27
Marzo se me ha pasado tan rápido que sinceramente no estoy seguro de cuándo empezó exactamente abril.
Creo que en algún punto entre entrenamientos, madrugadas absurdas y Nadia apareciendo constantemente en mi vida hasta el punto de que ya nadie en mi casa reacciona cuando entra sin llamar.
Simplemente ocurre.
Como si siempre hubiera estado ahí.
—¿Otra vez aquí? —pregunto una tarde entrando en cocina.
Nadia levanta la vista desde la encimera mientras mi madre le enseña no sé qué receta.
—Tu madre cocina mejor que tú. He tomado una decisión inteligente.
—Eso tampoco era difícil —dice Isabel sin mirarme siquiera.
Traidoras.
Nadia empieza a reírse mientras sigue cortando verduras con una sudadera mía enorme puesta y el pelo recogido de una manera un tanto extraña. Mi madre ya le guarda taza favorita, le pregunta cómo le fue el día antes incluso que a nosotros y le manda mensajes cuando no viene un par de días.
Adopción emocional completa.
Y sinceramente: nadie parece especialmente sorprendido por ello.
Valeria directamente la trata como si llevara años aquí. Vera le explica apuntes de universidad cuando la escucha quejarse y Leo disfruta molestándola porque Nadia le sigue las bromas casi siempre.
Lo más raro es que todo encaja demasiado bien.
Como si hubiera encontrado sitio dentro del caos de esta familia sin tener que esforzarse demasiado.
—¿Tú no entrenabas hoy? —pregunta mi madre mirándome.
—Dentro de una hora.
—Pues deja de molestar y ayuda.
—Qué dictadura hay aquí últimamente.
Nadia sonríe apenas sin levantar la vista.
Y ahí vuelve otra vez esa sensación.
La tranquilidad.
No sé explicarlo mejor.
Nunca había sido especialmente bueno quedándome quieto. Siempre necesito hacer algo: entrenar, conducir, moverme, golpear algo, mantener la cabeza ocupada.
Pero últimamente me pasa una cosa rara.
Cuando Nadia está cerca, el ruido baja un poco.
No desaparece del todo. Solo… baja.
Y creo que eso da bastante miedo.
Marzo termina lleno de días pequeños que se mezclan unos con otros: desayunos después del gimnasio, Nadia estudiando en mi cama mientras yo veo peleas antiguas, Valeria robándole sudaderas, Leo entrando en mi habitación únicamente para molestar, mi madre preguntándole a Nadia si se queda a cenar incluso cuando ya está sirviendo platos.
Todo empieza a sentirse demasiado normal demasiado rápido.
—¿Sabes qué es lo más triste? —dice Leo una noche desde el sofá.
—Tu personalidad probablemente.
—Ya ni preguntamos si Nadia viene. Simplemente aparece.
—Y tú apareces peor vestido todavía —responde ella desde el suelo del salón.
—Eso ha dolido.
Me río por lo bajo mientras Nadia le tira una almohada directamente a la cara.
Todavía no me acostumbro a pensar en nosotros como algo conjunto.
Porque técnicamente nunca hemos tenido “la conversación”.
No hubo momento oficial. Ni preguntas. Ni “quieres salir conmigo”.
Simplemente empezamos a estar juntos constantemente hasta que dejó de tener sentido llamarlo de otra manera.
Ella duerme conmigo algunas noches. Yo voy a buscarla después de clase. Nos besamos en semáforos como dos idiotas. Compartimos cascos, sudaderas y café.
Y al parecer eso basta para que toda mi familia decida automáticamente que estamos juntos.
Bastante invasivos todos.
—¿Puedo preguntar algo importante? —dice Valeria entrando en cocina una noche.
—No.
—Demasiado tarde. ¿Sois novios ya o seguís actuando como dos personas incapaces de verbalizar emociones?
Nadia casi se atraganta con el agua.
Yo cierro los ojos directamente.
—Qué pesada eres.
—Es una pregunta válida.
—No necesito responder eso.
—Eso significa sí —dice Leo apareciendo mágicamente.
—¿Por qué siempre estáis escuchando conversaciones ajenas?
—Porque vuestra tensión emocional afecta a la casa.
Nadia empieza a reírse mientras yo intento decidir si asesinar primero a Leo o a Valeria.
Mi madre pasa entonces por detrás completamente tranquila.
—A mí me caéis muy bien juntos.
Perfecto.
Traición materna también.
Pero lo peor es que, después de todo el ruido y todas las bromas, Nadia me mira desde el otro lado de la cocina con esa sonrisa pequeña suya y siento algo bastante simple atravesándome el pecho.
Calma.
Y sinceramente creo que nunca había asociado una relación con eso antes.
Siempre pensé que sería algo más caótico. Más intenso. Más complicado.
Con Nadia no se siente así.
Se siente fácil.
Como respirar sin darte cuenta de que estabas cansado hasta que finalmente paras un momento.
Abril empieza exactamente igual: ella entrando en casa sin llamar, mi madre preguntándole si quiere café, Valeria enseñándole vídeos absurdos, Vera corrigiéndole cosas académicas, Leo dramatizando cualquier interacción existente.
Y yo observándolo todo desde la cocina mientras Nadia se ríe de algo que acaba de decir mi hermana.
Entonces ella levanta la vista y me sonríe apenas.
Y ahí entiendo algo bastante concreto.
Creo que hacía muchísimo tiempo que no me sentía tan tranquilo cerca de alguien.