12. Las caras de Bélmez
De la primera aparición no se conserva ninguna fotografía.
Se asemejaba tanto al Santo Rostro de la catedral de Jaén que la vivienda comenzó a recibir a diario una avalancha de vecinos curiosos.
Uno de los hijos de María, Miguel Pereira, decidió cortar el flujo de visitantes raspando el pavimento y tapándolo con un poco de cemento.
Pero su intento de poner fin al suceso fue inútil, ya que pocos días después, en el mismo lugar, apareció una nueva figura, aún más nítida.
Según el periodista Javier López, esta segunda imagen recordaba al Señor de la Vida , una talla religiosa custodiada en una iglesia cercana al domicilio.
No fue más que la segunda de las decenas de caras que aparecieron en ese domicilio a lo largo de los años.
El alcalde del municipio, Manuel Rodríguez, ordenó excavar bajo la cocina para comprobar si había alguna explicación material.
A casi tres metros de profundidad encontraron restos óseos humanos, pertenecientes a un varón de pequeña estatura que habría sido enterrado allí hacía siglos.
Los lugareños achacaron el hallazgo a que la vivienda había sido construida sobre un antiguo cementerio y que de ello se desprendían malas energías.
Los más intrépidos se aventuraron a decir que, durante los visionados, aseguraron escuchar voces paranormales en su interior.
El caso se trasladó a la calle, donde se debatía intensamente sobre su veracidad, creando bandos entre escépticos y creyentes.
Algunos defendían la autenticidad del fenómeno a capa y espada frente a los que lo calificaban de fraude para sacar rédito mediático y económico por parte de María Gómez y su hijo.
La Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP) dio su punto de vista y afirmó que aquellos rostros no eran fruto de la acción humana, lo que reavivó el debate popular.
No obstante, las investigaciones posteriores apuntaron a una posible explicación terrenal.
El parapsicólogo valenciano Francisco Máñez Ferrer analizó las imágenes y sostuvo que habían sido elaboradas manualmente.
Según su hipótesis, las «caras» podían crearse humedeciendo el cemento para provocar manchas aleatorias, empleando posteriormente productos domésticos como aceite, detergentes o incluso Coca-Cola para resaltar aquellos trazos que sugiriesen rasgos humanos.
En la actualidad
Décadas después, el misterio sigue latente, ya que en Bélmez de la Moraleda se creó un centro de interpretación dedicado a las célebres teleplastias que aún es motivo de controversia.