Las leyendas más terroríficas de España 21. La Casa de las Siete Chimeneas
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21. La Casa de las Siete Chimeneas

Un amor prohibido, una hija bastarda y un cadáver que nunca apareció marcan la leyenda de la Casa de las Siete Chimeneas. Este edificio, situado en la arteria principal de Chueca y aledaño a Gran Vía y Cibeles, aún arrastra los vestigios de una historia cuanto menos escalofriante.

La Casa de las Siete Chimeneas se concibió como residencia para Elena, la hija de un montero del rey Felipe II. Construida en el siglo XVI , se ubicaba en las afueras de un Madrid cuya fisonomía aún era la de una villa rodeada de huertas y jardines.

Se contaba que fue el rey quien dispuso erigirla como regalo de bodas para la joven Elena cuando esta contrajo nupcias con un capitán de su ejército llamado Zapata.

Las asistentes al evento desconfiaron de este hecho, e insinuaron que aquello, más que una muestra de dadivosidad, escondía en realidad un romance secreto entre el monarca y la mujer.

No faltaron los cuchicheos en los mentideros. Las malas lenguas afirmaron que Elena, célebre por su belleza, había cautivado al príncipe antes de que este ciñera la corona. Sin embargo, ella no era noble y eso impidió acceso de pleno derecho a la familia real.

Pero no duraría demasiado la alegría de la recién casada, pues, poco tiempo después, su marido partió a Flandes para combatir en las campañas de Felipe II contra las tropas francesas.

Participó en la célebre batalla de San Quintín, donde halló la muerte.

La joven quedó viuda y presa de la desesperación, apenas comía o dormía, y eso aceleró su deterioro físico y mental hasta tal punto que murió, consumida por la pena.

No obstante, la tragedia no terminó ahí.

Cuentan que, antes de su fallecimiento, Elena había dado a luz a una niña.

De esa criatura no se tuvieron más noticias, lo que alimentó aún más las sospechas y los rumores.

Más inquietante aún fue el testimonio de los sirvientes, que afirmaron que no murió de pena, sino asesinada, y que su cuerpo mostraba varias heridas de cuchillo.

Se señaló como responsable al rey, que habría querido silenciar un romance prohibido y la posible existencia de una hija ilegítima con derechos sucesorios.

La acusación oficial, sin embargo, recayó sobre el padre de Elena.

Las autoridades lo interrogaron y no tardó en aparecer muerto en circunstancias igualmente turbias, ya que su cuerpo colgaba de una viga en el interior de la casa.

Para añadir más misterio, cuando se intentó investigar la muerte de Elena, su cadáver había desaparecido.

Se conjeturó que la habían emparedado en la casa o enterrado en los jardines, pero las exhaustivas búsquedas fueron inútiles.