Las mejores historias sobre perros HAGAMOS UN CONCURSO DE PERROS CRUZADOS Cecil Aldin
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HAGAMOS UN CONCURSO DE PERROS CRUZADOS Cecil Aldin

En Inglaterra tenemos una temporada para todo, una temporada para carreras de caballos, una temporada de fútbol, una temporada de tiro y caza, e incluso una temporada de carreras de galgos —de hecho, una temporada para todos nuestros deportes y pasatiempos—.

Ahora, al escribir estas líneas, me doy cuenta de que la temporada de concursos de perros cruzados, o cómicos, ha comenzado.

Percibo esto porque la cantidad de correo matutino se ha incrementado alarmantemente.

Las señoras promotoras de concursos cómicos de perros inundan mi mesa con preguntas sobre las reglas, las regulaciones y las categorías, de tal forma que parece que mi tiempo, alrededor de la primavera, está totalmente ocupado en contestar mi numerosa correspondencia sobre el tema.

Pero esta correspondencia ha de cesar —he de trabajar para ganarme la vida—, y para mí la forma más fácil de hacer esto es deciros aquí y ahora lo poco que se sabe sobre los concursos de perros cruzados.

En primer lugar, los concursos de perros cruzados solo han de realizarse para ayudar a las asociaciones caritativas, pero, aparte de perros cruzados, hay dos o tres cosas que son necesarias para llevar a cabo satisfactoriamente el concurso.

Lo primero es un promotor o maestro de ceremonias con un sentido del humor muy desarrollado.

Un concurso de este tipo no tiene nada de serio, y siempre ha de tener un aire de ligereza y de irresponsabilidad.

Además no deben producirse «esperas», o, como dicen en el mundo del teatro, «demoras».

El escenario debe ser muy grande, ya que el concurso, si tiene éxito, ha de ser un asunto muy íntimo, y el maestro de ceremonias ha de estar en contacto directo con el público toda la tarde.

No debe durar más de dos o tres horas, y únicamente se han de dar diez minutos para que se juzgue cada categoría.

Asegurarse de que el límite temporal no es sobrepasado es uno de los deberes del maestro de ceremonias; no hay nada más cansado para los espectadores que tener que esperar mucho a que se tome una decisión.

Los miembros del jurado, así como el maestro de ceremonias, han de ser graciosos, y cuanto menos sepan de perros, mejor.

Cuando empecé con estos concursos un funcionario del Club Inglés de Perros, que obviamente no tenía ni una pizca de humor, me escribió una serie de cartas, amenazando con espantosas y terribles consecuencias y con mi expulsión de todos los concursos del Club de Perros y la de todos los participantes en mi concurso de perros cruzados.

Contesté que, por lo que yo podía haber averiguado, no era muy probable que los perros cruzados participasen en concursos del Club de Perros, y que por lo tanto las amenazantes consecuencias eran nulas y vanas.

También le expliqué que mis mejores jueces y gerentes estaban escogidos entre aquellos que no sabían nada de perros, siendo la única cualificación necesaria saber algo de aritmética (ver categoría V, el perro con más manchas), ser jueces expertos en ojos compasivos, trajes elegantes, colas largas y hocicos cortos, y tener una paciencia infinita para poder juzgar cuál es el perro más pedigüeño.

Sin embargo, mi corresponsal seguía escribiendo cartas muy serias sobre el tema, y creo que ahora me encuentro excomulgado por el Club.

Por lo tanto, todos los organizadores de concursos cómicos de perros quedan advertidos, ya que probablemente recibirán una voluminosa correspondencia respecto al tema por parte de esta austera autoridad.

Antes de anunciar un concurso de perros cruzados prepare el programa de acontecimientos y anuncie las categorías en sus carteles, o en la forma en que vaya a anunciar el concurso.

Las inscripciones siempre se cobran sobre el terreno. La forma más fácil es cobrar seis peniques por cada evento y garantizarle cinco chelines al ganador, dos chelines seis peniques al segundo, y seis peniques o un chelín al tercero.

Los expositores pagan la entrada al subir al escenario de cada categoría, y reciben el dinero de su premio al salir.

Hay un motivo siniestro para que la dirección pague el dinero del premio de inmediato: aquellos que lo reciben —como los jugadores en las mesas de los casinos europeos— invariablemente devuelven un chelín a los fondos del concurso antes del final del día para ediciones posteriores.

