Las Manchas Invisibles: Ella te vio primero (Nahdir 1) El expediente
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El expediente

El hombre del centro se llamaba Logan, Nico lo dijo cuando ya estaban en la calle. Lo había visto antes.

—Logan —dijo, como si esperara que alguno de los dos reaccionara al nombre.

Airen no respondió, pero algo en ella sí lo hizo, no por el nombre en sí, sino por la sensación que le dejó al escucharlo, como si una parte de ella hubiera reaccionado antes de que pudiera entender por qué .

Fueron al piso de Kai. Era el único lugar que tenían. Pequeño, ordenado, con todo colocado exactamente donde debía estar. Libros alineados, una sola taza en el fregadero y nada fuera de sitio.

Nico se sentó en el suelo, apoyado contra la pared. Kai se quedó cerca de la ventana y Airen ocupó la silla frente a la mesa, la misma donde siempre terminaba sentándose cuando necesitaba pensar.

—Logan —dijo al cabo de un rato.

—Es uno de los nombres que más se repiten cuando se habla de los Nahdir de transferencia —respondió Nico—. El que lleva más tiempo moviendo la deuda.

—¿Cuánto tiempo? —preguntó Airen.

—Dicen que décadas. Puede que más.

Kai se apartó de la ventana y se sentó en el borde de la mesa, con los brazos cruzados.

—En el bar, cuando te miró…, había algo raro. No parecía que estuviera evaluándote sin más.

Airen levantó la vista hacia él.

—¿Qué quieres decir?

Kai dudó un momento antes de responder.

—Te miraba como alguien que ya te conocía, no como alguien que sabe quién eres porque se lo han contado. Era distinto.

Airen pensó en la casa, en la niña, en la puerta cerrada al fondo del pasillo y en la mujer que le había dicho que alguien cercano le había borrado los recuerdos creyendo que hacía lo correcto.

Y entonces recordó la forma en que Logan la había mirado antes de sonreír. No había sido una mirada fría, tampoco la de alguien que acababa de encontrar a su enemigo. Había algo más: no parecía sorprendido de verla, y eso era lo que más la inquietaba.

Airen volvió la vista hacia Nico.

—Cuando lo viste antes, ¿dónde fue?

Nico levantó la cabeza.

—Siguiendo el rastro de la primera deuda. Había un sitio donde todo se concentraba más que en ningún otro: un archivo con documentos sobre los primeros portadores.

—¿Y Logan estaba allí?

Nico asintió.

—Estaba vaciándolo todo, igual que hicieron con el piso de Tomás. —Se inclinó hacia delante y apoyó los brazos sobre las rodillas—. Pero hubo algo que no se llevó, no sé si porque no quiso o porque no pudo: un expediente.

Airen lo miró fijamente.

—¿Lo tienes?

Nico metió la mano en el interior de la chaqueta y sacó un sobre doblado. Era grueso, con el papel amarillento, como si hubiera pasado demasiados años guardado en algún sitio cerrado. Lo dejó sobre la mesa .

—No lo he abierto. No era mío.

Airen bajó la vista hacia el sobre. En la parte delantera, escrito a mano con una letra firme y apretada que no reconocía, había un nombre: el suyo. Airen, solo eso, sin apellido, como si quien lo había escrito supiera que no hacía falta más.

Cogió el sobre y lo sostuvo unos segundos entre las manos. Pesaba más de lo que debería.

Lo abrió. Dentro había muchas páginas, todas escritas con la misma letra pequeña y apretada, la letra de alguien acostumbrado a tomar notas deprisa y a aprovechar cada espacio del papel.

Fechas. Lugares. Observaciones. Un seguimiento detallado de algo que alguien había vigilado durante mucho tiempo. De ella. Desde mucho antes de que pudiera recordar nada. Antes del metro. Antes de la casa. Incluso antes de que las manchas volvieran a aparecer.

Airen pasó las páginas despacio, intentando entender qué estaba leyendo realmente.

Al final de todo, en la última página, había una sola línea. Era distinta del resto. La letra seguía siendo la misma, pero la tinta estaba más marcada, como si quien la hubiera escrito hubiera apretado demasiado el bolígrafo.

«Cuando llegue aquí, ya sabrá lo que soy. Que también sepa por qué lo hice».

No había firma .

Airen dejó el sobre sobre la mesa y se levantó. Caminó hasta la ventana y se quedó mirando la calle.

—¿Quién escribió eso? —preguntó Kai.

Airen tardó en responder no porque no lo supiera, sino porque saberlo y decirlo en voz alta eran dos cosas distintas.

Ese trazo le resultaba familiar, la había visto antes no en un expediente ni en ningún archivo antiguo, sino en el papel doblado que Noa le había dado en el andén con la dirección de la casa.

Debajo de la dirección había una frase escrita después, con más cuidado que el resto:

«No entres antes de estar segura».

Era la misma letra. Exactamente la misma.

Airen sintió que todo encajaba un poco más, no del todo, solo lo suficiente para que la pregunta cambiara de forma.

Noa le había dado aquel papel, pero quizá no lo había escrito ella.

—Logan escribió este expediente —dijo Airen sin apartarse de la ventana. —Nadie respondió—. Lleva décadas siguiéndome, desde antes de las manchas, desde antes de todo. —Kai la observó en silencio—. Y la dirección que me dio Noa estaba escrita con esa misma letra.

Nico levantó la vista.

—Entonces se conocen.

Airen no respondió .

Nico se quedó un momento mirando el sobre sobre la mesa. Después se levantó despacio.

—Voy a seguir el rastro de Logan mientras aún esté claro.

Kai lo miró.

—No vayas solo.

—No voy a acercarme —dijo Nico—. Solo quiero saber hacia dónde se mueve.

Airen seguía junto a la ventana, con la cabeza llena de preguntas que empezaban a tener demasiadas conexiones entre sí.

Nico salió del piso sin hacer ruido. El silencio que dejó detrás pareció hacer más grande todo lo que acababan de descubrir.

Airen volvió a mirar el sobre, su nombre sin apellido, y otra vez recordó la forma en que Logan la había mirado en el bar.

Como si encontrarla no hubiera sido una sorpresa.