Las huellas de Laila 44 Enfrentamiento
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44 Enfrentamiento

Cyrus tuvo que marcharse al amanecer para viajar a Londres y prepararse para la audiencia del lunes. Nunca había odiado tanto que saliera el sol. Mis sábanas impregnadas de su olor y yo queríamos seguir acurrucadas junto a su cuerpo desnudo. Mi cama estaba fría y vacía después de que se marchara.

«¿Qué haremos desde ahora? ¿Cómo lo arreglaremos para vernos cuando tú te la pasarás filmando películas, yendo a premieres, y yo estaré aquí?» le había preguntado antes de que se marchara.

«No aceptaré ni una película más. Ahora más que nunca haré lo que quiero hacer con mi vida, y lo que quiero eres tú».

Después de esa revelación, me dio un beso profundo en la entrada, y se fue antes de que Nana o mamá pudieran conocerlo. Ya habría oportunidad más adelante para presentarle a mi familia.

Solo un par de horas más tarde, recibí un correo electrónico de otra dirección extraña, aun cuando había bloqueado remitentes desconocidos.

Cyrus había enviado a instalar cámaras a mi casa, ¿pero esto? Tendríamos que contratar a un ingeniero informático para que rastreara la dirección IP o algo así. Además, ¿qué diantres significaba «has desviado a nuestro muchacho»? Quien fuera que mandaba esas notas estaba demente.

Me pasé el fin de semana extrañando a Cyrus y trabajando en mi portafolio, también ignorando las preguntas metiches de Nana. La amaba con todo mi corazón ¡pero estaba loca si creía que le iba a contar detalles íntimos!

Kimi llegó para quedarse en Río Polson durante su receso académico. Era el momento adecuado para confesarle que tenía una relación con su crush. Me puse nerviosa, y hasta le pedí perdón.

—Entonces, Cyrus Von Stein no es solo tu amigo —repuso con lentitud, a lo que negué—. Y ahora están juntos.

Asentí llena de culpa.

—Kimichurri, sé que él es tu amor platónico, es que...

—¡Aaaay, basta! ¿De verdad creíste que no lo sabía? ¿Que fue a un programa ordinario a llamar tu atención porque eres solo su amiga? ¡Hay cientos de videos en TikTok sobre ustedes dos! Y lo viral que se hizo su aparición con el señor Ruiz solo confirmó todo.

—¿Qué? ¿Y tú ves ese tipo de videos en TikTok? —Se me apretó el estómago.

—Me sorprende que pienses que no. Como sea, lo admiro y lo sigo, no lo conozco más allá. Es guapo, como muchos, pero dejó de ser platónico para mí apenas lo vi contigo por videollamada. —Agitó la mano y me despeinó—. Dime que no pensabas que me enojaría.

—Pensé que estabas enamorada de él o algo.

—A veces me preocupas, Laila. ¿Sabes cuántas celebridades me parecen interesantes?

¡Infinitas! Cyrus estaba entre ellos, pero desde que te vi tan cercana a él, empecé a shipearlos.

¿Cómo no hacerlo? Es de lo más cool que mi hermana esté saliendo con él.

Además, ahora está de moda Jake Raffel, ocupa el puesto número uno en mi ranking.

—¿En serio? —Jadeé sorprendida. Y aliviada. Muy aliviada.

—¡¡Por supuesto!! Mi hermana, a la que le falta un tornillo, por fin encontrando a un hombre que le llega a los talones, no como ese loquito de tu exjefe.

—La hice callar porque fue subiendo la voz—.

¿Cómo podría enojarme, boba? ¿Ahora puedo emocionarme, por favor?

¡¡¡Mi hermana está saliendo con Cyrus Von Stein! !!

El lunes comenzó con los chillidos de Luna a través de una llamada.

—No te entiendo, habla más despacio —murmuré somnolienta después de que el tono agudo de su voz casi me rompiera el tímpano.

—¡¡El karma llegó!!

—¿Qué pasa? ¿Qué karma? ¿Estás bien?

—¡Que sí! ¡El karma le llegó a Diane Hamilton!

—¿Cómo dices?

—¿No te has metido a Instagram o Tiktok?

—Estoy evitando las redes sociales por ahora. Y los lunes la joyería cierra. Recién me estoy despertando. —Separé el teléfono de mi oreja para ver la hora—. Luna, ¡son las seis de la mañana!

—Escúchame, anoche hubo un revuelo en redes sociales porque se filtró una compilación de videos de Diane comportándose como una auténtica perra durante el rodaje, con todos; camarógrafos, asistentes, cocineras, y más. No solo fue una maldita diva contigo, sino que con muchos de la producción.

—¿Qué? ¿Quién subió esos videos?

