Capítulo 12 #3
Lena miró a Bonnie con los ojos como platos, con la esperanza de que se mantuviera callada en adelante, pero estaba demasiado ocupada observando a Penélope como si quisiera estrangularla.
—Cállate, Bonnie —le susurró Jack Henry.
Penélope había fruncido el rostro con desaprobación.
—Ya veo. —Con los labios muy apretados, escribió algo en su carpeta antes de examinar a Lena con mirada suspicaz—. He notado que tiene usted un acento interesante. ¿Puedo preguntar dónde nació y cuánto tiempo lleva en los Estados Unidos?
Aunque no quería responder, Lena estaba deseando que Penélope se marchase. Y parecía que la única forma de conseguir que lo hiciese era cooperando.
—Nací en Italia, pero me crie en Alemania. He llegado a los Estados Unidos este año.
Penélope se alarmó, se le vio en los ojos.
—¿Es consciente de que algunos italianos están mezclados con negros que fueron esclavos?
Eso significa que es posible que usted tenga trazas de sangre negra.
Y la representación falsa premeditada de su raza es un delito grave en este estado, lo que significa que ha violado la Ley de Integridad Racial al casarse con un hombre blanco.
Por favor, dígame el nombre del funcionario que tramitó su licencia de matrimonio.
—No estoy casada.
—Pero ¿está viviendo en estas instalaciones?
—No sé qué significa «instalaciones» —dijo Lena.
—¿Viven usted y su hija en esta propiedad con estos niños y con su padre? —Tenía en la voz un matiz de irritación.
— Ja. Quiero decir, sí.
—Entonces admite que está viviendo en pecado.
—¡Jesús, María y José! —se asustó Bonnie—. No es nada de eso. Ella es de la familia y nos está ayudando.
Penélope abrió los ojos mucho más y una expresión horrorizada se le extendió por el rostro.
—Si son familia, entonces están cometiendo incesto. —Escupió las palabras como si fueran veneno.
—Tampoco sé qué significa esa palabra —dijo Lena—. Pero no he hecho nada malo.
—Oiga, sabemos que aquí arriba se dan matrimonios endógamos entre miembros de la misma familia.
De hecho, seis familias que viven en Rock Creek Hollow se llaman Corbin o Nicholson.
Sus antepasados han vivido en estas montañas desde el fin de la Revolución y sus descendientes se han casado entre ellos.
Se han relacionado muy poco con el resto del mundo desde entonces y todos los adultos son primos.
De modo que si usted está manteniendo relaciones…
—Miró nerviosa en dirección a Bonnie y a Jack Henry antes de bajar la voz—.
Si está manteniendo relaciones sexuales con el señor Wolfe, cualquier criatura que sea fruto de su relación tendrá, con toda seguridad, alguna deformidad física o algún retraso mental.
Lena se quedó mirando a la mujer boquiabierta. ¿Cómo podía decir tal cosa?
—Nosotros no… No estoy manteniendo relaciones con el señor Wolfe.
Penélope volvió a examinar a Ella. Su sonrisa dulce cambió a algo que parecía asco.
—Entonces, ¿quién es el padre de esta niña?
Lena sintió que le crecían a la vez en el pecho rabia y un temor tembloroso.
—Eso no importa.
—Me temo que se equivoca. Si su hija nació fuera del matrimonio o, aún peor, como resultado del incesto, es probable que sufra alguna, si no muchas, aberraciones. Tendré que enviar a alguien para que suba aquí a evaluarla. Es muy posible que también tengamos que evaluarla a usted.
Lena contuvo un grito.
—Su padre está muerto —zanjó—. Y ya ha acabado con sus preguntas. Por favor, márchese.
—Lo siento, pero no… —comenzó a decir Penélope.
Lena señaló la puerta.
—¡Fuera! —gritó.
—¡Ya la ha oído! —gritó a su vez Bonnie—. ¡Fuera!
Jack Henry fue a por una horca y la sujetó como si fuera un ariete, con las puntas afiladas apuntando a Penélope.
—¡Saque su culo flaco y apestoso de nuestro establo!
Penélope soltó una exclamación y se llevó la mano al pecho.
Entonces se dio la vuelta y corrió hacia la puerta lateral mientras miraba por encima del hombro para asegurarse de que no la perseguían.
Tropezó en el umbral y casi se cayó, pero recuperó el equilibrio y desapareció al doblar la esquina.
Lena, Bonnie y Jack Henry la siguieron fuera del establo para asegurarse de que se iba.
Jack Henry seguía sujetando la horca. A medio camino colina abajo, Penélope dejó caer la carpeta, se detuvo para recogerla y los miró con el rostro desencajado y el cabello despeinado.
Corrió el resto del camino hasta su vehículo.
Lena miró a Bonnie y a Jack Henry. Las lágrimas le escocían en los ojos.
—Lo siento. Teníais razón. No debería haber hablado con ella. Hubiese sido mejor pedirle que se fuera.
—Decir que lo sientes ahora es tan inútil como ponerle un sombrero a un burro —le espetó Bonnie. Entonces se marchó furiosa hacia la casa balanceando los brazos con fuerza.
—No te preocupes demasiado —dijo Jack Henry—. Se calmará dentro de un rato.
Lena le dedicó una sonrisa débil, agradecida por que estuviera intentando hacer que se sintiera mejor. Pero si Penélope enviaba a alguien para que se llevara a Ella, la furia de Bonnie sería la menor de sus preocupaciones.