Capítulo 4
A la mañana siguiente, Liam despertó con la decisión todavía intacta.
Seguir descubriendo su propia vida por casualidad estaba empeorándolo todo.
Una dirección aparecía en una conversación, un nombre surgía sin contexto, alguien decía que él solía hacer determinada cosa y, de repente, había otro fragmento de aquellos veinte meses que todos conocían menos él.
No necesitaba saber cada cena, viaje o discusión. Necesitaba una estructura.
Le mandó un mensaje a Maya incluso antes del café.
Necesito organizar los veinte meses. ¿Puedes venir aquí?
Ella respondió pocos minutos después.
Puedo. ¿Qué quieres hacer exactamente?
Una línea temporal. Solo los hechos principales.
La respuesta tardó un poco más.
Llego en una hora.
Cuando Maya apareció, Liam ya estaba sentado a la mesa con el portátil abierto, una taza de café al lado y cuatro líneas escritas en un documento vacío.
Conocí a Nico.
Se lo conté a la familia.
Me mudé de apartamento.
Me prometí.
Maya leyó por encima de su hombro antes de sentarse.
—Has convertido tu crisis de identidad en una hoja de cálculo.
—Documento de texto. Todavía no he llegado al nivel de la hoja de cálculo.
—Me tranquiliza saber que existe un límite.
Liam giró el portátil para dejarlo entre los dos.
—No quiero veinte meses detallados. Solo quiero saber cuándo ocurrieron estas cuatro cosas y qué sabes de verdad.
—¿«De verdad» en qué sentido?
—Cosas que viste o en las que participaste. No quiero «mamá me contó que dijiste», «Nico dijo que hicisteis» ni una reconstrucción colectiva de mi vida. Si estabas allí, me lo cuentas. Si no estabas, dices que no lo sabes.
Maya asintió despacio.
—Eso tiene sentido.
—Y si algo es demasiado complicado para resumirlo sin distorsionarlo, dilo también.
—Estás madurando rápido.
—Perder casi dos años ahorra tiempo.
Ella puso cara de desaprobación.
—Esa ha sido mala.
—Lo sé.
Liam volvió al documento.
—Primero: Nico.
Maya miró la pantalla.
—¿Quieres saber la fecha exacta?
—Si la sabes.
Cogió el móvil, consultó el calendario y algunas conversaciones antiguas sin darle el aparato. Liam lo prefirió así. No quería abrir una secuencia de mensajes y acabar leyendo cosas que todavía no había decidido si quería conocer.
Maya encontró el período aproximado.
—Fue poco después de la última época que recuerdas. Unas semanas.
Liam escribió.
—¿Lo conocí y te lo conté enseguida?
—No inmediatamente. Pero tampoco tardaste mucho.
—¿Cuándo conociste tú a Nico?
Maya le dio otra fecha aproximada.
—Llevabais saliendo unas semanas. Me invitaste a cenar y él estaba allí.
Liam dejó de escribir.
—¿Te lo presenté como mi novio?
—Técnicamente, no lo presentaste como tu novio. Pasaste unos quince minutos usando expresiones ridículas como «nos estamos conociendo» y «todavía no hemos definido nada», mientras Nico te miraba con una cara que dejaba bastante claro que habíais definido muchas cosas.
Liam levantó los ojos.
—¿Eso ocurrió de verdad o lo estás adornando?
—Yo estaba allí. Está permitido por la regla.
—Por desgracia.
Maya sonrió.
Liam volvió al documento y anotó solo lo esencial: Maya conoce a Nico — inicio de la relación.
—¿Te cayó bien?
Su hermana cruzó los brazos sobre la mesa.
—¿Eso importa?
—Estoy haciendo una línea temporal de mi vida y he descubierto que conociste a mi futuro marido antes que la mayor parte de la familia. Creo que puedo preguntar cuál fue tu primera impresión.
—Puedes. Solo que no creo que mi opinión deba servir para decirte qué deberías pensar de él ahora.
Liam se detuvo. Era una respuesta parecida a algo que diría Nico.
—Vale. Entonces reformulo: ¿te cayó bien en aquella época?
—Sí.
—¿Inmediatamente?
—No inmediatamente. —Maya inclinó la cabeza—. Me pareció simpático, pero estaba prestándote más atención a ti.
—¿Por qué?
—Porque hacía tiempo que no te veía tan interesado en alguien.
Liam sintió el impulso de preguntar cómo lo demostraba. Se contuvo. Aquello ya empezaba a salir del terreno de los hechos.
—Lo importante es que a ti te gustaba —continuó Maya—. Lo que yo pensara era secundario.
Liam escribió unas palabras más y pasó a la segunda línea.
Se lo conté a la familia.
Solo mirarla produjo una tensión conocida.
—Probablemente se lo conté primero a mamá.
—Sí.
—¿Y tú estabas allí?
—No.
Liam apartó las manos del teclado.
—Entonces, ¿qué sabes por experiencia directa?
Maya pensó.
—Sé que me llamaste después.
—¿Y qué dije?
—¿Quieres saber eso o solo quieres saber el resultado?
La pregunta lo hizo detenerse.
—El resultado.
—Ella lo supo. Seguisteis hablando. Después empezaste a ser más abierto con ella sobre tu vida.
Liam escribió despacio.
—¿Y mi padre?
—Después.
—¿Cuánto después?
Maya le dio el intervalo aproximado.
—¿Estabas allí?
—No en la conversación principal.
—Entonces no quiero que me cuentes la versión que oíste.
Maya asintió.
—Puedo decirte que fue más difícil porque vi lo que ocurrió en los días siguientes.
Los dedos de Liam permanecieron sobre el teclado.
—¿Hasta qué punto fue difícil?