—No tengo idea, pero están por todas partes y amo a quién haya sido. —La puse en altavoz y abrí las redes sociales para indagar por mi cuenta. Efectivamente, había videos de Diane siendo déspota y un montón de análisis al respecto.

—¿No los habrás subido tú? —Me levanté y fui a la cocina para prepararme un café.

—Mi venganza no podría llegar tan lejos; rompería la promesa de confidencialidad, podrían demandarme y quitarme hasta lo que no tengo. No fui yo la que te vengó, amiga. Lo siento.

—No sé cómo sentirme.

—¿Bien, obviamente? No tuvimos que hacer nada, el mundo se está dando cuenta de cómo es Diane Hamilton en realidad.

—Se le podría arruinar la carrera.

—Laila, bonita de mi corazón, ¡¡te trató de ladrona!!

—Estaba despechada.

—Por las barbas de mi difunto abuelo, tienes que dejar de ser tan comprensiva con gente que no lo merece. A todo esto, ¿cuándo es la audiencia de Cyrus?

—Hoy, más tarde. —Se me revolvieron las vísceras con solo tocar el tema.

—Estoy segura de que le irá bien. ¿Ya viste la teoría de las fans de Cyrus que dice que estás embarazada de él?

Por poco se me cae la taza.

—¡Luna! No quiero saber.

—Ay, es que son de lo más divertidas. Mucha gente te encuentra hermosa y dicen que eres «la favorita de Dios» y se preguntan qué dijiste exactamente al rezar para que el cielo te enviara a Cyrus.

Tengo muchos nuevos seguidores, creo que descubrieron que soy tu mejor amiga, y quieren averiguar sobre ti a través de mí.

—Luna.

—Está bien, no te contaré nada más al respecto. Ah, otra cosa.

—¿Qué más?

—Los videos de Diane se filtraron justo después de que esa mentirosa subiera una historia a Instagram llorando, la muy hipócrita, diciendo que tuvo problemas con el elenco de Raxatar, que fue menospreciada y discriminada, y que desaparecería de las redes por un tiempo porque necesita reconectar y cuidar de sí misma ¡Y la zorra añadió que además sufrió un hurto en el rodaje! ¿Puedes creerlo?

—Uf. Si llega a culpar públicamente a Cy de algo, la mato.

—Por fin estás usando la cabeza.

—¿Encontraste trabajo?

—Agh, tú siempre arruinando las buenas noticias. No. Pero tengo un chisme personal.

—A ver.

—Ingrid me invitó a la boda de Jésica.

—Ingrid... ¿la mejor amiga de Jésica?

—Sip. La misma. Me depilaré hasta el asterisco para esa noche.

—Guau. Me alegra oír eso. La boda es en febrero, qué anticipada.

—¿No es una ternura? Me invitó mucho antes, ¡quiere decir que desea que comencemos a salir antes de la boda!

Seguimos conversando hasta que mi madre apareció en la cocina con cara de haberse tragado todo el alcohol de la faz de la tierra la noche anterior. Me despedí de Luna y le tranqué.

—¿Por qué no están guardadas las tazas? —siseó mi madre y al mismo tiempo se masajeó las sienes.

—Ahora iba a hacerlo, anoche me distraje con Nana y la televisión. Lo siento.

Solo recibí un gruñido desaprobatorio en respuesta.

—Mamá, Kimi comentó que hoy querías hablar con ella sobre algo, y estaba media nerviosa. ¿De qué trata? Si es que quieres contarme.

—Ah, sí. Le tengo una excelente noticia: le encontré un trabajo part-time para estas semanas de receso —informó con orgullo, sirviéndose café.

—Ah. Bueno, pero ¿por qué le buscaste trabajo? Ella se paga sus cosas y está de vacaciones. Si quiere trabajar, lo buscaría ella misma... —Me callé cuando mamá bajó la taza con fuerza y repiqueteó contra el mesón.

—Porque no es suficiente con lo que tenemos, por eso. Porque perdiste tu trabajo, y ahora ganas menos y no nos alcanza. No querrás que le pida dinero a Nana, ¿o sí?

—Pero eso no es culpa de Kimi —comencé a molestarme—. Ella no gasta en nada extra, y además te pasa parte de su mesada que le envía papá.

—Kimber tendrá que agradecerte a ti que necesitemos dinero.

Te advertí que cuidaras de tu trabajo en Torms de Alba.

Dudo que encuentres otro lugar donde te paguen tan bien sin tener un título universitario.

Si me hubieras hecho caso con terminar tu carrera, la historia sería distinta.

—Le puso un chorrito de alcohol a su café desde un botellín que sacó de su bolso.

Cerré los ojos e intenté contar hasta diez.

—Mamá, no ganas mal en el banco, te sobraría dinero si dejaras de ser una alcohólica. —No logré contenerme. Una cosa es que fuera injusta conmigo, pero que quisiera arrastrar a Kimi a su hoyo de miseria me hizo enfurecer.

