Las Manchas Invisibles: Ella te vio primero (Nahdir 1) Antes de recordar
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Antes de recordar

Airen no guardó el móvil. Se quedó mirando las tres palabras en la pantalla:

«Ya lo sabes».

Nada más. Ninguna respuesta detrás, ninguna señal de que hubiera alguien al otro lado escribiendo de nuevo.

Kai salió detrás de ella y se quedó en los escalones, mirando el jardín en silencio.

Entonces se oyó algo dentro de la casa. Un crujido suave sobre la madera. Después otro. Pasos en el pasillo, lentos, cuidadosos .

Alguien se estaba moviendo dentro.

Kai se tensó antes de que Airen terminara de entender lo que acababa de escuchar, y en ese instante llegó una voz desde el interior de la casa.

—Siempre tardas un poco más de lo normal.

Lo dijo con total naturalidad, como si ya esperara verla allí.

Airen se giró. Había una mujer en la puerta. Era difícil calcularle la edad. Podía tener sesenta años, o muchos más. Llevaba el pelo claro recogido atrás y ropa sencilla, sin nada que llamara especialmente la atención.

Pero los ojos sí. Miraban a Airen como si ya la conocieran, como si llevaran mucho tiempo esperándola.

—¿Quién eres? —preguntó Airen.

La mujer bajó los escalones despacio y se detuvo a un par de metros de ellos.

—Alguien que estuvo aquí antes de que tú pudieras recordarlo —dijo—. Y después.

Kai bajó los últimos escalones y se colocó al lado de Airen.

—¿Conocías a la niña? —preguntó ella.

La mujer sostuvo su mirada.

—La niña eras tú.

Nadie dijo nada. El viento movió la hierba alta del jardín.

Airen estuvo a punto de decir que eso no tenía sentido, que nunca había estado allí, que tenía que haber otra explicación para las visiones, para el símbolo y para todo lo demás.

Pero las palabras no le salieron, porque la grieta del segundo escalón seguía ahí y ella la había reconocido sin haberla visto antes.

—Entonces, no recuerdo nada —dijo Airen.

—No —respondió la mujer—. No recuerdas nada.

—¿Por qué?

La mujer miró un momento hacia la casa antes de contestar.

—Porque alguien te borró los recuerdos.

Kai se tensó a su lado.

—¿Quién? —preguntó él.

La mujer no apartó la vista de Airen.

—La persona que creyó que alejarte de todo esto era la única forma de protegerte. —Hizo una pausa breve—. Puede que tuviera razón.

Airen notó el golpe, pero no apartó la mirada.

—Eso no responde a nada.

—No —dijo la mujer—, pero es la verdad.

Caminaron hasta un banco de madera junto a la casa. Estaba podrido en las esquinas, pero todavía aguantaba.

La mujer se sentó. Airen hizo lo mismo.

Kai se quedó detrás de ellas, de pie y en silencio.

—Empezaste a ver las manchas desde muy pequeña —dijo la mujer—.

Antes de entender lo que eran. Antes incluso de saber que había más gente capaz de verlas.

—Airen la miraba fijamente—. A esa edad no supiste detenerte.

Intervenías constantemente, tocabas deudas que no entendías, intentabas cambiar cosas que nadie te había enseñado a leer, y la deuda empezó a acumularse demasiado rápido.

Airen notó la garganta seca.

—¿Qué deuda?

La mujer tardó un momento en responder.

—La que queda cuando intervienes sin saber dónde poner lo que mueves.

Airen pensó en el hombre del coche, en la mancha desapareciendo, en el vacío que le había quedado después.

—Decidieron sacarte de todo esto —continuó la mujer—, bloquear lo que habías visto, dejarte vivir lejos de las manchas y de las deudas.

—¿Y funcionó? —preguntó Airen, aunque ya conocía la respuesta.

—Durante años, hasta que viste a aquel hombre en el metro y supiste cuántos días le quedaban.

Airen sintió un vacío raro en el pecho, como si estuviera a punto de recordar algo y su propia cabeza se negará a dejarla llegar hasta allí.

—¿Quién lo hizo? —preguntó—. ¿Quién me borró los recuerdos ?

—Una persona cercana, que pensaba que estaba haciendo lo correcto.

—¿Y lo estaba?

La mujer no respondió.

Kai dio un paso hacia ellas.

—¿Por qué ahora? Si lleva años fuera de todo esto, ¿por qué hacer que vuelva?

La mujer levantó la vista hacia él.

—Yo no la he hecho volver. —Sus ojos regresaron a Airen—. Ella ya estaba regresando, alguien solo se aseguró de empujarla en la dirección correcta.

—¿Quién? —preguntó Airen.

—La misma persona que borró tus recuerdos.

Airen sintió cómo se le tensaba todo el cuerpo.

—Los que permanecen no olvidan lo que hacen —continuó la mujer—, pero a veces cambian de idea.

El aire pareció quedarse quieto.

Airen pensó en el primer día. En el metro. En aquel hombre con la mancha y en la certeza imposible de saber que le quedaban tres días. Había pensado que algo se había roto dentro de ella en ese momento, pero no se había roto: se había abierto.

—¿Y tú? —preguntó—. ¿Dónde encajas en todo esto?

La mujer sonrió apenas .

—En la parte que intenta que no acabes como yo.

Airen quiso preguntarle qué significaba exactamente eso, pero algo en su forma de decirlo la detuvo.

La mujer se levantó del banco.

—Espera —dijo Airen—. No me has dicho tu nombre.

La mujer se detuvo y se giró un poco hacia ella.

—Todavía no.

—Todo es «todavía no» con vosotros.

La mujer la miró como si aquella respuesta también le pesara a ella...

—Porque algunas respuestas pesan más cuando llegan antes de tiempo.

Después subió los escalones, entró en la casa y desapareció por el pasillo.

Airen no fue detrás. Se quedó en el jardín, mirando los escalones de piedra.

La niña había estado allí. Había pasado los dedos por aquella marca una y otra vez. Ella misma.

Kai se colocó a su lado, pero no dijo nada.

Airen siguió mirando la casa, el jardín, las ventanas vacías de la planta de arriba. Todo aquello había empezado mucho antes de que ella pudiera recordarlo. No era el inicio, era la continuación .

Y, por primera vez, Airen entendió que el problema no era lo que estaba descubriendo, era todo lo que alguien había intentado ocultarle.