El programa de perros cruzados ha de empezar con una categoría simple como:

(I) El perro con la cola más larga.

Este es un buen comienzo, ya que los expositores al principio son tímidos, y todo el mundo puede entender una categoría de este tipo.

Superar «el miedo del expositor» es algo muy fácil.

Un amigo de la dirección es el primero en pagar los seis peniques para entrar en el escenario con un perro faldero o alguna raza por el estilo con un apéndice muy corto.

Otros expositores, al ver el tamaño de la cola de este perro, rápidamente se dan cuenta de que en estos concursos se da el dinero «por nada», que se pueden ganar fácilmente cinco chelines con un gasto de seis peniques, e inmediatamente pagan sus seis peniques y entran con sus perros de colas largas, y con cada entrada nueva aumenta el tamaño de la cola respecto a los que ya están en el escenario.

Nosotros como nación —por lo menos todo el mundo menos yo— somos financieros; tenemos el espíritu financiero muy desarrollado, y puedes confiar en que tu primera categoría funcionará si llevas a cabo este pequeño truco.

Una vez que esta categoría ha comenzado y ha obtenido una carcajada, las preocupaciones del maestro de ceremonias han tocado a su fin.

La categoría II puede ser

El perro más pequeño (mayores de un año).

Aquí, de nuevo, si un perro irlandés es el primero que entra en el escenario, se conseguirá un lleno absoluto. Pero no hay que abusar de esto. Hasta los financieros a veces tienen sospechas.

En la categoría III tenemos

El peor perro cruzado.

Aquí todo el mundo tiene una posibilidad con su perro. De hecho, he visto a expositores salir corriendo a la calle y tomar un perro para la ocasión con la esperanza de ganar cinco chelines por seis peniques.

El maestro de ceremonias, o los que cobran en la pista, no deben cometer el error de aconsejar a la dueña de un perro pequinés que participe en esta categoría asegurándole que su perro va a ganar.

Probablemente dejará el concurso muy enojada y nunca le volverá a hablar.

Los jueces han de ser advertidos de que los sealyham , los corgis galeses y los perros salchicha de pelo largo no son perros cruzados.

Una vez vi a un ejemplar bastante bueno de border terrier recibir el premio de peor perro cruzado, con gran disgusto de su dueño.

La siguiente es la categoría IV,

El perro con los ojos más compasivos.

En esta categoría hay siempre un campeón entre las damas.

Simplemente se arremolinan en el escenario, y el maestro de ceremonias ha de advertir tanto a los jueces (hombres) como a las expositoras (mujeres) que los ojos de las dueñas no pueden de ninguna forma influir sobre el veredicto.

También es aconsejable, antes de entregar los premios en esta categoría, que los jueces contraten un seguro de vida.

La categoría V puede ser

El perro con más manchas.

Una pareja de especialistas veterinarios suele ser el mejor jurado en esta categoría.

Algunas personas prohíben a los dálmatas competir, o también a los perros con muchas manchas, ya que se tarda demasiado en contárselas.

Yo creo que esto está mal, ya que los jueces siempre le pueden pedir ayuda a un empleado de banca para que haga con rapidez las cuentas, ya que un empleado de banca es capaz de pasar el dedo por el costado de un dálmata y decir de inmediato la cifra total.

En la categoría VI podemos tener

Competición de perros disfrazados.

y los expositores siempre se tomarán una increíble cantidad de tiempo y de preocupaciones en este evento.

He llegado a tener entre treinta y cuarenta participantes en esta categoría; algunos de los ropajes que llevaban eran dignos del baile de disfraces de los hijos del alcalde en la casa consistorial.

Pierrots, policías, enfermeras de hospital, colombinas, bebés y trajes de baño forman un abigarrado calidoscopio sobre el escenario.

El desfile de disfraces es siempre un éxito.

Categoría VII,

El perro con las patas más curvadas.

La parte más divertida de esta categoría es que invariablemente los expositores intentan arquear lo más posible sus propias piernas cuando le enseñan su perro al jurado. Tras unos minutos de desfile en el escenario hasta los jueces empiezan a tener ese «sentido de arqueamiento».

A los bastante patizambos jueces se les arquean las piernas antes de que sus diez minutos de deliberación hayan expirado, e incluso se sabe que miembros del público han desarrollado por simpatía piernas arqueadas mientras veían a los perros en el escenario.

