Las mentiras que nos contaron Capítulo 9 #2
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Capítulo 9 #2

Sobresaltada y confusa, Lena la siguió entre los árboles apartando ramas y arbustos. A varios metros de la carretera, se agacharon detrás de un peñasco cubierto de líquenes, con Ella de pie entre las dos. Lena le sujetaba las manos para que se mantuviera quieta.

Bonnie se llevó un dedo a los labios.

—Calla —le dijo a Ella.

—¿Quién es? —susurró Lena.

Bonnie se encogió de hombros y la arruga de preocupación que le marcaba la frente se volvió más profunda.

Cuando el carromato se acercó más, echó un vistazo por un lado del peñasco.

Se movía tan despacio y tan silenciosa como un gato que estuviera cazando.

Entonces, para mayor asombro de Lena, se incorporó de repente y salió de detrás del peñasco.

—¡Hola, Virgilio! —llamó—. Hace siglos que no te veo. —Avanzó hacia la carretera—. ¿Cómo te va?

Lena se enderezó, aupó a Ella y siguió a Bonnie fuera del bosque. Al parecer no era el sheriff y, con suerte, Bonnie sabría si era seguro hablar con quien estuviese en el carromato.

En la carretera, el caballo y la carreta se detuvieron levantando nubes finas de polvo.

Las cajas de madera apiladas en la parte de atrás se movieron un poco y sonó el tintineo de cristal contra cristal.

Virgilio se revolvió en el asiento del conductor, se sacó una pipa de maíz de la boca y clavó en ellas su mirada de lentes redondas.

—¿Qué demonios hacéis ahí en el bosque? —preguntó.

—No estaba segura de quién se acercaba —le explicó Bonnie—. Vamos de camino al molino.

—Supongo que más vale prevenir que curar —admitió Virgilio—. Pero tú sabes que el sheriff Dixon no conduce una carreta. Ahora tiene un furgón policial. ¿Dónde está Jack Henry?

—Está en casa, haciendo las faenas de la granja, porque papá está trabajando en el aserradero.

—¿Está trabajando más horas?

—Lo intenta.

Virgilio miró a Lena y a Ella.

—¿Y quiénes son estas dos preciosidades?

—Estas son Lena y Ella —las presentó Bonnie—. Lena nos va a ayudar en casa de ahora en adelante.

—Me alegro —repuso Virgilio—. Ya era hora de que vuestro padre consiguiera ayuda en lugar de hacer que vosotros os encargaseis de todo.

—Saludó a Lena con una rápida inclinación de cabeza—.

Me alegro de conocerla, señorita Lena. Bienvenida a Old Rag.

Silas y yo recorríamos estos valles cuando éramos unos mocosos…

, y nos metíamos en líos, claro. También luchamos juntos en el extranjero.

—Encantada de conocerle.

—Sé que no espera un consejo —le dijo—, pero hágale caso a Silas y no sea imprudente mientras esté aquí.

Estos riachuelos y valles son hermosos, y la mayor parte de la gente de la montaña son personas decentes, pero, de igual modo que la naturaleza puede volverse contra usted sin previo aviso, también pueden hacerlo ciertos individuos.

Y otros que no son de por aquí también, si entiende lo que quiero decir.

—Volvió a mirar a Bonnie—. La viuda Spinney está en el puente otra vez, así que ten cuidado con la pequeña.

—Gracias por el aviso. Iremos por el arroyo entonces.

—Bien pensado —aprobó Virgilio—. Daría la vuelta y os cruzaría yo mismo, pero tengo que repartir esta carga de moonshine.

— Volvió a mirar a Lena—. Por si nadie se lo ha dicho aún, puede que Silas Wolfe parezca exigente y duro, pero es un hombre honesto y decente.

Durante mucho tiempo, les desagradaba a algunos feligreses, incluso a algunos miembros de su familia, porque bebía licor y andaba con mujeres.

Pero nunca en mi vida he visto a Silas Wolfe borracho.

Y después de casarse sentó la cabeza y le ha ido bien desde entonces.

Solo quiero decir, para que conste, que es un hombre de familia trabajador y respetable.

Sorprendida por el interés que demostraba Virgilio, Lena sonrió y asintió para demostrar que apreciaba la información. Como sospechaba, Silas era una persona más compleja de lo que aparentaba.

