46 LONDRES
Cyrus (traducido al español).
Los ingleses podían ser un grano en el culo para muchas cosas, y eso incluía la puntualidad. Después de media hora exacta de argumentos y contra argumentos entre George y el abogado de Rixon, el juez dio su veredicto en cuanto a la presentación de evidencia:
—Las pruebas han sido admitidas. Los veo en el juicio. —El juez cerró la audiencia con un golpe de mazo.
Cyrus recibió una palmada en su hombro de George, que sonreía con satisfacción y esperanza. También recibió siseos de odio y desprecio de Rixon y su abogado.
Cada vez que se encontraba con ese hijo de puta, tenía que acudir a toda su fuerza de voluntad para no romperle la nariz por segunda vez.
George comenzó a hablarle para distraerlo, y se marcharon de la sala.
De camino a la salida del tribunal, se toparon con la madre de Rixon. Tragarse una sopa de carbón hubiese sido más agradable que ver a la mujer que crio al asesino de su hermana.
Intercambiaron una mirada densa que duró medio segundo. Cuando la mujer pasó por su costado, ella murmuró:
—La desgracia te perseguirá siempre, abusivo.
La sangre de Cyrus regurgitó y este se volteó para enfrentar a la mujer, pero George alcanzó a frenarlo.
—Solo te está provocando para tener más pruebas en tu contra. —Los ojos de su amigo se dispararon hacia la espalda de la mujer, la que continuó caminando como si nada—. No caigas.
Cyrus soltó insultos por lo bajo y decidió hacerle caso. Pues la mejor venganza sería ganar en el juicio final.
—Como te decía —retomó George con rapidez—, con los mensajes de audio que pudimos recuperar del teléfono de Vania, tenemos más posibilidades de demostrar que es él el de la conducta agresiva.
Cyrus ya sabía eso, era la razón de por qué se esforzaron tanto para recuperar esos audios. De todos modos, le agradeció a su amigo; sabía que solo intentaba mantenerlo enfocado.
—No hables de más posibilidades —interfirió el padre de Cyrus al interceptarlos en la salida—. Habla de ganar el juicio de mi hijo.
Como si no bastara con los familiares del hijo de puta de Rixon, su padre le lanzaba ese comentario malagradecido al abogado que acababa de darle más chance.
—Padre —lo cortó Cyrus.
—Estamos trabajando en eso, señor Von Stein —replicó George, manteniendo la compostura.
Cyrus conoció a George en un bar al inicio de sus veintes, en la universidad, cuando George asistía a la Escuela de Leyes y él a la Escuela de Interpretación por presión de su padre.
Ambos pasaban los fines de semana olvidándose de la vida entre bares, mujeres y discotecas.
Se habían hecho buenos amigos desde entonces, y hoy George lo representaba en la demanda más importante de su vida.
—Más vale que así sea, la vida de mi hijo está en tus manos —insistió el padre de Cyrus.
Cyrus y George intercambiaron una mirada y acordaron silenciosamente que era mejor continuar la conversación después.
Una vez que George se marchó, su padre insistió en que fueran por una taza de té con Frederick para calmar los nervios post audiencia. Cyrus aceptó solo por darle en el gusto.
—Cuando se estrene Raxatar y el juicio haya quedado atrás, te lloverán las ofertas para las mejores películas —le comentó su padre en el camino al salón de té.
Cyrus suspiró. Sabía lo que su padre intentaba lograr con esos comentarios; no dejaba de presionarlo con lo de seguir actuando y quería influenciarlo como sea.
—Ya te lo he dicho y te lo repetiré solo una vez más: agradezco tu apoyo en esto, pero Raxatar es mi papel de despedida.
—¡No puedo entenderlo! —explotó su padre, igual que cada vez que tocaban el tema—. ¿Cómo te vas a retirar teniendo ese talento y proyección? Estás a un paso de alcanzar el éxito absoluto. Nos hemos preparado desde siempre para esto. Es nuestro sueño.
—Te equivocas, es tu sueño. Nunca fue lo que quise para mi vida —rebatió Cyrus—. Solo acepté Raxatar porque Frederick y tú insistieron con que sería bueno para el juicio, o me habría retirado mucho antes.
—Por el amor de Dios. ¡Es así! La fama te da credibilidad y más posibilidades de ganar en la corte.
—Por eso acepté, pero hasta ahí llegamos.
