Las Manchas Invisibles: Ella te vio primero (Nahdir 1) La Niña
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La Niña

Airen se incorporó despacio y se pasó las manos por la cara. Seguía notando algo raro desde que aquella cosa la había tocado, como si las imágenes no fueran solo recuerdos vistos por accidente, como si se hubieran quedado dentro de ella.

No sabía por qué, pero aquel llanto le resultaba familiar, y eso era lo que no la dejaba tranquila.

Cuando empezó a amanecer, se levantó. Fue a la cocina, preparó café y se sentó a la mesa con el móvil entre las manos. Abrió varias aplicaciones sin prestarles demasiada atención, solo para mantener la cabeza ocupada un rato.

Pensó en lo que le había dicho Kai: los recuerdos viajan con la deuda.

Si esa cosa llevaba demasiado tiempo moviéndose entre personas, podía haber arrastrado recuerdos de mucha gente distinta.

Eso significaba que la niña podía ser cualquiera, alguien que había cargado con esa deuda antes, alguien que se la había pasado a otra persona.

O alguien a quien nunca consiguieron quitársela.

Pero también significaba otra cosa. La sensación que había tenido al ver a aquella niña no encajaba con nada .

El café se enfrió delante de ella sin que llegara a probarlo.

Al final se levantó, cogió la chaqueta y salió de casa. No sabía a dónde iba, pero caminó igual, dejándose llevar por ese impulso que llevaba días empujándola de un sitio a otro.

Después de unos veinte minutos, se detuvo frente a una biblioteca de barrio, una de esas que todavía huelen a papel viejo y tienen ficheros de madera que ya casi nadie usa.

No sabía exactamente qué esperaba encontrar allí. Una casa de campo, un jardín, una niña. No era mucho, pero tenía esa sensación otra vez y, después de todo lo que había pasado, no podía ignorarla.

Se sentó en una de las mesas del fondo y sacó el móvil. Abrió la foto del símbolo de la columna del metro, el que había desaparecido al día siguiente.

Lo observó durante un rato. Las líneas oscuras parecían formar algo que no terminaba de entender. No era una letra, tampoco un dibujo cualquiera. Cuanto más lo miraba, más segura estaba de que aquello tenía sentido para alguien. Solo que todavía no para ella.

Airen dejó el móvil sobre la mesa y se quedó un momento mirando al vacío. Después sacó un papel y empezó a escribir todo lo que sabía: las manchas, las deudas, los Nahdir, Noa, Kai, la silueta de la casa abandonada, las visiones, la niña, y una pregunta al final, subrayada dos veces:

«¿Qué pasó antes de que empezara a ver?».

Porque eso era lo que nadie le había explicado. Todos hablaban de las reglas, de las deudas y de lo que podía pasar si intervenías, pero nadie le había dicho por qué empezaba todo aquello, por qué algunas personas podían ver las manchas y otras no. Y, sobre todo, por qué ella.

¿Había algo antes? ¿Algún momento, alguna decisión o algún encuentro que hubiera dado comienzo a todo aquello sin que ella se diera cuenta?

Se quedó mirando la pregunta durante un rato. Entonces el móvil vibró sobre la mesa. Había recibido un mensaje, desde un número desconocido, con apenas cuatro palabras:

«Sé lo que viste».

Airen levantó la vista y recorrió la biblioteca con la mirada. Todo seguía igual. Una mujer leía junto a la ventana. Un hombre pasaba páginas demasiado despacio. Al fondo, alguien tecleaba en un ordenador. Nadie parecía estar mirándola.

Bajó otra vez la vista al móvil y escribió una sola pregunta:

«¿Quién eres?».

Los tres puntos aparecieron al instante. Desaparecieron. Volvieron otra vez. La respuesta llegó unos segundos después :

«Alguien que conocía a la niña».

Airen se quedó inmóvil, con el móvil en la mano. El papel seguía delante de ella, lleno de nombres, símbolos y preguntas, pero ahora había algo distinto, alguien más había visto a esa niña.