18. El Parador de Cardona y la habitación 712
Los amores prohibidos suelen ser más intensos, fugaces y tener desenlaces más trágicos.
Aún a fecha de hoy, resuena el eco de Abdalá y Adalés, una pareja que encontró su desdichado final en la geografía catalana, en concreto en lo que hoy conocemos como el Parador de Cardona, una fortaleza del siglo IX reconvertida en museo y hotel turístico.
El complejo, situado en lo alto de una colina, domina el paisaje de la ciudad y fue sede del linaje de los condes-duques de Cardona.
Se los conocía como «los reyes sin corona» por su relación con otras familias de la nobleza europea y por la riqueza que atesoraban, extraída directamente de la mina de sal contigua al castillo.
Este espacio permanece cerrado a menos que un huésped solicite expresamente pernoctar en él, pues ocurren extraños fenómenos por la noche.
Claro está, eso despierta el interés tanto de turistas como de aficionados a lo paranormal.
No se trata de ruidos pasajeros ni de sugestiones fruto de la oscuridad, ya que los huéspedes, y varios trabajadores del complejo, hablaron de voces sin origen aparente, de grifos que se abren solos y de muebles arrastrados en la estancia superior, aunque está deshabitada.
El fenómeno ha llegado a tal punto que el personal de limpieza prefiere entrar de dos en dos para no quedarse solos.
El origen de estos poltergeist inquietantes se remonta al siglo XI , en una época marcada por las luchas entre musulmanes y cristianos por el dominio de la Península.
El castillo pertenecía a los ya mencionados y poderosos condes-duques de Cardona.
En este contexto se tejió una historia de amor prohibido entre dos jóvenes de credos enfrentados, Adalés, hija del señor de Cardona, y Abdalá, un príncipe musulmán invitado a una de las celebraciones de la fortaleza como gesto de paz.
Las crónicas populares cuentan que Adalés y Abdalá se conocieron fortuitamente durante aquellas fiestas, en un paseo por los jardines.
Él se quedó fascinado por su belleza y ambos se enamoraron y se juraron fidelidad eterna.
Pronto empezaron a verse de noche y a escondidas, a sabiendas de que, si los descubrían, ambos pueblos entrarían en guerra.
El destino que preveían no tardó en cumplirse, pues el duque de Cardona supo de aquel vínculo prohibido y estalló en cólera.
Para separar a su hija de Abdalá, ordenó encerrarla en la torre redonda del castillo, hoy conocida como la Torre de la Minyona. El castigo fue cruel, ya que apenas un sirviente ciego y mudo le proporcionaba pan y agua para que nadie pudiera hablar con ella.
El encierro quebró poco a poco la voluntad de Adalés.
Se sucedieron las súplicas de los nobles para que el duque reconsiderara la condena, pero cuando por fin accedió a liberarla…
, ya era tarde. El señor del castillo hizo acto de presencia y los pajes le comunicaron que su hija estaba envuelta en mantas a la puerta de la torre, ya que había muerto de pena, consumida por la ausencia de su amado.
Desde entonces, su recuerdo quedó ligado para siempre a aquel recinto de piedra que domina Cardona.
Pero la leyenda no termina con su muerte.
La tradición oral asegura que el fantasma de Abdalá, incapaz de soportar la pérdida, regresaba cada medianoche cabalgando desde la montaña de sal hasta la torre donde habían recluido a Adalés.
Lo hacía para buscar a su amada, en un viaje condenado a repetirse noche tras noche.
De ahí que muchos vecinos afirmasen haber visto una silueta que, subida a caballo en la oscuridad, merodeaba alrededor del castillo.
En la actualidad
La habitación 712, la más cercana a la Torre de la Minyona, se considera hoy el epicentro de estos sucesos.
Todo el mundo coincide en que está cargada de energía espiritual y esta provoca alteraciones.
A esta atmósfera de viaje al pasado contribuye el mobiliario, decorado con inspiración medieval catalana, y que acentúa la sensación de vivir aquellos días de encierro y tragedia.
El castillo, convertido en parador en 1976, conserva en buena parte su estructura original, que fue testigo de conflictos bélicos decisivos, como las guerras de Sucesión y de Independencia.
Nunca lo tomaron, por lo que el ayuntamiento la denomina «la fortaleza jamás vencida, último baluarte de las libertades catalanas» .
Más allá de creencias o escepticismos, lo cierto es que la tragedia de los amantes sigue proyectándose en el imaginario colectivo y resonando entre las paredes del castillo de Cardona, bañadas por las lágrimas de Adalés y Abdalá.
La imponente edificación guarda en la habitación 712 uno de los escenarios más célebres para quienes buscan adentrarse en lo sobrenatural.