17. El conde Estruch
Cuando se habla de vampiros es inevitable que la imaginación viaje hacia los bosques de Transilvania, a castillos envueltos en brumas y a nombres como el de Vlad Tepes.
Sin embargo, en España también existe una leyenda de un ser sediento de sangre que hunde sus colmillos en la Edad Media.
Se trata de la historia del conde Guifred Estruch, un noble que, tras luchar en la Reconquista, fue víctima de una maldición que le condenó a no descansar «ni vivo ni muerto» .
Ganado muerto con la laringe destrozada, mozas casaderas preñadas de criaturas malditas que las devoraban en el parto o tenebrosos lamentos alrededor de su castillo dieron forma a una leyenda que, hoy día, aún eriza la piel a muchos vecinos de la zona.
La vida del noble estuvo marcada por una cruzada personal contra los que él consideraba seguidores del maligno, entre ellos herejes y brujas.
Al final los ejecutó, confiscó sus bienes y quemó a las acusadas en sacras piras, a tal punto que la fama de su severidad se extendió como la tramontana, el viento que soplaba con fuerza en esa comarca gerundense.
En ese contexto se casó con Arnaldeta, una joven de gran belleza con la que compartió un breve periodo de felicidad.
Su muerte prematura, causada por una enfermedad desconocida, sumió al conde en la desesperación y reforzó su odio hacia las mujeres acusadas de brujería, pues consideraba que estas habían atraído el mal.
El sepulcro de Arnaldeta, aún visible en la iglesia de Sant Feliú, es uno de los pocos rastros materiales que vinculan su historia con la realidad tangible.
A partir de entonces, el conde Estruch endureció, aún más si cabía, sus métodos.
Impuso la temida «prueba de la aguja». Pinchaba a las acusadas en busca de la marca del diablo.
Bajo tortura, las mujeres acababan por confesar y las condenaban a la hoguera.
Pero una de ellas, mientras la sometían a la prueba, le escupió sangre y lo maldijo: «Ni vivo ni muerto descansarás, pues tanta sangre como has derramado te será arrebatada y tanta sed como has provocado sufrirás hasta el fin de los tiempos».