Las Naranjas Van en el Segundo Cajón Capítulo 1 #2
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Capítulo 1 #2

Escuchar la fecha de boca de ella fue peor.

Eva era una doctora desconocida. Maya formaba parte de su vida desde que tenía memoria.

Liam repitió la fecha en voz baja y volvió a hacer la cuenta.

—Eso son casi dos años.

—Lo sé.

—No, tú lo sabes. Yo estoy intentando entenderlo.

Maya bajó la mirada durante un instante.

Liam estudió su rostro. Ahora que lo sabía, empezó a notar pequeñas diferencias que antes podría haber ignorado. El pelo. Una montura de gafas que nunca había visto. Quizá incluso la forma en que iba vestida.

—¿Cuántos años tienes?

Ella arqueó las cejas.

—¿Esa es tu prioridad?

—Maya.

—Veintisiete.

Liam sintió que el estómago se le encogía.

La última vez que recordaba haber felicitado a su hermana por su cumpleaños, ella tenía veinticinco.

—Bien.

—Liam...

—¿Qué pasó durante esos veinte meses?

Maya respiró hondo.

—Muchas cosas.

—Esa respuesta es horrible.

—Lo sé. Solo que no sé por dónde empezar.

Él guardó silencio durante unos segundos, intentando encontrar una pregunta lo bastante pequeña como para caber dentro de aquella situación.

—¿Estuve en coma?

La expresión de Maya cambió.

—No.

—¿Hospitalizado?

—Ahora sí. Antes del accidente, no.

—Entonces, ¿dónde estaba?

Ella pareció no entender.

—¿Cómo que dónde?

—Durante esos veinte meses. Si no recuerdo nada, ¿qué estaba haciendo?

Maya volvió a apretarle los dedos.

—Viviendo.

La respuesta golpeó a Liam de una forma que ninguna explicación médica había conseguido.

—¿Viviendo?

—Trabajaste, saliste, viajaste, te quejaste de un montón de cosas, me llamaste a horas inoportunas... —Maya intentó sonreír, pero la tentativa se deshizo a mitad de camino—. Viviste tu vida, Liam.

Él soltó su mano.

No por rechazo. Necesitaba espacio para pensar, aunque ni siquiera sabía qué hacer con él.

—Entonces estaba consciente.

—Sí.

—Funcionando con normalidad.

—Sí.

—Y ahora simplemente no recuerdo nada.

Maya no intentó llenar el silencio.

Liam miró sus propias manos. Había un pequeño vendaje cerca de la muñeca y una marca morada en el antebrazo. Eran manos que habían trabajado, tocado cosas, firmado documentos, quizá aprendido nuevos hábitos durante casi dos años. Nada en ellas parecía capaz de confirmarlo.

—Preferiría haber estado en coma —dijo antes de darse cuenta de la crueldad de la frase.

Maya no se ofendió.

—Entiendo lo que quieres decir.

—Si hubiera estado inconsciente, al menos no existiría toda una vida que debería recordar.

La puerta de la habitación se abrió.

Liam levantó la mirada esperando ver a Eva.

No era ella.

Un hombre estaba de pie en la entrada.

Debía de tener más o menos la edad de Liam, quizá un poco más. Llevaba una camiseta oscura arrugada y vaqueros, y parecía no haber dormido bien en varios días. Tenía el pelo desordenado, barba de pocos días y profundas ojeras bajo los ojos.

Aun así, su expresión cambió en el instante en que vio a Liam despierto.

Alivio.

Tan evidente que Liam lo percibió antes que cualquier otra cosa.

El hombre entró casi de inmediato, dando dos pasos rápidos hacia la cama. Entonces miró a Liam.

Se detuvo.

El cambio fue pequeño, pero absoluto.

Los hombros se le tensaron. La mano que había empezado a levantar cayó junto al cuerpo. El alivio permaneció en su rostro, ahora mezclado con otra cosa que Liam no consiguió identificar.