Animado por su reacción, Virgilio continuó hablando.

—Apostaría mi dinero a que es el hombre más fuerte que jamás ha vivido en la cordillera Azul.

Mi hermano y yo estábamos trabajando en la carretera de Hog Back un día cuando Silas pasó con una bolsa de provisiones en una mano, un saco de alforfón sobre un hombro y una lata de aceite de hulla en la otra mano.

Se detuvo y estuvo hablando con nosotros durante una hora sin dejar nada de todo eso en el suelo, y solo el saco de alforfón debía de pesar sus buenos veinte kilos.

En otra ocasión lo vi levantar un barril de madera, de esos tan grandes que se usan para almacenar gaseosa, ¿sabéis?

Levantó ese barril y lo llevó montaña arriba sin quedarse sin aliento.

Hizo lo mismo durante la contienda, sí que lo hizo.

Llevó a dos hombres heridos, y los acarreó a los dos a la vez, de vuelta a la base para que los curasen.

Nunca lo admitirá, pero es un héroe de guerra.

Eso sí, ha de saber que perder a su esposa lo destrozó, no ha sido el mismo desde entonces.

Entre eso y la pérdida de cuatro hijos, la vida no ha sido justa con él.

Y ahora está empeñado en hacérselo pagar a todos los que lo rodean.

A excepción de su prima Teensy McDaniel, su familia está muerta o se ha ido de estas montañas, de modo que Bonnie y Jack Henry son todo lo que le queda.

Supongo que lo que quiero decir es que no se tome su rabia como algo personal.

Las tragedias hacen que algunas personas se suavicen y que otras se endurezcan. Y Silas Wolfe es duro como una piedra.

Lena no tenía ni idea de qué decir. Había sido testigo de lo que la guerra podía hacerle a la gente.

Y perder a tu cónyuge tenía que ser increíblemente difícil.

Pero perder a un hijo, por no hablar de cuatro, sin duda destrozaba a cualquiera.

Si ella perdiera a Ella se moriría. Aunque ayudaba saber por qué Silas era desgraciado y su compasión por él iba en aumento, no era excusa para el modo en que trataba a Jack Henry y a Bonnie.

Sí, él quería protegerlos del sheriff, pero también necesitaba mostrarles amor y compasión.

Entonces vio que Bonnie se estaba secando las mejillas.

—¿Qué pasa? ¿Estás bien?

La niña asintió.

—Estoy fresca como una rosa —dijo mientras parpadeaba para contener más lágrimas.

Luego levantó la vista hacia Virgilio. De nuevo mostraba resolución y determinación en los ojos.

O bien había heredado de su padre un tipo diferente de fortaleza, o bien había aprendido a ser fuerte por su cuenta.

La pobre chiquilla había perdido a su madre y, según Virgilio, a varios hermanos también, pero seguía encontrando alegría y belleza en las cosas pequeñas, como cantar y hacer música con botellas viejas y pedazos de latón.

Por no mencionar lo mucho que le gustaban los niños, lo cual era obvio por el cariño inmediato que le había tomado a Ella a pesar de su pena y su sufrimiento.

De repente, Lena se vio embargada por una sensación de vergüenza.

Sí, ella echaba de menos a Mutti y a Enzo, pero al menos estaban vivos.

—Ven a vernos alguna vez, ¿te parece? Papá se pondrá muy contento.

Virgilio dudó.

—No estoy seguro de eso. Tu padre ni siquiera me dejó pisar el porche la última vez que lo visité.

—Lo sé. Pero desearía que siguieras intentándolo.

Virgilio dejó caer los hombros.

—Supongo que tienes razón. He de intentarlo de nuevo. Pero ahora tengo que marcharme. Voy a reunirme con los Nicholson en Slaughter Pen Branch y quiero volver a casa antes de que oscurezca.

—Claro —asintió Bonnie—. Ya nos veremos, Virgilio.

—Supongo que sí. Encantado de conocerla, señorita Lena.

Tomó las riendas de la carreta y se marchó.

Ellas reemprendieron la marcha con la bebé caminando entre ambas.

De repente, una ardilla cruzó corriendo la carretera frente a ellas, subió a un árbol y les parloteó desde una rama alta.

La pequeña se detuvo a mirarla entre risitas.

Lena y Bonnie caminaron más despacio para que la chiquitina pudiera alcanzarlas.