Las huellas de Laila 55 This is New York
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55 This is New York

En la tarde llegamos en metro al barrio de Soho, y seguimos hacia a China Town y Little Italy.

Compré regalitos para mi familia en una feria navideña.

Cruzamos caminando el puente de Brooklyn al atardecer, y al otro lado comimos pizza, la mejor pizza de manzana que probé en mi vida.

Nos hicimos una foto con el puente de fondo, con los árboles de navidad y algunos pórticos adornados.

Compramos un par de gorros y guantes forrados para disminuir el frío.

Ya de noche, encontramos una tienda mágica y pintoresca, donde me regaló una bola de cristal con dos pingüinos tomados de la mano.

No paramos de recorrer hasta las once de la noche —con mis piernas ya acalambradas y entumidas— y regresamos en Uber a Times Square. Nos quitamos los guantes para sentamos frente a las pantallas gigantes a beber un chocolate caliente y a descansar.

Times Square era divertido con solo sentarse a observar los carteles, las tiendas, los artistas callejeros y el mar de transeúntes, pero nada se le comparaba a la imagen de Cyrus teñido por los colores de las luces; le decoraban el rostro por debajo del borde del gorro.

Me pareció increíble ser testigo de cómo los humanos no nos dábamos cuenta de lo que teníamos al frente. Cientos de personas pasaban junto a él, y nadie lo reconoció por estar demasiado ocupados en otras cosas.

—Gracias por este día. Ha sido increíble —admití con un nudo en la garganta; no quería que se acabara—. Te he extrañado mucho.

—Yo te he extrañado más, Laila. —Pasó su brazo por el respaldo de mi silla y me apretó contra él. La calidez de su cuerpo fue reconfortante en contraste al aire gélido.

—No puedes saber eso. Quizá yo te he extrañado el triple.

—Tú tampoco puedes saberlo —contraatacó. Le resoplé.

—¿Cómo sabías que estaría en Diamond Desing?

—La fecha y hora de defensa de cada postulante a la beca está publicada en la página web. —Fingió inocencia.

—Sí, pero ¿cómo sabías que vendría?

—Porque tu madre me dijo que te seleccionaron, y si sigues siendo la Laila que conozco, entonces no abandonarías la oportunidad de luchar por lo que sueñas.

No pude refutarle nada. Apoyé la cabeza en su hombro, y hubiera dado cada centavo de mi cuenta para quedarme ahí para siempre.

—¿Cuándo es tu juicio?

—En treinta y seis días. —Ambos sabíamos que sería un juicio difícil, y que existía la posibilidad de que acabase en la cárcel—. ¿Dónde te estás quedando?

—Por aquí cerca, a unas cuadras. —Bajó la barbilla para mirarme con una ceja arriba—.

¿Por qué te sorprende? Sabes que recibí bastante dinero después de que declararan culpable a...

ya sabes quién. —Me causaba repulsión pronunciar su nombre—.

Y mi hotel es de los menos costosos de la zona, aunque no es viejo, por suerte.

—Lo que me sorprende es que te des el gusto de gastarlo en ti, en tu bienestar. Me sorprende de una buena forma. Deberías hacerlo siempre, y no sentir remordimiento por disfrutar.

—Cyrus Von Stein?! —chilló una voz aguda a unos metros de distancia.

Giramos la cabeza como resortes. La chica estaba con un grupo de mujeres, todas con la mandíbula desencajada.

—Oh. My. Goodness! It’s Cyrus Von Stein! —gritó otra de ellas.

—And his girlfriend!

—I need a photo!

Más gente se percató, y comenzaron a venir hacia nosotros como avalancha. Me levanté de un salto, asustada por las múltiples voces histéricas.

—Take your shirt off!

—Give me your autograph, please!

—Kiss, kiss, kiss!

Cyrus no tuvo más opción que empezar a posar para algunas selfies cuando ya estaban encima de nosotros. Algunos policías llegaron para dispersar a la multitud que se formó.

—Por las barbas de mi abuelo —musité por la marea humana que nos rodeaba.

Una chica puso la pantalla de su teléfono frente a mi cara y me tomó una foto.

