Las leyendas más terroríficas de España 13. Expediente Vallecas
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13. Expediente Vallecas

En los años noventa, Vallecas se convirtió en el epicentro de los fenómenos inexplicables con el caso de Estefanía Gutiérrez. Su historia dio lugar al único informe policial español que hablaba de hechos paranormales y que saltó a los medios como el Expediente Vallecas.

Todo comenzó cuando la joven de dieciocho años, afectada por la reciente muerte de su novio en un accidente de tráfico, participó en una sesión de ouija con varias compañeras para contactar con él.

En el transcurso del ritual, una profesora las sorprendió y, para interrumpir el contacto con el más allá, rompió el tablero.

En ese preciso instante, según las testigos, un humo blanco emergió del vaso y se introdujo en el cuerpo de Estefanía a través de su nariz.

Esa fue la primera manifestación que convirtió su vida en una oscura pesadilla.

Apenas un par de días después, la joven comenzó a sufrir episodios de insomnio, convulsiones, alucinaciones y visiones.

Aseguraba oír voces y ver sombras que la atormentaban al caer el sol.

Se sucedieron las visitas a médicos y especialistas, pero ninguno de ellos logró ofrecer una explicación ni un tratamiento eficaz, pues las dolencias no estaban conectadas unas con otras.

Mientras la ciencia se daba por vencida, algunas personalidades relevantes y apegadas al mundo paranormal comenzaron a hablar de posesión demoníaca.

Su familia, compuesta por seis hermanos, profesaba el catolicismo.

Alertados por la idea de la influencia maligna, comenzaron a conectar los sucesos con una posible venganza del abuelo de Estefanía.

Nunca había tenido buena relación con el anciano, y creían que este se cobraba la revancha póstuma a través de su hija.

El 13 de julio de 1991, el mal se manifestó con toda su fuerza, ya que Estefanía sufrió una crisis violenta en la que atacó a su hermana Marianela sin motivo aparente.

La protagonista de la ouija entró en coma al día siguiente y falleció.

La autopsia fue desconcertante, pues los médicos la catalogaron como una «muerte súbita y sospechosa», sin ninguna causa concluyente.

Los fenómenos paranormales, lejos de apagarse con la muerte de la joven, se sucedieron en el tiempo.

La madre afirmaba oír la voz de Estefanía llamarla desde distintas habitaciones, los crucifijos se movían solos, los vidrios se rompían sin razón aparente y las muñecas se estrellaban contra las paredes durante la noche.

En ocasiones, la cabeza de familia sentía manos invisibles que le tocaban el cuerpo mientras dormía, y otras veces la despertaban las risas continuadas de un anciano.

Un año más tarde, en concreto el 1 de noviembre de 1992, un nuevo episodio golpeó a la familia cuando la fotografía de Estefanía colgada en el salón comenzó a arder espontáneamente.

Lo más perturbador fue que solo se quemó el rostro de la joven, mientras el resto del cuadro permaneció intacto, ya que las llamas no afectaron ni al marco ni a los objetos cercanos.

El 27 de noviembre de ese mismo año, la familia llamó a la policía, incapaz de aguantar más la presión a la que la sometía el espíritu.