—Liam.
—No te estoy pidiendo cada frase.
Ella respiró hondo.
—Hubo una discusión. Te enfadaste mucho. Nuestro padre también. Durante un tiempo hablasteis menos.
—¿Cuánto tiempo?
—Unas semanas en las que cualquier conversación entre vosotros parecía a punto de salir mal. Después fue mejorando poco a poco.
Liam pensó en la visita al hospital. Gabriel preguntando si Nico había dormido y comido. Aquella familiaridad seguía pareciendo imposible al colocarla junto a esa información.
—Y en algún momento conoció oficialmente a Nico.
—Sí.
—¿Estabas allí?
—La primera vez que Nico apareció en una reunión familiar sabiendo que todo el mundo ya lo sabía, sí.
Liam estuvo a punto de preguntar cómo había sido. Se detuvo antes.
—¿Alguna catástrofe?
—No.
—¿Mi padre habló con él?
—Sí.
—¿Con normalidad?
Maya hizo una pequeña mueca.
—«Con normalidad» quizá sea una palabra generosa para nuestro padre en cualquier situación social, pero sí. Hablaron.
Liam soltó una breve respiración.
—Y después Nico siguió apareciendo.
—Siguió.
—Comidas, cumpleaños, esas cosas.
—Esas cosas.
Él escribió.
Helena lo sabe. Después Gabriel lo sabe. Nico empieza a participar en reuniones familiares.
Se quedó mirando la frase.
—Esto sigue pareciendo inventado.
—Me lo imagino.
—La peor parte es que no parece una vida imposible. Simplemente no parece la mía.
Maya no respondió de inmediato.
—Quizá porque estás intentando mirar veinte meses de una sola vez.
—Precisamente por eso hice la lista.
Liam pasó a la tercera línea.
Me mudé de apartamento.
—¿Ayudaste con la mudanza?
—Sí.
—Por fin algo fácil.
—No estoy de acuerdo. Estuviste insoportable porque el camión llegó tarde.
—Eso sí me resulta más reconocible.
—Y discutiste con Nico por el orden en que debían subir las cajas.
Liam empezó a escribir y después se detuvo.
—Eso no entra.
—Cobarde.
—Hechos relevantes.
Maya sonrió.
—El hecho relevante es que decidisteis vivir juntos y elegisteis este apartamento. La mudanza ocurrió unos meses después de que empezarais a salir.
—¿Quién se mudó a casa de quién?
—Ninguno. Tú dejaste tu apartamento, él dejó el suyo y vinisteis aquí.
Liam miró a su alrededor.
Aquello explicaba por qué no había una capa evidente de «casa de Nico» sobre «casa de Liam». El lugar había sido elegido por los dos.
—Entonces no fue una decisión en la que yo simplemente me fui a vivir con él, ni él conmigo. Elegimos una casa nueva.
—Sí.
Liam anotó la información, manteniéndola breve.
Mudanza conjunta al apartamento actual.
El dormitorio, la cocina y la estantería del salón parecieron ligeramente diferentes después de eso. Seguían siendo desconocidos, pero al menos no eran el escenario de una vida en la que Liam simplemente había entrado. Él había elegido aquel lugar.
Seguía sin recordar haberlo elegido.
—¿Y entonces me prometí?
Maya lo miró.
—Sí.
—¿Cuánto tiempo después de la mudanza?
Ella respondió.
Liam calculó el tiempo entre los hitos.
—¿Fue rápido?
—¿Para ti?
—En términos objetivos.
—No creo. Ya llevabais bastante tiempo juntos.
—Yo hice la propuesta.
—¿Eso fue lo que te contó Nico?
—Sí.
—Entonces sí.
Liam apoyó los antebrazos sobre la mesa.
—¿Tú lo sabías antes?
—¿Lo de la propuesta? No.
—¿Él no te contó que pretendía pedirme matrimonio?
—Liam, tú se lo pediste a él.
—Cierto. —Se frotó la frente—. Todavía estoy intentando ajustar la dirección.
Maya rio.
—No, no me lo contaste antes. Me enteré después.
—¿Estabas allí?
—No.
—Entonces no sabes cómo ocurrió.
—Sé la versión que tú me contaste y probablemente la versión que Nico contó a otras personas, pero según tu propia regla eso no vale.
—Exactamente.
Maya señaló la pantalla.
—Entonces escribe: «Me prometí. Maya no estaba allí».
Liam lo escribió.
—Muy útil.
—La honestidad es un servicio poco valorado.
Se quedó mirando las cuatro líneas, ahora acompañadas por fechas aproximadas e información básica.
La vida desaparecida había adquirido cierta forma.
Conoció a Nico. Empezó a salir con él. Se lo contó a Helena. Se lo contó a Gabriel. Se mudó de apartamento con Nico. Empezó a incluirlo en la familia. Le pidió matrimonio.
Veinte meses seguían siendo enormes, pero al menos ya no eran un bloque completamente oscuro.
—Tienes miles de mensajes de esos meses —comentó Maya después de un rato—. Fotos también. Tu móvil está sincronizado.
Liam miró el aparato sobre la mesa.
Ya había pensado en ello.
Podía abrir la conversación con Nico y probablemente encontrar toda la relación registrada allí. Primera invitación. Primera discusión. Declaraciones. Planes. Fotografías. Quizá incluso la propuesta de matrimonio.
La idea le producía más incomodidad que curiosidad.
—No quiero hacer eso.
Maya arqueó las cejas.
—¿Nunca?
—No lo sé. Ahora no.
—¿Por qué?
Liam pensó antes de responder.
—Porque parece que estaría leyendo la correspondencia de otra persona.
—Es tu correspondencia.