Las Marcadas Capítulo 37
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Capítulo 37

La llamada llegó a primera hora de la mañana.

No era de Homicidios.

Ni de Anticorrupción.

Ni de la Guardia Civil.

Era del juzgado.

—La espera el magistrado.

No hubo más explicaciones.

Ni hacían falta.

Tanit llevaba semanas esperando aquella llamada.

Las publicaciones de Claudia habían provocado un auténtico terremoto. Cada artículo había destapado nuevos contratos.

Nuevas empresas.

Nuevos nombres.

Las escuchas autorizadas judicialmente habían terminado de unir las piezas.

La investigación había alcanzado un punto de no retorno. Cuando llegó al Palacio de Justicia la condujeron directamente a una sala de reuniones.

La esperaban el juez instructor y el fiscal anticorrupción.

Sobre la mesa descansaban varias carpetas.

También un informe con el sello de la Unidad Central Operativa. El magistrado fue directo.

—Las escuchas han sido verificadas.

El fiscal abrió una carpeta.

—Y corroboran buena parte de lo que Claudia descubrió antes de morir.

Hospitales, fundaciones, empresas pantalla, contratos amañados y comisiones.

Años de corrupción resumidos en unas pocas páginas.

El juez tomó la palabra.

—Las pruebas son suficientes para iniciar la fase final de la operación. Hizo una pausa.

—Firmaré las órdenes de detención. Habrá registros simultáneos y varios de los principales investigados pasarán a disposición judicial. Tanit permaneció en silencio.

Era el desenlace que todos esperaban.

Pero todavía faltaba una pieza.

—¿Y el ministro?

El magistrado intercambió una mirada con el fiscal.

Fue este quien respondió.

—Las escuchas son muy comprometedoras.

Señaló una carpeta.

—Apuntan a su participación en la decisión que terminó con el asesinato de Claudia.

Guardó silencio unos segundos.

—Pero debemos blindar las pruebas.

—Si queremos sostener una acusación por homicidio, no podemos dejar ningún resquicio a la defensa —añadió el juez.

El fiscal cerró lentamente la carpeta que tenía delante.

—Llevamos años detrás de algunos de estos nombres.

Señaló varios documentos repartidos sobre la mesa.

—Ministros, empresarios, responsables sanitarios, altos cargos de la Administración... Personas acostumbradas a moverse entre despachos donde casi nunca ocurre nada.

Guardó silencio un instante.

—Y ahora tenemos escuchas, contratos, transferencias y testigos apuntando en la misma dirección.

El magistrado asintió con gravedad.

—Si cometemos un error procesal, cualquiera de ellos podrá alegar persecución política.

—Y convertirán el procedimiento en un circo —añadió el fiscal. Tanit observó las carpetas.

Durante semanas habían seguido pistas dispersas, rumores, documentos incompletos y nombres que aparecían y desaparecían una y otra vez. Ahora toda aquella información cabía sobre una mesa.

Y pesaba más que nunca.

Porque ya no hablaban de sospechas.

Hablaban de detenciones.

Tanit asintió despacio.

Aquello tenía sentido.

Pero también implicaba un riesgo.

—Hay algo que me preocupa.

El magistrado levantó la vista.

—¿Qué?

—Si se hace público que el ministro está implicado en el asesinato de Claudia...

Hizo una breve pausa.

—No lo dejen solo.

El fiscal frunció el ceño.

—¿Cree que intentarán silenciarlo?

—No.

Tanit negó despacio.

—Creo que alguien intentará juzgarlo antes que nosotros.

La sala quedó en silencio.

El juez sostuvo su mirada.

—¿Está sugiriendo que intentarán matarlo?

La inspectora respiró hondo.

Dos sicarios muertos.

Jonatan Gálvez.

Pascual López.

Demasiadas coincidencias.

—Estoy diciendo que, si mañana todo el país sabe quién participó en la decisión de matar a Claudia y esa persona sale de este edificio sin una medida cautelar por ese crimen...

Miró al fiscal.

—Es posible que nunca llegue a sentarse en el banquillo. Nadie respondió.

Por primera vez desde que había comenzado la reunión, el magistrado dejó de pensar únicamente en pruebas y procedimientos. Ahora pensaba en la seguridad del hombre al que iban a detener. Y en quien podía estar esperándolo fuera.

El fiscal cerró lentamente la carpeta.

—Si tiene razón...

—...el operativo acaba de complicarse —terminó el juez. La lluvia comenzó a golpear los cristales.

Tanit observó la ventana.

Tuvo la sensación de que el verdadero peligro no estaba sentado alrededor de aquella mesa.

Seguía ahí fuera.

Esperando.

Entonces comprendió algo.

La bomba no sería la detención del ministro.

La verdadera bomba sería hacer público su nombre.