Capítulo 3 #2
— Ja, me temo que es cierto. Lo siento mucho.
—No es culpa tuya. Y a Enzo no le pasa nada. ¡Lo que hacen no está bien!
A Enzo, lleno de remordimientos, se le ensombreció el rostro.
—Me hicieron una prueba extraña, pero el intérprete no era bueno. No entendí lo que querían que hiciera.
Mutti le reconfortó poniéndole una mano sobre un hombro.
—Tampoco es culpa tuya. Lena tiene razón. No te pasa nada. Por desgracia, no se equivocan en cuanto a mí.
—¿Qué quieres decir? ¿Respecto a qué no se equivocan? —inquirió Lena—. Dicen que solo tienes que volver porque Enzo es demasiado joven para viajar solo.
— Ja —asintió Mutti —. Eso es cierto. Pero también han dicho que no estoy lo bastante fuerte para trabajar y que me convertiré en una carga para este país.
—No saben de lo que están hablando —dijo Lena.
Y entonces, por primera vez, se fijó en la H escrita con tiza sobre el abrigo de Mutti , la marca blanca extendida como polvo sobre la lana.
Sintió un destello nuevo de miedo que le aceleró la ya frenética respiración—.
Pero… pero tú estás bien. Lo pasaste mal durante la travesía, eso es todo.
No pueden enviarte de vuelta porque te marearas en el barco.
Mutti bajó la mirada, apenada, y sacudió la cabeza.
— Nein, mein Liebling —negó—. No os lo conté porque no quería que os preocuparais. Y esperaba que no se dieran cuenta. Pensé que nos dejarían pasar.
Lena sintió que los ojos se le inundaban de lágrimas.
—¿Qué no nos contaste? ¿Es que sabías que te pasaba algo malo?
Mutti asintió.
—Una mujer sabe cuándo los años se le echan encima. He sentido ciertas molestias aquí. —Se apoyó una mano con pesadez sobre el pecho—. Y algo de debilidad. El corazón se me ha roto porque echo de menos a vuestro padre.
Enzo la rodeó con los brazos.
—Has estado demasiado preocupada —dijo—. Y nos has estado cuidando en lugar de cuidarte tú.
Lena sentía las lágrimas correrle por las mejillas. Conocía esa tristeza insoportable, ese descarnado espacio vacío que solo su padre podía ocupar.
—Pero, Mutti —argumentó—, echar de menos a Vater no significa que estés enferma.
Mejorarás con descanso, comida y cuidados adecuados.
Y Enzo no es un deficiente mental ni ninguna otra etiqueta ridícula que quieran ponerle.
Tienes que quedarte en los Estados Unidos.
Los dos tenéis que quedaros. ¡Os merecéis estar aquí!
—Ya no se puede hacer nada —se resignó Mutti —. Tenemos que hacer lo que nos dicen o encerrarán a tu hermano de por vida.
—Entonces Ella y yo nos iremos con vosotros —decidió Lena—. No podemos quedarnos aquí sin vosotros. No lo haremos.
Pero mientras pronunciaba las palabras sabía que no podía marcharse. Su hija era lo más importante.
Mutti sacudió la cabeza. Estaba decidida.
— Nein, debes quedarte. Te han aceptado en este nuevo mundo. No puedes desperdiciar la oportunidad de proporcionarle a nuestra dulce Ella una vida mejor.
Aunque Lena sintió alivio al ver que Mutti sabía que ella tenía que quedarse y no le había suplicado que volviera a Alemania con ellos, no consiguió aliviar su miedo y su angustia.
—Pero Silas Wolfe no sabe que Ella y yo hemos venido —arguyó—. ¿Y si nos rechaza?
—Si lo intenta —dijo Mutti —, recuérdale que eres parte de su familia.
Dile que tú y Ella ocuparéis menos espacio y comeréis menos comida que tu hermano y que yo.
Dile que trabajarás el doble de duro para demostrarle que se equivoca y que no puede rechazarte, o se las tendrá que ver conmigo y con tu hermano cuando volvamos.
—A pesar de la pena y la preocupación que tenía en la mirada, Mutti sonaba tranquila y firme, como si le estuviera explicando a Lena cómo hacer fideos o amasar pan—.
Debes irte a Virginia y empezar una vida nueva con tu hija.
