó poco después.

Sí. ¿Dónde prefieres?

Liam pensó en el apartamento y lo descartó. No quería que la conversación ocurriera rodeados de fotografías y objetos compartidos.

En algún lugar neutral. ¿Una cafetería?

Nico sugirió una que Liam no reconoció. Para asegurarse, Liam la buscó y descubrió que estaba lo bastante cerca como para que el desplazamiento no resultara difícil mientras todavía se recuperaba.

Acordaron la hora.

Al día siguiente, Liam llegó unos minutos antes.

Escogió una mesa apartada y colocó sobre ella una hoja doblada que había sacado del portátil. Durante la mañana había convertido los asuntos necesarios en una lista breve:

Proveedores.

Reservas.

Pagos.

Apartamento.

Compromiso.

Había añadido otras preguntas y borrado la mitad.

Cuando Nico entró, lo localizó enseguida. Liam percibió que reducía el paso al verlo, quizá todavía con la costumbre de decidir en cada encuentro hasta dónde podía acercarse.

—Hola.

—Hola —respondió Liam, indicándole la silla.

Nico se sentó, dejó el móvil sobre la mesa y miró la hoja.

La comisura de su boca se curvó por un instante.

Liam lo notó.

—¿Qué?

Nico apartó los ojos de la lista.

—Nada.

—Te has reído.

—No me he reído.

—Se está convirtiendo en una costumbre tuya argumentar técnicamente que no te has reído.

Nico finalmente sonrió.

—Es la lista.

—¿Qué le pasa?

—Eres muy tú.

La respuesta produjo menos incomodidad de la que Liam esperaba.

—¿Yo hacía listas?

—Hacías muchas listas.

—Eso parece una crítica.

—Es una observación. Hacías listas incluso para cosas que tenían tres puntos.

Liam miró la hoja.

—Esta tiene cinco.

—Progreso.

Tuvo que contener una sonrisa.

—¿Puedo continuar o quieres hacer un análisis más completo de mi método de organización?

—Continúa —dijo Nico, todavía sonriendo.

Liam giró la hoja hacia los dos.

—Encontré citas con un fotógrafo, un catering y un lugar que parece ser el espacio donde iba a celebrarse la boda.

—Sí.

—¿Hay algo más importante que no apareciera en el calendario?

Nico pensó.

—Algunas cosas estaban en negociación. Otras ya tenían una señal pagada. Tengo copia de los contratos.

—Entonces tenemos que suspender o cancelar.

La expresión de Nico cambió apenas un poco.

—Tenemos que hacerlo.

Liam percibió el peso de la palabra, pero continuó.

No estaba allí para decidir la relación. Simplemente no podía fingir que una boda seguiría celebrándose en la fecha prevista.

—No sé qué proveedores aceptarán un aplazamiento indefinido. Quizá algunos tengan penalización.

—Puedo ponerme en contacto con ellos.

—No quiero que lo hagas todo tú solo.

Nico lo miró.

—Tampoco estoy diciendo que tengas que resolver contratos mientras todavía te estás recuperando.

—Puedo mandar correos sentado.

—Eso es verdad.

Se repartieron los nombres. Nico conocía mejor a algunos proveedores y asumió esos contactos. Liam se quedó con los que ya estaban claramente identificados en el calendario y en los correos que había encontrado.

—Sobre el apartamento —continuó Liam—. No quiero cambiar nada ahora. Ni el contrato ni las facturas. Estoy quedándome allí y sé que legalmente sigues viviendo en el lugar.

—Vale.

—Si necesitas entrar a buscar algo, avísame. No hace falta que pidas permiso como si fueras un desconocido.

Nico permaneció en silencio unos segundos.

—Te avisaré.

Liam marcó el punto en la lista.

—Y creo que eso es todo.

Nico miró la hoja.

—Ahí pone «compromiso».

—Lo sé.

—¿Quieres hablar de eso ahora?

Liam pasó el pulgar por el borde del papel.

El anillo seguía guardado desde que había salido del hospital. No había conseguido volver a ponérselo.

—Quiero confirmar una cosa.

—Pregunta.

—¿Estás seguro de que fui yo quien te pidió matrimonio?

Nico lo miró un momento. Apareció una sonrisa muy pequeña.

—Liam, difícilmente olvidaría quién hizo la propuesta.

Él soltó el aire.

—Vale.

Nico parecía esperar la siguiente pregunta.

—Sigue siendo extraño —admitió.

—¿Qué?

—Saber que fui yo quien tomó la iniciativa.

Nico apoyó los brazos sobre la mesa.

—¿Por qué?

Liam pensó en la respuesta.

—Porque todo lo que he descubierto desde que desperté parece algo que me ocurrió. Perdí la memoria. Te descubrí a ti. Descubrí que mis padres lo saben. Descubrí que vivo en otro lugar. —Bajó los ojos hacia la lista—. La propuesta es diferente. Fue una decisión activa mía.

Nico permaneció callado.

—Tú compraste el anillo —dijo después—. Planeaste la noche. Hiciste la pregunta.

Liam asintió.

—Lo sé.

No había mucho más que añadir sin entrar en un terreno que todavía no estaba dispuesto a explorar.

Tachó el último punto de la lista. Listo. Se suponía que eso era todo. Una conversación práctica. Proveedores, apartamento, confirmación de algunos hechos. Ahora podía levantarse, dar las gracias y marcharse.

Liam dobló la hoja.

Nico cogió el móvil, pero no se levantó de inmediato.

—Si encuentras cualquier otra cosa relacionada con la boda, mándamela —dijo—. Sobre todo cobros o contratos.

—Te la mando.

Ninguno de los dos se movió. Liam se dio cuenta después de unos segundos.

La conversación había terminado. Aun así, no tenía ganas inmediatas de ponerle fin.

Hasta entonces, Nico había servido principalmente como una presencia vinculada a los veinte meses borrados.

El hombre que sabía dónde estaban los paños de cocina.

Que conocía su rutina. Que tenía un anillo igual al suyo.

Que podía responder preguntas para las que Liam ni siquiera sabía formular un contexto.

Pero ahora estaban sentados uno frente al otro sin ninguna lista que hubiera que resolver.

Liam miró a Nico. Seguía sin haber reconocimiento. Ningún recuerdo. Aun así, había curiosidad.

Una pregunta surgió antes de que pudiera decidir si debía hacerla. No estaba en la hoja. No ayudaría con contratos, calendarios ni líneas temporales. Tampoco produciría ninguna información objetiva que pudiera escribir junto a una fecha.

Quizá por eso parecía más difícil.

—Nico.

Él levantó los ojos.

Liam mantuvo los dedos sobre la hoja doblada.

—¿Todavía me amas?