Otra la imitó, pegando su mejilla a la mía.

Y luego otra y otra. Varias se colgaban del cuello de Cyrus para hacer lo mismo—. Larguémonos a mi hotel. Ahora.

—Pensé que nunca lo ofrecerías. —Se tomó fotos rápidas a medida que avanzábamos entre las fans eufóricas.

La masa de gente no paraba de crecer a pesar de los policías, y nos dimos cuenta de que si no hacíamos algo tardaríamos toda la noche en dejar contentas a las chicas que le suplicaban autógrafos. Eran demasiadas. Y algunas hasta lloraban de emoción.

—¿Lista? —me preguntó entre foto y foto.

—¿Para qué?

Entonces apuntó hacia el otro lado de la calle.

—Hey, Tyler Deloux’s here! —mintió. La multitud se distrajo y me tomó de la mano.

Y corrimos por nuestras vidas.

No nos detuvimos hasta llegar al ascensor de mi hotel. Los guardias cerraron la entrada y detuvieron a las fans que alcanzaron a colarse.

Jadeaba cuando las puertas automáticas se juntaron.

Cyrus bufó bajo y se quitó el gorro para pasarse una mano por el pelo.

¿Cómo era posible que después de un día entero usándolo no tuviera el pelo aplastado?

Seguía perfecto, con algunos mechones cayéndole a la frente, y olía bien; sí, era mucho más alto que yo, pero sabía que olía bien.

Subimos hasta el piso tres con un matrimonio, y después nos quedamos solos.

—Lamento lo de las fans, son intensas —murmuró—. ¿Pensaste que escapar de una multitud sería parte del tour?

Mi pecho empezó a sacudirse. El de Cyrus también. Acabamos riéndonos a carcajadas.

—Definitivamente no lo vi venir. ¡Se me levantó la falda! —exclamé divertida.

—Entre tanta gente, dudo que alguien haya visto algo. —Sus ojos bajaron a mi cuerpo y su risa se detuvo. Por ello también desapareció la mía.

—¿Cómo es que siempre tienen que pasarnos cosas tan especiales que incluyen vergüenza extrema y adrenalina? —Ahora era yo la que lo repasaba de pies a cabeza. Era tan enorme, sobre todo dentro de un ascensor, que me sentí acorralada.

Cyrus suspiró.

—No importa, todo me resulta entretenido si es contigo. —Tragó saliva, ya serio.

Antes de saberlo, estaba apreciando sus labios entreabiertos, y en cómo su barba los rodeaba de la manera más atractiva posible. Seguí hasta su pecho, donde su chaqueta abierta exponía la tensión en sus pectorales bajo su camiseta.

Se me secó la garganta cuando me di cuenta de que él me estaba observando de la misma manera. De repente tenía el vientre palpitando.

Mi pulso tomó un ritmo diferente al de la adrenalina. Este ritmo era caliente, denso y burbujeante.

Di un paso y él de inmediato dio otro. Mi mano subió para tocarle los abdominales. Estaba más que tibio, y sus músculos se removieron contra mi toque.

Apoyé la palma en su torso, y entonces Cyrus jadeó bajo.

Oh, Dios. Lo había echado tanto de menos.

El torbellino de emociones era tan grande como la necesidad, y ambas cosas me impedían pensar con cordura.

—Laila, me gustaría quedarme un rato más, si es que te gusta el plan —sugirió.

Las puertas del ascensor se abrieron en mi piso y no pude contestar.

Cyrus no rompió el contacto visual; en su expresión brillaba la expectación. Apenas reparé en que dos señoras nos miraban desde el pasillo con ojos curiosos. Cyrus me agarró de la cintura para sacarme del ascensor, y las señoras entraron en este cuchicheando entre ellas.

—This is New York, ladies. Get over it —espetó Cyrus, sin mirarlas ni una vez.

Mis yemas le tocaron la barba, probando su textura; él afianzó su brazo alrededor de mi cintura para atraerme más hacia su cuerpo.

Cuando las puertas del ascensor comenzaron a cerrarse, mi impulso estalló y precipité mis labios a los suyos.

Las señoras gritaron antes de perdernos de vista.