Aunque estrictamente hablando no está entre las categorías autorizadas por la Asociación Internacional de Concursos de Perros Cruzados, un buen modo de volver a poner rectas las piernas de los expositores y del público es intercalar aquí como categoría VIII un descanso de

Carrera de perros cruzados

tras una liebre o un gato mecánicos.

Esto se puede hacer con una licencia especial de la Asociación de Carreras de Galgos, el Jockey Club, o alguna otra augusta asociación, pero originalmente fue inventada por mi propio bull terrier Cracker.

La parte mecánica de esta invención consiste en una máquina que contiene las tripas y los cuartos traseros de una bicicleta con marchas altas.

Su mecanismo es simple pero efectivo, porque cuando doscientas yardas de fuerte cuerda para pescar son atadas a un extremo y un conejo o gato de juguete o de lana se ata al otro extremo, y se le da rápidamente cuerda, ningún perro cruzado se puede resistir a perseguirlo.

Se puede, si uno es imprudente, permitir a los perros correr detrás sin que sus amos los tengan sujetos, pero mi consejo es que ¡¡¡NO SE HAGA!

!! Ya habrá bastante con resolver las celosas disputas caninas cuando la presa llegue a la meta a pesar de que estén sujetos por sus dueños, no hace falta buscar jaleo permitiendo que los que compiten corran sueltos y empiecen a pelearse durante la carrera.

Ante todo, seguridad. Todos los perros han de estar atados , es la mejor consigna para estos concursos.

Si tiene un gran número de concursantes, divídalos en dos secciones, perros de más de dieciséis pulgadas de altura en la cruz y perros por debajo de esta medida.

El método para llevar a cabo estas carreras es simple, y es mejor no tener más de cuatro perros (sujetos por sus dueños) en cada carrera.

La presa se lleva tranquilamente al punto de partida y se pone suavemente en posición sentada en una mancha de césped.

Entonces los respectivos dueños llevan a los cuatro competidores a la línea de salida, situándose al menos a ocho yardas detrás de la liebre, en cuclillas.

Cuando todos están preparados, el hombre que controla la bicicleta, desde la meta hasta el final de la pista, mueve la liebre muy lentamente unos pasos, y cuando el juez dice «¡Adelante!

» a los competidores, la mantiene moviéndose justo delante del perro en cabeza.

Si las marchas de la bicicleta son lo suficientemente altas, esto es fácil de hacer, incluso con el perro cruzado más rápido.

Según avanzan por la pista, los perros que no compiten ladran al ver a la presa, y esto excita a los competidores para esforzarse más, y la carrera acaba en una pelea en la meta, mezclándose corredores y los otros perros en un amigable alboroto. Esto es mejor que las carreras de galgos.

Cuando los perros y dueños heridos han sido apartados del terreno por las ambulancias de la cruz roja o azul que están a la espera, el concurso puede continuar; pero algunas autoridades consideran que es mejor hacer la carrera de perros cruzados al final de todo, así las peleas pueden continuar.

Si hace falta, otras categorías pueden ser

El perro más rápido,

El perro con el hocico más corto,

El perro con la cola más curva.

Pero cualquier promotor de estos espectáculos puede inventar tantas variedades como a él o a ella les gusten.

Si la semieléctrica carrera de la liebre no concluye, terminen con

El perro más pedigüeño

porque puede ser que los jueces tengan que esperar toda la noche sentados.

Los competidores, con sus dueños frente a ellos con azúcar o chocolate, se alinean en una fila recta en el centro del terreno.

El maestro de ceremonias cuenta hasta veinte en un tono muy fuerte, y cuando llega al número veinte cada competidor debe sentarse sobre sus cuartos traseros con las patas delanteras en alto; el último que abandone la actitud de pedir será, por supuesto, el vencedor.

Recuerdo en una ocasión a un sealyham , con especial propensión a mendigar, y a un codicioso pequinés, que eran los únicos que quedaban. Nada los hacía moverse, hasta que el pequinés estornudó, y eso lo tiró al suelo, porque de otra forma imagino que estarían todavía pidiendo.

Habitualmente estas competiciones terminan de modo inesperado cuando dos perros se ponen a pelear en el terreno, se posa una mosca en el hocico de alguno, o por un repentino catarro.

En cualquier caso, la categoría El perro más pedigüeño es una excelente manera de cerrar el día y concluir la exhibición.