No seguiré siendo actor, y no hay nada que puedas hacer al respecto.
—Observó la decepción en el rostro de su padre, y él mismo saboreó la amargura.
Hacía años que había dejado de complacerlo en todo, aun así, la situación era tensa—.
No puedes seguir poniendo tus expectativas en mí. Se acabó.
—¿Y a qué te dedicarás? —Se exasperó su padre.
—Deja que acabe el juicio, y ya verás que vuelve a pensar con cordura —los interrumpió Frederick, que los esperaba afuera del salón de té—. Nuestro muchacho tiene la mente en cualquier parte.
—No sé cuál de los dos es más terco. —Cyrus negó con la cabeza—. No habrá vuelta atrás, entiéndanlo ya.
Su padre se pasó una mano por la cara, agobiado. Frederick sonrió; no creía en su convicción.
—Mejor entremos —murmuró su padre con mal humor.
—Necesito un minuto para hacer una llamada. —Cyrus sacó el teléfono para revisar los mensajes y contarle a Laila lo sucedido. Entre algunos mensajes de sus amigos que ni siquiera leyó, hubo uno que logró congelarlo.
—¿Cyrus? —llamó su padre al notar que no se movía. Ni respiraba.
Laila: Buenas tardes, Cyrus. Espero que hayas tenido éxito en la audiencia.
Debo decirte algo difícil, pero sé que lo entenderás: por mi propio bien y el de mi familia, he tomado una decisión, y es que no volverás a saber de mí.
Lo que tenemos se termina acá. No puedo seguir así, menos si pone en riesgo a los míos.
Tú y yo somos muy diferentes, y solo acabaremos fracasando.
No puedo tolerar todo lo que implica tu vida, es demasiado para mí.
Tienes que seguir actuando, alcanzando el éxito, y yo seguiré tranquila, con mis cosas.
No me llames, ni me escribas. Espero que respetes mi decisión.
Lamento hacerlo de esta forma, pero es lo más sencillo para ambos. Te deseo lo mejor.
No veía la foto de perfil de Laila, por lo que, o estaba bloqueado o lo había eliminado de sus contactos.
Cyrus leyó ese mensaje una y otra vez. A la primera pensó que era un error. A la segunda que era una broma. Y de la tercera en adelante comenzó a preocuparse, pero no porque pensase que Laila de verdad estuviese terminando con él, sino porque algo andaba mal.
Su padre y Frederick discutían sobre su futuro mientras él repasó frase por frase, buscando la parte exacta que delatara que aquellas palabras no eran reales, y se dio cuenta de que eran varias: «Buenas tardes», en su vida escuchó a Laila saludar así.
A su vez, el hecho de que estuviera terminando su relación por mensaje, era todo lo contrario a ella y su manera frontal de expresarse.
«Fracasando» era otra palabra que jamás la oyó decir.
Lo que lo terminó de convencer fue: «tienes que seguir actuando, alcanzando el éxito».
Esa no era Laila. Ella jamás lo impulsaría a hacer algo que no le gustaba, menos conociendo tan bien lo que es estar en esa situación.
Una corriente helada le atravesó el cuerpo, acentuando su mal presentimiento. Sus dedos temblaron al apretar el botón de llamada e ignoró las miradas de su padre y Frederick.
—¿Hola? ¿Cyrus Von Stein? —No era Laila la que contestó, para su pesar—. Soy... soy Kimi, su hermana, no sé si te acuerdas de mí.
—Sí —contestó Cyrus, frío y tieso como una piedra—. ¿Dónde está Laila?
—¿No está contigo? —La voz de Kimi era trémula, lo que empeoró sus nervios.
—Ella está en Río Polson, y yo en Londres —aclaró lo obvio.
—Ay, lo siento, pensé que podrías haber viajado de sorpresa. Pasa que —la chica sollozó— peleó con mamá muy temprano, y se fue de casa tan enojada que olvidó su teléfono.
—¿Tu madre me envió ese mensaje y bloqueó mi contacto? —Irónicamente, eso sería un alivio para él, porque querría decir que Laila no estaba bajo amenaza como temía.
—¿Qué? —Kimi sonó confundida, y se acabó su esperanza—. Nadie ha tocado su teléfono, lo he tenido cerca desde que Laila se fue, por si me llamaba desde otra parte.
