Las mentiras que nos contaron Capítulo 30
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Capítulo 30

D etrás del escenario, Bonnie condujo a Lena por un pasillo estrecho donde había percheros con ropa, atriles para las partituras, tramoyistas y participantes en el concurso de belleza nerviosas y ataviadas con sus vestidos de hojas de tabaco.

Cerca del final del pasillo, Bonnie la hizo pasar a un camerino y cerró la puerta tras ellas.

Cuando se dio la vuelta para mirar a Lena, tenía las mejillas ruborizadas y los ojos ansiosos.

—Supongo que la conozco de algo —dijo—. Pero me cuesta recordar quién es usted. ¿Cómo demonios sabe mi verdadero nombre? ¿Conocía a mi padre?

Lena asintió. Se le había formado un nudo enorme en la garganta.

—Yo cuidé de ti y de Jack Henry durante un tiempo cuando erais niños.

Bonnie arrugó la frente.

—¿Allí arriba en Wolfe Holler?

Lena volvió a asentir mientras luchaba contra el impulso de bombardearla a preguntas. Al mismo tiempo, se sentía aterrorizada por si no recibía respuestas. Si Bonnie no conseguía acordarse de quién era, ¿cómo iba a acordarse de Ella?

—Yo estaba allí cuando te caíste del henar de la granja de los McDaniel. Así fue como te hiciste la cicatriz de la mejilla. ¿Te acuerdas de eso?

Bonnie reflexionó un segundo. Entonces las cejas se le dispararon hacia arriba y le agarró las manos.

—¡Dios mío! ¿Lena?

Lena casi se desmaya de alivio.

—Sí —dijo—. Me hace tan feliz que te acuerdes de mí.

—Claro que me acuerdo de ti. Siento haber tardado un rato, pero han pasado muchos años. Nunca olvidaré cómo me cantaste la canción favorita de mi madre mientras la abuela Creed me cosía la herida.

—Y ahora eres una cantante famosa. Siempre dije que tenías una voz preciosa.

—¿Lo decías?

Lena asintió con una sonrisa débil pero auténtica.

—Todo el rato. Y tú siempre decías que tu madre te había enseñado a cantar. Espero que sepas lo orgullosa que se sentiría al verte sobre ese escenario.

A Bonnie se le empañaron los ojos.

—Yo también lo creo.

Lena alargó la mano para tocarle la cara con delicadeza.

—Después de que resultaras herida, yo te cambié las vendas y puse ungüento en la mejilla durante semanas. La cicatriz es casi imperceptible ahora, pero gracias a ella he estado segura de que eras tú.

—Pensé que todo eso lo había hecho la abuela Creed.

—No, fui yo —dijo Lena. Y entonces bajó la mirada, abrumada de pronto por la culpa y la vergüenza—. Siento no haberme esforzado más por protegerte.

Bonnie se echó a reír.

—No tienes nada por lo que disculparte. Fue culpa mía por no fijarme dónde pisaba en ese henar.

Lena levantó la vista. Las lágrimas le escocían en los ojos.

—No me refiero a eso. —Y aclaró—: Lamento no haber sido capaz de evitar que el sheriff y sus hombres os llevaran lejos de vuestro hogar.

Y Bonnie se puso seria, como si de repente se hubiese dado cuenta de que, después de todo, no tenía ni idea de quién era Lena.

—¿Llevarme? ¿De qué demonios estás hablando?

—¿No te acuerdas? Vinieron y os secuestraron a ti y a Jack Henry. Y esa horrible Miriam Sizer también les entregó a mi Ella.

Bonnie arrugó la frente mientras sacudía la cabeza.

—Recuerdo que me retorcía para escaparme del sheriff porque no nos queríamos ir, pero no nos secuestraron. Papá era un borracho. Se libró de nosotros para poder vender la casa y las tierras.

Lena le tomó las manos.

—¡Eso no es cierto! Declararon a tu padre incompetente y dijeron que no tenía los medios para cuidaros.

Dijeron que tenía que criaros una familia más adecuada.

Pero solo lo hicieron para que el estado pudiera robarle las tierras a tu familia y así constituir el parque.

¿No te acuerdas de que tu padre os ordenaba que os escondierais cuando venía el sheriff ?

—Recuerdo que nos decía que nos escondiéramos, pero eso era porque estaba destilando aguardiente y les debía dinero a ciertas personas.

—¿Quién te ha dicho eso?

—Todo el mundo. El sheriff . La gente del orfanato. La gente que me adoptó.

Lena sentía que la rabia se le acumulaba en la garganta.

—Todo eso es mentira. Vuestro padre quería que os ocultarais del sheriff porque sabía que alguien podría llevaros de su lado. ¡Él habría hecho cualquier cosa con tal de protegeros!

Los ojos de Bonnie se llenaron de lágrimas. Le temblaba la barbilla.

—¿Cómo… cómo lo sabes?

—Porque yo estaba allí. ¿No te acuerdas? Lo vi y lo oí todo. Yo estaba allí cuando vinieron a buscaros a ti y a Jack Henry y a… a Ella.

—Recuerdo que intentaste detenerlos, pero no pudiste hacer nada porque papá les había pedido que nos llevaran lejos. Y se llevaron a Ella por error, porque pensaron que era nuestra hermana.

Lena sacudía la cabeza con furia apenas contenida.

—Más mentiras. Se la llevaron con la excusa de que yo era deficiente mental y estaba viviendo en pecado con tu padre. Y porque no quise trabajar para el hombre que ayudó a que le quitaran las tierras a tu padre.

Bonnie tenía los ojos turbios de confusión y dolor.

—¿Estás segura de que no te confundiste y lo oíste mal?