Maya lo miró.

No como miraría a un médico, a un enfermero o a un desconocido.

Lo conocía.

Muy bien, aparentemente.

Liam alternó la mirada entre ambos.

—¿Quién es?

Maya no respondió.

El hombre cerró los ojos durante un instante y respiró por la nariz antes de volver a mirarlo.

—Liam...

La familiaridad con la que pronunció su nombre hizo que aumentara la incomodidad.

—Perdona —dijo Liam—. ¿Se supone que debería conocerte?

El hombre guardó silencio.

Maya se levantó de la silla.

—Liam, este es Nico.

El nombre no provocó nada.

Ninguna imagen, voz o sensación.

Liam esperó unos segundos, buscando cualquier reconocimiento.

Nada.

—¿Nico qué?

La pregunta pareció golpear físicamente al hombre, aunque intentó ocultarlo.

—Nico Ferraz.

Nada otra vez.

Liam miró a Maya.

—¿Es alguien del trabajo?

—No —respondió ella.

—¿Amigo tuyo?

—Tampoco.

Nico apartó el rostro durante un instante.

Liam se puso más atento. Algo iba mal en aquella conversación. Maya estaba escogiendo cada palabra y Nico parecía esforzarse por permanecer en la habitación.

—La doctora dijo que mi hermana estaba aquí. ¿Ha venido alguien más de la familia?

—Tus padres están de camino —respondió Maya.

—Entonces, ¿por qué está él aquí?

Maya abrió la boca, pero Nico habló antes.

—Porque me llamaron cuando ocurrió el accidente.

Liam se volvió hacia él.

—¿Por qué?

Nico apretó la mandíbula.

—Porque soy tu contacto de emergencia.

Liam asimiló la información. Aquello al menos le ofrecía una categoría.

—De acuerdo. —Intentó reorganizar la situación—. Entonces, ¿somos amigos?

Nico no respondió.

Liam miró a Maya. Ella también guardaba silencio.

La incomodidad regresó de inmediato.

—¿Amigos cercanos?

Nico se pasó una mano por el rostro.

—Liam...

—Te lo pregunto porque, por lo visto, tú sabes quién soy y yo no tengo ni idea de quién eres. —Liam controló el tono cuando se dio cuenta de que empezaba a sonar agresivo—. No es nada personal. Solo necesito entenderlo.

—Lo sé —respondió Nico.

Su voz era baja.

Liam lo observó con más atención. Si eran amigos, algo en aquella reacción era exagerado.

Nico no parecía simplemente preocupado por alguien que había sufrido un accidente.

Parecía agotado de una forma íntima, y el cuidado con el que mantenía la distancia de la cama llamaba la atención precisamente porque, al entrar, su primer impulso había sido acercarse.

—¿Estabas conmigo en el coche?

—No.

—¿Fuiste tú quien recibió la llamada?

—Sí.

—¿Y viniste hasta aquí?

Nico asintió.

Liam se dio cuenta de que estaba volviendo al tipo de preguntas que Eva le había hecho. Pequeños datos en un intento de construir algo más grande.

No estaba funcionando.

—Maya.

Su hermana levantó la mirada.

—¿Qué?

—¿Por qué lo miras de esa manera?

Ella frunció el ceño.

—¿De qué manera?

—Como si estuvieras esperando que él responda algo que tú no quieres responder.

Maya respiró hondo.

—Porque creo que debe responderlo él.

Liam volvió a mirar a Nico.

El silencio se prolongó.

Nico parecía querer decir algo y no encontrar una forma aceptable de empezar.

Liam perdió la paciencia.

—¿Qué relación tenemos?

Nico cerró los ojos durante un segundo. Cuando volvió a abrirlos, había algo en su rostro que Liam no sabía nombrar.

—Liam...

—¿Quién eres?

Nico sostuvo su mirada.

—Soy tu prometido.