48 Despertares #2
—Se dejó en evidencia al hacerse pasar por ti con un mensaje, te hackeó el teléfono. —Meneó la cabeza—. Estábamos por tomar té —se rio sin diversión—. Si mi padre no hubiese estado ahí... —No dijo más.
—No lo dejaste... —Carraspeé—. No lo dejaste en muy mal estado, ¿verdad? —Se lo pregunté porque, aun con todo lo sucedido, me preocupaba muchísimo el juicio de Cyrus. Si se veía envuelto en otro conflicto violento, podría ser su ruina.
—No. Apenas lo pude tocar. Mi padre me frenó antes, luego lo retuvo. Puse una denuncia, lo dejaron bajo custodia, y se contactaron con la policía de aquí.
—¿Lo encarcelarán?
—Por su bien, espero que así sea, porque si me lo topo en la calle, entonces sí tendré que enfrentar un juicio con cargos de homicidio. Y cuando encuentre al cómplice que falta, se arrepentirá no solo de haberte tocado, también de haber nacido.
—No digas eso. —Me estremecí.
—Es la verdad. —La turbiedad por el alcohol se notaba en sus ojos, también la tristeza y el desconsuelo—. Laila...
—Sé lo que vas a decir. No lo digas.
—Estás en esta cama por mí —afirmó de igual manera—. Sufriste un secuestro y te torturaron por mí. Necesito saber si te… si te… —Su expresión terminó de quebrarse, y con ello se me rompió el corazón. Le tomé la cara con firmeza.
—No. No me tocaron más allá —le aseguré con rapidez. Cyrus botó el aire que estuvo conteniendo. Deposité un beso en sus labios y proseguí—: Tú no controlas las enfermedades mentales de los demás.
—No fue Rixon ni su familia los que te hicieron daño, pero fue alguien cercano a mí de todos modos.
Y si gano el juicio, tal vez busquen otra manera de destrozarme, y tú eres la parte más vulnerable que tengo.
—Vi cómo sus ojos se ensombrecían todavía más—.
Te metí en mi mierda de vida, dejé que supieran que eres importante, y que me afectas.
Ya pagaste las consecuencias de una fama que no buscaste.
Ahora estás en una puta cama de hospital, Laila, con tres agujeros, quemaduras y golpes por todos lados. No me lo podré perdonar jamás.
—Respira, por favor. —Apoyé su frente contra la mía—. No te culpo, Cyrus. Nadie lo hará.
—Yo lo haré. —Se levantó de la cama, alejándose de mis manos—. Lo que está cerca de mí acaba mal. Mi hermana. Mi madre. Tú. Mi vida está marcada por una desgracia detrás de otra, y sabía que te arrastraría a eso al enamorarme de ti. Siempre te haré mal.
—Para. —Se me apretó el pecho—. Con todas las pruebas y testimonios encarcelarán a Frederick. Ya no podrá hacernos daño. Ganarás el juicio contra Rixon. Todo estará bien.
—Tú mamá es alcohólica —soltó de repente.
—¿Qué? ¿Qué tiene que ver eso?
—Todo. Como te has dado cuenta, el alcohol también es mi escape, y no puedes tener a dos alcohólicos en tu vida.
Un escalofrío me azotó la columna vertebral.
—No eres alcohólico. Lo tuyo aún es totalmente manejable.
Negó con la cabeza.
—He dejado de tomar este último tiempo gracias a ti, porque te volviste mi cable a tierra y mi salvación.
—¿Ves? —Le sonreí desesperada—. Solo necesitabas a alguien que te quiera como yo te quiero, que te demuestre que eres increíble, y hermoso por dentro y por fuera.
—No —bramó duro—. Que mi estabilidad dependa de una persona significa que sigo estando mal por completo.
Al primer problema vuelvo a caer. Puedes adivinar qué hice en el vuelo hasta aquí.
—No quise contestar—. Beber, Laila. Un Jack Daniels tras otro imaginando que te podría pasar algo horrible.
Que no te vería nunca más. Que morirías en este hospital.
Me bajé del avión dando botes, y no me importó, fue la única manera de controlar mi desesperación.
Estás en una cama de hospital, y yo estoy borracho.
—Junto las manos en la nuca con exasperación.
—Estabas nervioso y asustado. —Estiré los dedos hacia él. No se acercó.
—Es cosa de tiempo que vuelva a tomar, o quizá también te arrastre conmigo.
O tal vez alguien más te haga daño por mi culpa.
¿Qué pasará si me declaran culpable y acabo en la cárcel?
No podría hacerte eso, no dejaré que sufras más.
—Se pasó una mano por la boca, con la otra buscó la cajetilla de cigarros en el bolsillo trasero de su pantalón, y luego la lanzó al basurero con rabia, seguramente al recordar que ahí no permitían fumar—.
No puedo seguir corrompiendo tu vida de esta forma.
El corazón me empezó a latir veloz, con temor y dolor. Un miedo diferente, uno que estaba conectado directamente con mis sentimientos.
—No hagas lo que pretendes hacer —le rogué—. Tú mismo lo dijiste, bebiste y no lo estás pensando bien. No te rindas contigo ni conmigo. Mereces tener a gente buena en tu vida, personas que te quieran.
—Eso es lo que tú mereces, y jamás lo tendrás si estoy cerca.
—Cyrus.
—No.
—¡¡Es que no tiene sentido!! —me desbordé—. ¿Me vas a terminar por lo que hizo un psicópata? ¿Porque te han pasado cosas tan horribles que a veces bebes un poco demás? ¡¡Todo eso tiene solución!! No puedes permitir que controlen tu vida. ¡Estás dejando que Frederick y Rixon ganen!
Se detuvo a los pies de mi cama y me observó con intensidad. Pude ver el dolor en sus ojos. La tensión de los músculos de su cuello. El cómo tragó duro. La desolación escondida en sus facciones.
—Quiero que seas feliz. —Tomó un tono de absoluta convicción.
—Basta. Ven aquí ahora. No puedes ser un cobarde. Dijiste que estabas solucionando tus cosas.
—Sé que no lo entiendes, solo yo sé lo maldita que está mi vida, lo maldito que estoy yo, y lo mucho que te quiero para no hundirte conmigo.
—¡Pues ya lo hiciste! ¡Ya hiciste que me enamorara de ti, tonto! —le grité con las lágrimas amenazando por caer—. ¡Pensé que me querías!
—¡Te amo tanto que me vuelve loco! Lo que acaba de pasar solo confirma lo que temí, y lo que seguirá sucediendo si te mantengo cerca.
Corrí la cara cuando se acercó para darme un beso.
—I’m deeply sorry —se limitó a decir sobre mi cabeza—. Yo no dejo huellas ni cicatrices, Laila, yo destruyo todo lo que toco, y no te destruiré a ti también.
La máscara de misterio apareció en su rostro, levantó los muros que lo aislaban del mundo y se volvió impermeable para mí.
Así de simple, me sacó de su vida y se marchó.