—Claro que estoy segura. Sé exactamente lo que dijeron. Sé exactamente lo que pasó y lo que hicieron. También robaron a otros niños, no solo a vosotros. Se llevaron a los niños de los Corbin. Y metieron a Arlene y Dice Hoy en el manicomio del estado. Lo hicieron para poder quedarse con sus tierras.

Bonnie se acercó a una silla y se sentó.

—Cielo santo. Todo este tiempo…, nosotros creíamos que papá había dejado de querernos. —Dejó caer la cabeza mientras se enjugaba las mejillas—. Lo siento, pero necesito un momento.

Lena acercó un taburete y se sentó frente a ella.

—Tu padre nunca dejó de quererte, eso te lo prometo —afirmó—. Hizo todo lo que pudo para intentar encontraros. Os quería tanto que no quiso vivir sin vosotros.

Lena se sorbió las lágrimas y la miró.

—¿Qué estás diciendo?

—¿Te ha contado alguien lo que le pasó?

—Dijeron que el aguardiente lo mató.

—Eso no es cierto. Nunca lo vi beber mientras vivíamos en Wolfe Hollow. Pero se le rompió el corazón cuando vosotros os fuisteis. La pérdida de vuestra madre, perderos a ti y a Jack Henry, ver cómo quemaban su hogar hasta los cimientos… No pudo soportar tanta pena. Perdió toda esperanza.

—¿Fue entonces cuando se dio a la bebida? ¿Después de que nos perdiera?

—Sí, pero la bebida no fue lo que lo mató. No hay ningún otro modo de decírtelo: se pegó un tiro en la cabeza, Bonnie. Yo estaba delante cuando lo hizo.

Bonnie se tapó la boca con la mano. Tenía en los ojos toda la pena y el horror del mundo.

—Lo siento mucho. —Lena la abrazó mientras sollozaba—. Todo. Os merecíais algo mucho mejor. Me he preguntado todos los días desde entonces si no podría haber hecho algo diferente para evitar todo esto.

Tras unos instantes, Bonnie se retiró y se enjugó las lágrimas.

—No es culpa tuya. Esos malnacidos no tenían derecho a sacarnos de nuestro hogar.

—No, claro que no. ¿Estarás bien?

Bonnie asintió.

—Supongo que sí, con el tiempo, pero… odié a papá durante tantos años… Pensaba que había sido el culpable de que nos llevaran a ese orfanato espantoso de Lynchburg.

Lena sintió una presión en el pecho. Desde que reconoció a Bonnie, había querido preguntarle por Ella, pero, al mismo tiempo, le aterraba pronunciar las palabras.

Porque si Bonnie no tuviera ni idea de lo que le había pasado a Ella o de su paradero, Lena bien podría caerse muerta allí mismo.

No podría soportar volver a perderla, no cuando estaba tan cerca de encontrarla al fin.

—¿Os llevaron a ti y a Jack Henry a un orfanato de Lynchburg?

Bonnie asintió.

—Intenté escaparme, pero me castigaron obligándome a barrer los pasillos con una escoba a la que le habían añadido un bloque de madera de diez kilos.

Lena se clavó las uñas en las palmas de sus manos para encontrar el valor de hacerle la pregunta que le quemaba la garganta.

—¿Tienes alguna idea de lo que le pasó a Ella? —inquirió con voz débil y ronca.

Bonnie volvió a asentir.

—También estuvo en el orfanato. Al menos, eso fue lo que me dijeron.

Lena notó que un terror ardiente se le extendía por la nuca. Bonnie no tenía ni idea de dónde estaba Ella.

—¿A qué te refieres con que eso fue lo que te dijeron? ¿No la viste mientras estuviste allí?

—No. Las enfermeras de la Colonia me dijeron que Jack Henry estaba en el pabellón de los niños y Ella en el de los bebés.

Lena retrocedió espantada.

—¿La Colonia? Pensaba que estuvisteis en un orfanato.

—Era un orfanato.

Lena cerró los ojos mientras intentaba no ahogarse con el nudo que le subía por la garganta.

La Colonia de Virginia consistía en más de un edificio; lo había visto cuando llegó y cuando la liberaron.

Pero siempre había supuesto que estaba poblado de gente a la que consideraban deficiente mental o epiléptica.

Nunca se imaginó que uno de los edificios pudiera albergar un orfanato ni que hubiera bebés allí.

Se le encogió el corazón en el pecho. ¿Había estado en la misma institución que su hija todo ese tiempo?

¿Su hijita había estado solo a unos metros de distancia, a unos edificios de distancia?

Imaginarse a Ella en ese lugar de pesadilla era casi más de lo que podía soportar.

La cabeza le daba vueltas. La sacudió para intentar aclararse.

No, no podía ser cierto. Lo habría sabido, habría sentido que su hija estaba cerca.

Alguien tenía que haberle mentido a Bonnie acerca del paradero de Jack Henry y de Ella.

Pero ¿por qué? Respiró hondo y se esforzó por recobrar la compostura.

—¿Solo había niñas en tu pabellón?

Bonnie asintió.

—Algunas más pequeñas que yo y otras mayores.

—¿Cuánto tiempo estuviste allí?

—Tres meses y nueve días, hasta que me enviaron a vivir con mis padres adoptivos.

Lena intentó procesar esa información nueva. Si a Bonnie la adoptaron mientras estaba en la Colonia, debía de haber un orfanato allí después de todo.

—¿Qué pasó con Jack Henry y con Ella? ¿Sabes cuánto tiempo estuvieron allí?

—Solo un par de semanas. Yo tuve que quedarme más tiempo porque tardé en recuperarme de la operación. Dijeron que perdí la cabeza por un tiempo.