Ya no solo le temblaban los dedos, sino que todo el cuerpo. Cerró los ojos y apretó tan fuerte la mano que el móvil crujió en sus dedos.
—Su teléfono ha sido hackeado —le informó a Kimi.
—¡¿Qué?! ¿Cómo lo sabes?
—Kimi, ¿hace cuántas horas no ves a Laila?
—Desde las siete y media de la mañana, más o menos.
Cyrus calculó la diferencia horaria: en Río Polson ya era la una de la tarde. El supuesto mensaje que recibió de ella era de hace media hora.
—¿No está con Luna?
—No, Luna está aquí, también está preocupada.
Lo más común sería pensar que Laila estaba escondida por ahí, enojada por la pelea.
Pero, primero, ella no dejaría pasar el preguntarle cómo le fue en la audiencia; hubiese encontrado la forma de llamarlo, lo sabía con certeza.
En segundo lugar y lo más grave, era que le habían hackeado el teléfono, y eso revelaba que lo que sea que estuviese ocurriendo, era peligroso y de urgencia.
—Necesito que llames a la policía y avises que Laila ha desaparecido.
—¿Crees que le ocurrió algo malo? —Cyrus se controló para no explotar contra ella y sus tantas preguntas. La chica no tenía la culpa—. La policía no hace nada hasta que se cumplan cuarenta y ocho horas de desaparición.
Cyrus mantuvo los ojos cerrados y de repente supo exactamente lo que tenía que hacer.
—Me haré cargo. Por favor, avísame desde tu teléfono si sabes algo de ella. Anota mi número, saca el chip del teléfono de Laila y destrúyelo apenas terminemos esta llamada.
Le trancó antes de que le hiciera más preguntas que no le podía responder.
—Padre —habló ahogado—, necesito que hagas algo por mí. Debes llamar a Richard para que mueva sus contactos con la policía internacional.
Su padre se mostró tan confundido como atento.
—Laila... —Cyrus tuvo que tomar una bocanada de aire para pronunciar lo siguiente—: Laila ha desaparecido.
—El pánico por verla herida o algo peor se disparó en su torrente sanguíneo—.
Sé que está en problemas. Necesito que la policía comience a buscarla mientras yo viajo hacia allá.
—Su respiración entrecortada casi no lo dejó modular correctamente.
Todavía no le había contado a su padre sobre Laila, pero este tendría que entender lo importante que era para él—.
Algo no está bien, quizás fue Rixon para vengarse de mí.
—Cyrus —su padre elevó ambas manos, desconcertado—, voy a necesitar más información de esta chica, la que dices que se llama Laila. Quién es, dónde y cuándo desapareció...
—Te enviaré todo por mensaje. —Cyrus se encaminó desesperado hacia la calle para tomar un taxi que lo llevara al aeropuerto de inmediato, sin perder más tiempo.
—¡Cyrus! —lo llamó Frederick, que se había mantenido al margen hasta ese momento—. Déjala, hijo. Piensa, no vas a cruzar el atlántico para buscar a una muchacha escurridiza, ¿verdad? Quizás ella no quiere ser encontrada.
Cyrus se giró hacia él como un tornado de niebla, truenos y caos.
—Espero haber escuchado mal. ¿No estarás insinuando que no debería preocuparme por ella? —Los dientes de Cyrus se apretaron al hablar.
—Si ella cortó contigo, si no te llamó después de la audiencia, tienes que seguir adelante, como siempre lo has hecho.
—Yo... —La mente de Cyrus se nubló por un instante, hasta que se aclaró con una dura y fría realidad—. No les he dicho que ella me terminó. —Avanzó hacia su representante. Frederick comenzó a retroceder.
—Es lo que supuse, hijo.
—Deja de llamarme hijo —espetó Cyrus.
—¡¿Qué está pasando?! —exigió saber su padre.
—Cyrus, debes calmarte. —Frederick subió la voz, en un pobre intento de mostrar fortaleza—. Esa muchacha está haciendo que pierdas la cabeza. Son de mundos muy diferentes, si sigues así, solo acabarás fracasando.
«Tú y yo somos muy diferentes, solo acabaremos fracasando». Las palabras del mensaje y las de su representante eran casi idénticas, lo que confirmó sus horribles sospechas.
Cyrus agarró a Frederick de su chaqueta y lo estrelló contra la pared exterior del salón de té.
—¡¿Qué mierda has hecho?!