6. La Santa Compaña
El silencio se rompe por los aullidos desmedidos de los perros, que anuncian con miedo la marcha fúnebre que recorre bosques y caminos. Tened cuidado, incautos, pues la Santa Compaña ya está aquí.
Conocida también como Huespeda, Estadea, Compaña o Genti de Muerti, la leyenda de este paso fantasmal se encuentra íntimamente ligada al norte de España. Su aparición, siempre nocturna y rodeada de un aire de misterio, es interpretada por todos como símbolo de tragedia.
A la Santa Compaña se la describe como una procesión de almas en pena vestidas con túnicas negras y capuchas, algunas de las cuales vagan con velas encendidas en la mano, y otras, con campanillas.
A su paso, levantan niebla y olor a cera o incienso, que impregna el ambiente y genera una atmósfera sobrecogedora para locales y visitantes.
Al frente de la procesión camina un mortal que lleva en las manos una cruz o un caldero con agua.
La tradición sostiene que esta persona desfila todas las noches de condena junto al resto de entes y jamás recuerda nada de lo ocurrido.
El precio de tal carga se refleja en su físico, que, con cada procesión, queda más delgado y pálido.
Sin forma de escapar, el destino suele ser la muerte por agotamiento, salvo que logre transferirle la cruz a otro desafortunado.
Lo más habitual es que este desfile de almas en pena aparezca en cruces de caminos, por lo que a lo largo de los siglos también se han transmitido formas de protección frente a esta procesión mortal.
La primera señala que el desdichado que contemple a la Santa Compaña debe correr hacia un cruceiro y refugiarse en él hasta que llegue el amanecer.
Los cruceiros son monumentos de piedra de carácter religioso cuya forma es un poste sosteniendo una cruz.
Otros expertos de lo paranormal señalan que, si no se dispone de esta posibilidad, habrá que trazar un círculo en el suelo con sal o tiza, el conocido círculo protector de Salomón, para mantenerlos a raya.
En todo caso, verlos supone un grave y aterrador presagio. En algunas versiones de la leyenda, se dice que esta procesión transporta un ataúd. En su interior yace el cadáver de la persona que los contempla, y el que reposa dentro de la caja es su cuerpo astral, o el de una persona allegada.
Aún se eriza la piel al recordar el relato de María R., una vecina de O Cebreiro, en Lugo. Ella dejó escrito en su diario la siguiente historia antes de quitarse la vida:
Recuerdo bien cómo comenzó todo. Mi abuelo solía hablarme de la Santa Compaña, y yo lo escuchaba con la incredulidad de quien piensa que todo son cuentos para asustar a los niños.
Nunca creí en aquellas historias, hasta que la vi con mis propios ojos.
Una noche, al volver a casa, el aire se volvió espeso y los perros comenzaron a aullar sin razón.
Entonces la procesión apareció, frente a mí, avanzando entre la niebla con sus velas encendidas.
Sin tiempo para reaccionar, sentí que me ofrecían la cruz, y en mi desesperación corrí tan rápido como pude hasta alcanzar un cruceiro .
Me aferré a la piedra como si fuera mi única salvación.
Escapé, sí, pero al poco tiempo mi hijo enfermó y murió.
Desde ese día supe que ya nada volvería a ser igual.
No había pasado demasiado cuando un anochecer me sorprendió de nuevo en un cruce de caminos.
Llevaba en la cesta la compra del mercado y, sin cruceiro a la vista, derramé en el suelo la sal todo lo rápido que pude, formando un círculo.
La Compaña pasó lentamente a mi alrededor, pero esta vez portaban un ataúd.
El corazón se me heló al comprender lo que significaba.
Mi marido cayó enfermo poco después, sus pulmones se fueron apagando hasta que, bajo la tercera luna llena que conté, lo perdí para siempre.
Desde entonces vivo con la certeza de estar marcada.
No me quedan fuerzas para huir ni alegría para seguir viviendo sin mi familia, así que les daré lo que quieren.
Dejo escritas estas palabras, mis últimas palabras, para que todo el mundo recuerde lo peligrosa que es esta procesión. Por favor, tened cuidado.
La confesión escrita por María apareció en los diarios locales después de su muerte, y se convirtió en una prueba de que la Santa Compaña no era solo un mito de transmisión oral.
En la actualidad
El mito se bifurca en varios caminos según la región.
En Asturias también existe una tradición conocida como La Güestia, un grupo de personas encapuchadas que se acercan a la casa de una persona enferma, y, después de dar tres vueltas al edificio, acaba por morir.
En Extremadura, aparece el Genti de Muerti, que se compone de dos jinetes fantasmales que anuncian el fallecimiento de algún mortal esa misma noche.
En Zamora está La Estadea, una mujer que vaga por los caminos y los cementerios con olor a humedad de sepulcro.
Todas las leyendas convergen en la idea de que las figuras fantasmales de noche son un presagio de muerte y hay que tener cuidado con ellas.