Enzo y yo regresaremos a Alemania. Encontraremos trabajo y ahorraremos para volver.
Lo intentaremos de nuevo tan pronto como podamos.
— Ja —secundó Enzo—. Y mejoraré mi inglés. Nos reuniremos con vosotras en Virginia. Si ya tenemos familia en los Estados Unidos, nos resultará más fácil ser aceptados cuando regresemos. Sé que será duro, Lena, pero nos ayudaría más que te quedaras.
Lena se enjugó las lágrimas y asintió. Intentó aparentar fortaleza.
Enzo tenía razón. Que ella se quedara en los Estados Unidos beneficiaría a Enzo y a Mutti más que volver a Alemania con ellos.
Y podía ganar más dinero trabajando para Silas Wolfe que en su tierra natal…
si la aceptaba. Pero, aunque se negara, de algún modo encontraría la forma de darle a Ella una vida mejor y de ayudar a su familia a regresar.
—Os enviaré dinero —prometió—. Suficiente para comprar billetes de segunda clase, de modo que no tengáis que volver a pasar por la isla de Ellis.
Mutti se sacó la bolsita del dinero de debajo de la blusa, tiró de la correa para romperla y comenzó a hacerla pasar por entre las rendijas de la puerta.
—Toma esto. Puede que lo necesites.
Lena apoyó la mano contra la malla para evitar que la bolsita pasara.
— Nein, llévate el mío. —Se desató la bolsita de alrededor del cuello—. Lo necesitarás más que nosotras.
Mutti negó con la cabeza.
—Quédatelo —insistió—. Para Ella.
— Bitte —suplicó Lena. Miró a Enzo con ojos suplicantes—. Tenéis que aceptar las dos partes del dinero. Será todo lo que tengáis durante un tiempo.
— Nein —rehusó Enzo—. Mutti tiene razón. Tienes que quedarte tu mitad para Ella. Yo encontraré trabajo enseguida.
Con los ojos llenos de lágrimas una vez más, Lena volvió a atarse la bolsita al cuello.
—Prometedme que escribiréis tan pronto como podáis. Tengo que saber dónde estáis y que os encontráis a salvo.
Mutti asintió. Una oleada de pena descarnada le arrugó los rasgos.
— Auf wiedersehen, mein Liebe Lena und Ella.
Lena se desató el chal para dejar a Ella en el suelo y se arrodilló junto a la niña. La sujetó con suavidad por los hombros.
—Di auf wiedersehen a dein Onkel Enzo und Liebe Oma —dijo con voz rota por el llanto.
Mutti se arrodilló para ponerse a la altura de Ella y consiguió esbozar una sonrisa temblorosa.
— Auf wiedersehen, Ella.
Medio dormida, Ella levantó una manita diminuta y movió los dedos para despedirse con poco entusiasmo.
— Auf wiedersehen —dijo con su vocecita suave de bebé. Era la primera vez que probaba a decir esas palabras.
Lena la besó en la mejilla.
—Bien hecho, mein süsses Mädchen. Mi dulce niña. Dein Onkel y Oma te quieren muchísimo y van a echarte de menos.
—No me olvides, Ella —le pidió Enzo entre lágrimas.
—Por favor, cuidad el uno del otro —les suplicó Lena— y volved tan pronto como os lo podáis permitir.
Mutti se levantó y se llevó un pañuelo arrugado a la nariz.
—Dile a Silas Wolfe que cuide bien de vosotras. Si no lo hace, se las tendrá que ver conmigo.
Lena tomó a Ella en brazos y se la apoyó sobre la cadera, incapaz de contener las lágrimas.
—Así lo haré. —Apoyó una mano sobre la malla y Mutti hizo lo mismo para juntar las palmas. Enzo colocó la mano sobre la de Mutti y sus dedos largos tocaron los de Lena.
—Esto no es justo —sollozó Lena.
—La vida no es justa —le recordó Mutti —. Eso lo aprendiste hace mucho tiempo. Ahora vete. Empieza una nueva vida en los Estados Unidos con tu preciosa Ella. Haz que nos sintamos orgullosos. Volveremos a vernos muy pronto.
—¿Lo prometes?
Mutti asintió con la barbilla temblorosa. Pero no pronunció las palabras.