Las mentiras que nos contaron Capítulo 15 #6
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Capítulo 15 #6

A Bonnie se le caían las lágrimas y, por un instante, Lena pensó que estaba demasiado consternada y dolorida como para intentarlo. Pero entonces, con voz débil y temblorosa, dijo—: «Le pregunté si me amaba».

A Lena se le había olvidado la melodía de la canción, pero cantó el verso de todos modos.

—«Le pregunté si me amaba».

La abuela Creed le clavó la aguja a Bonnie en la mejilla y la niña gritó. Lena le apretó las manos con más fuerza.

—Dime más.

Bonnie hizo una mueca con los ojos muy apretados y, sin apenas mover los labios, dijo:

—«Ella dijo que me amaba un poco».

—«Ella dijo que me amaba un poco».

La abuela Creed volvió a introducir la aguja.

Bonnie sollozó y, entre jadeos, dijo:

—«La rodeé con mis brazos como una parra abraza a un árbol».

Desafinando adrede, Lena cantó el verso.

La abuela Creed trabajaba deprisa para terminar la costura.

—Sigue, Bonnie —dijo Lena.

—«Cindy en verano» —masculló Bonnie con labios temblorosos—. «Cindy en otoño».

Lena repitió el verso.

Otro punto.

Bonnie volvió a gritar antes de hablar.

—«Si no consigo a Cindy, nunca me casaré».

—Ya casi estamos —dijo la abuela Creed.

Lena terminó la canción con un tono agudo y fingió reírse.

—Te dije que tenía una voz horrible.

La abuela Creed amarró el último punto:

—Creo que ya está.

Lena le dio otro fuerte apretón en las manos a Bonnie.

—Se acabó. Sabía que podías hacerlo.

—Dame el bálsamo —le pidió la abuela Creed a Teensy.

Teensy le ofreció una lata llena con una sustancia marrón y pegajosa. La abuela Creed tomó una buena porción con una pasada de los dedos, la dejó sobre la mejilla de Bonnie y apretó otro trapo limpio y doblado contra la herida. Bonnie estaba agotada. La abuela Creed miró a Silas.

—Ese diente ha evitado que el gancho atravesara la mandíbula por completo. Se le curará, pero tardará bastante. Mantén la herida tapada durante varios días y luego déjala al aire. Y que tome mucho caldo y té de sasafrás. No va a poder masticar durante un tiempo.

Silas asintió.

—Ya puedes sentarte —le dijo la abuela Creed a Bonnie mientras seguía sujetándole el trapo contra la mejilla. Silas y Lena la ayudaron a levantarse y se quedaron junto a ella para sostenerla. La abuela Creed volvió a mirar a Teensy—. Vamos a necesitar algo para sujetar el vendaje.

Teensy le tendió un puñado de tiras de tela.

—He traído algo del material de las colchas.

La abuela Creed le pidió a Lena que sostuviera el vendaje sobre la mejilla de Bonnie.

Tomó las tiras, las ató para formar una larga y comenzó a vendarla.

Dio vueltas y vueltas, arriba y abajo, rodeándole la cabeza y la barbilla.

Cuando la tela estuvo atada en la coronilla, Lena sacó la mano de debajo del vendaje improvisado.

La abuela Creed se sentó sobre los talones y miró a Bonnie.

—¿Cómo te sientes? ¿Ya te ha hecho efecto el aguardiente?

Bonnie asintió con ojos menos aterrorizados. El rostro manchado de sangre parecía un pudín grumoso debajo de las vendas.

La abuela Creed volvió a levantar la jarra de aguardiente.

—Toma otro trago. Vas a necesitarlo.

Bonnie dio un trago largo, hizo una mueca, tragó y se llevó los dedos temblorosos a los labios.

—Bien hecho —aprobó la abuela Creed. Se limpió las manos con otro trapo antes de volver a dirigirse a Silas—.

Dale más aguardiente cuando llegues a casa.

Cámbiale las vendas cada cuatro días a partir de pasado mañana y llámame si te parece que algo no va bien.

Pero los niños se curan con rapidez, de modo que estará como nueva antes de que te des cuenta.

Los puntos se pueden retirar al cabo de dos semanas.

Si necesitas que vaya y lo haga, dímelo ahora.

—Creo que podré encargarme —dijo Silas—. Le estoy muy agradecido, abuela Creed.

—No hace falta que me des las gracias. Solo hago el trabajo que me encomendó el buen Dios al ponerme sobre la tierra. —Se apoyó una mano sobre una rodilla y se levantó—. Supongo que más te vale buscar a alguien que os lleve a casa. La niña no está en condiciones de caminar.

—Puedo llevarla en brazos. No está lejos.

Virgilio salió de entre la multitud con el sombrero entre sus manos.

—Yo puedo llevaros —dijo—. Tengo el carromato justo ahí delante.

—Bien puedes tragarte tu orgullo y permitir que Virgilio también te dé aguardiente —le aconsejó la abuela Creed—. Tu niña va a necesitarlo.

Silas le dedicó una rápida inclinación de cabeza a modo de agradecimiento y ayudó a Bonnie a levantarse.

Lena se levantó y escudriñó la multitud en busca de Jack Henry y Ella.

Teensy le dio un trapo limpio para que se limpiara la sangre de las manos y luego le dio una palmadita en el hombro.

—Lo has hecho muy bien. Bonnie y Jack Henry tienen suerte de tenerte.

—Gracias.

Jack Henry apareció con Ella en brazos y se quedó mirando a su ensangrentada hermana con ojos preocupados.

Lena tomó a Ella y le dijo:

—No te preocupes. Bonnie es fuerte. Va a ponerse bien.

Jack Henry asintió, pero no parecía convencido.

Bonnie se tomó un momento para mantener el equilibrio, se tocó con cuidado el vendaje de la mejilla y miró a la multitud.

Durante un momento, Lena no tuvo ni idea de si iba a llorar, a decir algo o a darse media vuelta por la vergüenza.

Pero entonces, para asombro de Lena, Bonnie la abrazó y estalló en sollozos.

Lena le devolvió el abrazo, sobrecogida de emoción.

Incluso Ella alargó los bracitos para darle palmaditas a Bonnie en la cabeza.

—Oh, mein Liebling —dijo Lena—. Vas a ponerte bien. Tu padre y yo nos aseguraremos de eso.

Entonces miró a Silas. Las miraba fijamente con expresión extraña. Era difícil saber si se sentía herido o enfadado.