Las leyendas más terroríficas de España 5. San Borondón
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5. San Borondón

Desde tiempos remotos, las personas han dirigido su mirada al cielo buscando respuestas, aunque muchos de los misterios más indescifrables se oculten en el interior de océanos, donde no llega ni la imaginación ni los medios humanos.

Uno de ellos es la leyenda de San Borondón, la novena isla del archipiélago canario, una masa de arena negra y árboles frutales que aparece y desaparece a su voluntad .

No son pocos los marineros y habitantes de las islas que aseguraron haberla visto, especialmente desde las cumbres de Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro.

Emergía entre el oleaje y la bruma, haciéndose visible solo bajo ciertos momentos y condiciones.

A lo largo de la historia, su presencia intermitente despertó el interés tanto de exploradores como de autoridades y religiosos, y poco a poco se convirtió en una de las leyendas más arraigadas del Atlántico.

Pasó varios días estudiándola y entonces decidió regresar al barco con su tripulación para descansar.

En aquel momento atisbó, desde la popa, cómo la isla comenzaba a desaparecer, entre la niebla y el oleaje.

El monje juró y perjuró que aquella masa de tierra no se hundió por un fenómeno natural, sino porque estaba asentada sobre el lomo de un gigantesco ser marino que la transportaba por todo el océano.

El paso del tiempo no disminuyó la presencia de San Borondón, sino todo lo contrario.

Durante el reinado de Felipe II, a mediados del siglo XVI , el ingeniero Leonardo Torriani, al servicio de la Corona, aseguró haber llegado a ella.

Su testimonio se sumó a otros relatos similares, como el del portugués Pedro Vello.

En su declaración expresó que, tras verse obligado a cambiar de rumbo debido a un temporal, desembarcó junto con sus camaradas en una isla de tierra firme, pero el viento y una densa niebla repentina les forzó a volver a su navío, dejando a dos marineros en la costa.

Ya no volvió a verlos, pues San Borondón se alejó a gran velocidad, llevándose sus almas entre árboles frutales y arena salada.

Los relatos siguieron apareciendo durante siglos.

En los meses previos a 1610, el primer regente de la Real Audiencia de Canarias, Hernán Pérez de Grado, ordenó abrir una investigación oficial tras varios testimonios sobre avistamientos.

La iniciativa buscaba verificar si detrás del mito existía algún error geográfico que pudiera explicarlo.

La última expedición organizada con carácter institucional fue la de Gaspar Domínguez, en 1721.

Como todas las anteriores, resultó infructuosa.

Aun así, la isla siguió apareciendo en mapas medievales y modernos. El último en incluirla fue la Carta Geográfica de Gautier, fechada en 1755. Después de eso, desapareció también de la cartografía.

En la actualidad

A pesar de los avances científicos, San Borondón sigue siendo un misterio sin resolver que se ha alargado hasta nuestros tiempos.

Tal es su misticismo que, en 1958, el diario ABC publicó una fotografía en la que algunos creyeron distinguir su silueta desde Tenerife, reavivando con fuerza el interés popular sobre si la isla está envuelta en magia, es un ser abisal, o si solo se muestra a determinadas personas en determinados momentos.

Quizá, si se observa con paciencia desde las cumbres canarias, el misterio se aclare algún día.