Capítulo 12 #2
—Aquí no se ha perdido nadie —intervino Bonnie—. Así que ya puede largarse.
Sin prestarle atención a Bonnie, Penélope rio con indiferencia mientras enfocaba toda su atención en Lena.
—Claro que no se ha perdido nadie. Verán, la tribu perdida es una raza mixta resultado de los matrimonios interraciales de los indios o los negros con personas de raza blanca.
Y algunos de sus descendientes mestizos viven en estas montañas, lo cual debería preocuparles, porque a menudo son vagos y analfabetos, por no mencionar que son promiscuos, feos y nada inteligentes.
Con frecuencia presentan defectos mentales y llegan a ser retrasados.
Un estudio reciente demostró que de estas personas, por culpa de sus genes defectuosos, surgen cientos de receptores de prestaciones sociales, delincuentes y prostitutas, y eso obliga al estado de Virginia a gastarse millones de dólares cada año, de modo que ya puede imaginarse cuán importante es nuestro trabajo.
Es crucial que hagamos notar todas las incompetencias sociales graves.
Y ahora, si no le importa, me gustaría hacerle unas preguntas.
A pesar de su incapacidad para entender todo lo que había dicho Penélope, Lena reconoció las palabras «defectos mentales». Y eso fue suficiente. Abrazó a Ella con más fuerza y miró nerviosa a Bonnie y a Jack Henry.
—No quiero contestar a ninguna pregunta.
—Esto es una gilipollez —insistió Bonnie, que miraba a Penélope con el ceño fruncido—. No tiene derecho a estar aquí. Y desde luego que no tiene que hacernos ninguna pregunta. Mi padre está de camino a casa, de modo que, si yo fuera usted, me largaría.
Con una sonrisa condescendiente, Penélope la miró.
—Bueno, me dirigía hacia la casa cuando vi a este jovencito encantador entrar en el establo. —Señaló a Jack Henry con la cabeza—. De modo que pensé que podía hablar con él primero. ¿Es tu hermano?
—Tampoco tiene necesidad de saber eso —dijo Bonnie—. Ahora cierre el pico y lárguese.
—Vaya, vaya, eres toda una polvorilla —observó Penélope—. A tu hermano no le ha importado hablar conmigo.
Bonnie fulminó a Jack Henry con la mirada.
—¿Qué le has dicho? Ya sabes que papá no quiere que hablemos con extraños. Te va a dar una paliza cuando se lo cuente.
—¡No le he dicho nada! —se defendió Jack Henry—. Le dije que no iba a hablar con ella y que se largara.
—Es cierto —confirmó Penélope, que seguía mirándolos divertida—.
Ni siquiera me quería decir su nombre. Pero no pasa nada.
Según mis registros, esta es la casa de Silas Wolfe.
—De repente volvió a mostrarse seria. Sacó una estilográfica y una carpeta del bolso—.
Y ahora, si no les importa, esto solo me llevará unos minutos.
—No vamos a contestar ninguna de sus malditas preguntas —repitió Bonnie. Con un gesto de la mano, le indicó a Jack Henry que se acercara a ella—. Vamos. Salgamos de aquí. Papá no tiene que enterarse de que ella ha estado aquí.
Penélope miró a Lena con la pluma levitando sobre la carpeta.
—Solo para que lo sepan, será más fácil para todo el mundo que cooperen.
De otro modo, la universidad enviará al señor Eastbrook aquí arriba para hablar con ustedes y él no es, ni de lejos, tan agradable como yo.
Y ahora, por favor, dígame, ¿cuántos niños viven en esta casa? ¿Son solo estos tres o hay alguno más?
Lena miró a Bonnie y a Jack Henry mientras decidía qué hacer.
Si le contaban a Silas que había hablado con esa mujer, volvería a enfurecerse y quizá su furia lo animaría a echarla de la casa esa vez.
¿Qué le había dicho?, que estaría fuera de allí en menos que cantaba un gallo, ¿no?
Pero, claro, si el hombre de la universidad que Penélope había mencionado se presentaba allí, sería peor.
Tal vez la mujer se marchase si Lena hacía lo que le pedía.
—Solo son estos tres niños.
—¿Y qué puede contarme sobre su historia familiar? —continuó la mujer—. ¿Sabe si algún miembro de su linaje no es de raza blanca?
—No… no lo sé —vaciló Lena.
—No tienes que contestarle —dijo Bonnie—. Se ha metido en una propiedad privada.
Penélope puso los ojos en blanco y volvió a dirigirse a Bonnie:
—Escúchame bien. No hace falta que te pongas tan nerviosa. Solo haré algunas preguntas más y me iré. —Volvió a dirigirse a Lena—. También necesito datos sobre su salud y la salud de estos niños. Y de su padre, claro.
Lena vaciló. ¿Para qué tenía que saber esa mujer cosas sobre su salud?
—Todos estamos sanos.
Bonnie se la quedó mirando. Había empalidecido y la rabia le contorsionaba las facciones.
—Más te vale dejar de hablar o se lo diré a papá, y entonces no sabemos qué hará él.
Penélope alzó las cejas y miró a Lena con preocupación.
—¿No se siente a salvo aquí?
—No es eso —dijo Lena—. Estoy bien. Es solo que…
—Es solo que mi papá tiene un rifle y no le da miedo usarlo, sobre todo con los extraños —afirmó Jack Henry—. Y a mí tampoco.
Penélope le lanzó una mirada severa.
—No estoy hablando contigo ahora mismo, jovencito. Estoy hablando con tu madre.
—Vaya estupidez. Nuestra madre está muerta —afirmó Bonnie con los ojos encendidos de rabia.
Lena se encogió por dentro. Ahora la mujer les haría incluso más preguntas.
—Cielos —se sorprendió Penélope—. Lo siento mucho. ¿Qué le pasó?
—No tiene por qué saberlo —dijo Bonnie.
—¿Estaba enferma? —preguntó Penélope.
—No —aclaró Lena—. Murió al dar a luz.
—Maldita sea —se lamentó Bonnie—. ¿Por qué se lo has dicho?
—Entonces, ¿usted es la segunda esposa? —dijo Penélope, quien seguía sin hacerle ningún caso a Bonnie.
Lena apretó los dientes. Quizá tendría que haber dejado que Bonnie y Jack Henry echaran a esa mujer. Dio un paso atrás.
—No debería estar hablando con usted.
—Le prometo que todo es de lo más correcto —insistió Penélope—. Solo estoy aquí para ayudar. Tiene mi palabra de que mis intenciones son honorables. Ahora bien, ¿qué puede contarme sobre la madre de los niños? ¿Era blanca?
—¿Qué clase de pregunta idiota es esa? —se indignó Bonnie.
A regañadientes, Lena asintió.
Penélope escribió algo en su carpeta antes de sonreírle a Ella, quien la miraba cansada mientras Lena la acunaba entre los brazos.
—Qué lástima que esta niñita preciosa no haya conocido a su madre.
—Es usted más tonta que una mata de habas —dijo Bonnie—. Esta de aquí es su madre—. Señaló a Lena con el pulgar.