—¿Quién te has creído para insultarme así? —Apretó los dientes.

—No te insulté, mamá. Eres alcohólica. Es un hecho. Cuanto antes lo asumas, más fácil será buscar ayuda. —Había intentado decírselo muchas veces con palabras bonitas que no dieron resultado.

Mamá tiró la taza al suelo y los trozos volaron hacia las esquinas. Pegué un salto.

—¡Y qué más quieres! —estalló—. ¡Si tu padre me dejó por otra y tuve que criarlas a las dos sola! ¡Trabajé como una esclava para ustedes! ¡Soy así para poder aguantar esta vida de mierda que me tocó!

—¡Eso no es nuestra culpa, mamá! ¡Pasó hace veinte años! ¡Y deberías querernos lo suficiente para darte cuenta de que tu alcoholismo nos hace daño y tratarte! ¡Somos tus hijas!

Kimi apareció en el marco de la cocina.

—Mamá, cálmate, por favor. Nana sigue durmiendo —le pidió.

—¿Calmarme? ¡Calmarme! ¡Son un par de hijas malagradecidas que me dan la espalda cuando lo he dado todo por ustedes!

—¡Queremos ayudarte! —rugí—. ¡Tienes que ir a terapia o será cada vez peor!

—Debí entregarte a un orfanato cuando tu padre me dejó, ahí hubieras visto lo que es que las cosas se pongan peor. Ahora tendría un problema menos.

Estaba borracha todavía, y el alcohol la ponía así, a decir esas cosas hirientes.

—No me haces daño diciéndome eso, solo te estás haciendo daño a ti misma, porque te odias y te quedarás sola.

—Entonces lárgate de mi casa y déjame sola.

—Mamá —Kimi intentó intervenir—, no seas así.

—Tú no te metas —la frenó—. Tú, ándate de mi casa —me dijo con los ojos aguados.

—Mamá...

—¡¡Ándate de mi casa!!

No lo soporté más. Nada más. Mi corazón ya no lo toleraba.

Ella estaba enferma, lo sabía, pero no tenía que aguantar que me pateara cada vez que le daba la gana.

Me harté de ser comprensiva con gente tan dañina.

Dante, Diane, mi madre. No podía salir ilesa de una vida así.

Era cosa de tiempo que yo acabara tan rota como ella.

Fui a buscar una chaqueta y con el corazón roto guardé un par de cosas en mi bolso.

—No la escuches, está borracha. —Kimi me siguió—. Dormirá un rato y luego fingirá que nada ha pasado.

—Pero sí pasó. Me insultó y me echó —sollocé—. Sí me ha hecho daño, otra vez.

—Ya la conoces —insistió Kimi, viendo cómo me ponía el abrigo.

—Sí, por eso sé que me insultará toda la vida si me quedo. Es una adicta que no quiere asumir su realidad. —Me limpié las lágrimas con la manga y tomé mi bolso.

—No te vayas...

Cerré la puerta.

No pasaría un día más en esa casa. Viviría bajo el puente de ser necesario, pero no volvería a vivir con ella si se seguía negando a sanar. Solo esperaba que no se desquitara con Kimi y que Nana estuviese bien, sino vería cómo llevármelas conmigo a donde sea que fuera.

Los padres de Luna me adoraban, y de seguro me recibirían en su casa hasta que encontrara algo por mi cuenta.

Caminé, caminé y caminé. No me di cuenta hasta mucho después que no llevé mi teléfono conmigo, cosa que no me importó.

Luego haría que Kimi me pasara el resto de mis cosas importantes, incluyendo el portafolio.

Le pediría a Luna su teléfono para llamar a Cyrus y preguntarle por su audiencia.

Llegaría a la casa de Luna andando, no era gran cosa, solo estaba a unas cuantas calles, pero antes de hacerlo necesitaba drenar.

Avancé sin parar, con la mente en blanco, hasta que el sol estuvo en su punto más alto, dándome a entender que era medio día.

Tenía la garganta seca por el ejercicio y la falta de agua.

Comenzaron a dolerme las pantorrillas y la espalda.

Cuando mis pies protestaron por la extenuante caminata, decidí que era hora de ir en busca de Luna para refugiarme en su casa. Luego pensaría qué hacer con mi vida.

Me aventuré por una callecita desolada que unía dos avenidas. Un auto ralentizó su velocidad, y me incliné por si era alguien que ubicaba; Río Polson no era muy grande y era común encontrarse con alguna cara conocida.

No fue el caso. Se bajaron dos hombres con pasamontañas a plena luz del día, y me agarraron antes de que pudiera gritar, correr o sacar el gas pimienta de mi bolso.