Las leyendas más terroríficas de España 16. Las lavandeiras
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16. Las lavandeiras

«Eu non creo nas meigas, mais habelas, hainas».

Bajo este viejo dicho gallego se esconde la voz de un pueblo que nunca dejó de mirar con respeto a lo desconocido.

La tierra de las meigas, los mouros y los encantamientos atesora también la leyenda de las lavandeiras , espíritus femeninos que la tradición sitúa a la orilla de los ríos.

Su presencia a lo largo de la historia ha sido más discreta que la de otras criaturas del folclore galego, aunque no por ello resulta menos sobrecogedora.

Con origen en la mitología celta, según la creencia popular, las lavandeiras son entes que aparecen en las noches de luna llena junto a las riberas de los ríos o en algunas fuentes.

Allí se dedican a lavar sábanas manchadas de una sangre que nunca desaparece.

Lo cierto es que su presencia se vincula a un símbolo de mal augurio, pues a menudo estos seres se manifiestan cuando alguien cercano se encuentra entre la vida y la muerte, lo que presagia su final.

Su aspecto varía según los testimonios, ya que algunos las describen como mujeres viejas, de rostro seco y arrugado, cabellos blancos y ojos rojizos.

Otros relatos las presentan como mujeres de cualquier edad, vestidas con mantos negros, pañuelos, collares y pulseras; y un último grupo de testimonios hablan de mujeres que fallecieron durante el parto, que abortaron o que dejaron morir a sus hijos sin bautizarlos, con grandes sombreros que les tapan el rostro y los cabellos.

En cualquier caso, la narración suele converger en el mismo punto…

Siempre piden ayuda a los vivos para escurrir sus sábanas.

Las noches de plenilunio en Galicia son el escenario habitual de las lavandeiras.

Si alguna persona se cruza con ellas, es muy posible que escuche sus voces, graves y huecas, invitándola a escurrir la ropa junto a ellas.

Este gesto, en un principio inofensivo, encierra un gran peligro, pues la tarea debe realizarse en el sentido contrario al de las lavandeiras hasta que llegue el amanecer; de lo contrario, el encuentro fortuito puede acarrear una desgracia segura o incluso la muerte.

Negarse a acompañarlas también se considera un gesto de mal augurio.

Las sábanas y telas que lavan nunca quedan limpias, pues están manchadas con su propia sangre, la de hijos muertos o con la de quien agoniza.

Para los gallegos, no existe sonido más inquietante al anochecer que el lamento de ultratumba de estos espíritus, el cual se mezcla con el golpe seco de sus palas contra la ropa.

De todas las leyendas que explican el origen de estas figuras, una de las más sobrecogedoras se sitúa en las orillas del río Sil.

Allí se recuerda la tragedia de varias comadres de aldea que ejercían como parteras en tiempos antiguos.

Su labor era esencial, pues ayudaban a las mujeres en los partos y, cuando un niño nacía muerto, lo enterraban en secreto junto al cauce, ya que la Iglesia no permitía sepultar en campo sagrado a aquellos pequeños sin bautismo.

Durante años cumplieron su cometido en silencio, hasta que un episodio rompió el equilibrio.

Un noble de la región dejó embarazada a una aldeana casada.

Temiendo que el escándalo arruinase su matrimonio, la mujer decidió abortar en secreto con la ayuda de las comadres, que completaron su tarea una vez más con éxito.

El noble lo descubrió semanas más tarde y, enfurecido, se tomó la venganza por su mano difundiendo rumores contra aquellas mujeres.

Aseguró que eran bruxas y que desde su llegada apenas había natalidad en la comarca, mentira que prendió con fuerza, alimentada por la superstición y la férrea autoridad religiosa.

Se acusó a las comadres de herejía, de infanticidio y de alterar el orden natural dispuesto por Dios.

El castigo fue implacable, ya que las presentaron en la plaza del pueblo sin capacidad de réplica, las asesinaron ante la multitud, las envolvieron en sábanas blancas manchadas de sangre y las enterraron junto al río Sil como advertencia para todo el pueblo.

Desde aquel fatídico 6 de enero, sus almas y su sufrimiento quedaron atados por la eternidad a aquellas aguas.

La tradición oral también da un consejo a los más incautos que se atreven a pasear por la Ribeira Sacra o los alrededores del río Sil en las noches de luna llena…

Si desde la distancia se vislumbran las lavandeiras , lo más prudente es no acercarse y no mirar directamente.

Debes mantenerte en silencio, observar sin llamar su atención y procurar alejarte por un camino seco.

No intentes acercarte, ni mucho menos tocar las sábanas.

Si no te miran y no te acompañan, estás de suerte, pues tú y tus seres cercanos podréis vivir un día más para contarlo.

En la actualidad

Aunque los tiempos han cambiado, las lavandeiras aún están presentes en la memoria de Galicia. Los lugareños evitan ciertos lugares por la noche y relatan su historia a jóvenes y visitantes, pues la tradición persiste, y la presencia de estas mujeres espectrales despierta respeto y temor por igual.