Las huellas de Laila 39 Vuelta de página
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39 Vuelta de página

Encontramos a Bruno encamado con otra chica en nuestra habitación. Estábamos en un hostal, ya que las grabaciones de dicha película se realizaban en una ciudad grande y concurrida.

Luna gritó espantada tras encontrarlos. Yo tuve el buen tino de recoger la ropa de ellos y llevármela. Subí a la azotea, encendí unas llamas en un fogón para asar, y les quemé la ropa.

—¡¿Qué haces?! —Llegó Bruno poco después, envuelto en una toalla. Lancé sus pantalones al fuego—. ¡Esas son mis cosas!

—Le fallaste a mi amiga de la peor forma, y mientras tú y yo sigamos trabajando juntos, te haré la vida imposible hasta que se te queme el maldito cerebro.

—Perra bastarda, no sabes cómo me las vas a pagar apenas lleguemos al desierto.

—Tú eres el que no sabe cuán perra puedo ser.

Julio 2025

Salí de la oficina de Dante con lágrimas de impotencia. Afuera había más gente de la que esperaba y los gorilas intentaban contenerlos. Cyrus. Luna. Diane. Carli. Incluso el representante de Cyrus. No se tardaron mucho en reanudar la disputa.

Pasé de eso. Estaba dolida, furiosa y decepcionada. También preocupada. ¿Qué haría ahora? Mi madre. Mi familia contaba con mi aporte mensual.

Arrastré los pies, y apenas reparé en que Cyrus le increpaba cosas a Diane que no pude oír por el bullicio de los demás. También escuché que Carli se enfrentó a Dante cuando este salió de la oficina y, para mi sorpresa, me defendió.

—La asistente Ferrera ha sido una buena empleada, Don Dante, y con todo respeto y sin deseos de desacreditarlo, esto podría ser un malentendido. Como estamos justos de personal, le solicito encarecidamente que este lío se investigue con mayor profundidad.

Nunca me imaginé que llegaría el día en que ella estuviera de mi parte.

—No —sentenció Dante. Ni siquiera la miró.

—¡Gracias! —aulló Diane por su decisión.

—Sabía que eras un cobarde, pero creí que al menos podrías hacer tu trabajo medianamente bien. —Cyrus mantuvo esa calma que era todo menos tranquilizadora, como una bomba silenciosa a punto de implosionar.

Luna me alcanzó y me rodeó los hombros para que me detuviera.

—Lo que pase con mis empleados no te incumbe, Von Stein —contestó Dante, rodeado por los dos gorilas de seguridad.

—Me incumbe lo que me dé la puta gana y sobre todo lo que tiene que ver con ella.

—Cyrus, stop! —gritó la loca de Diane—. Let it go! You're working!

—Cállate, sucia mentirosa —se metió Luna.

—¡Luna Cortés! —la regañó Carli con la mandíbula desencajada.

—Señorita Cortés, está despedida usted también —declaró Dante tras ponerse los lentes de sol.

—¡Iba a renunciar de todos modos, payaso! —se burló mi amiga.

—Mejor, entonces. Así me deshago de las dos de una vez por todas —resolvió él—. Ahora fuera de mi vista.

—You fucking piece of shit. —La dureza de Cyrus me erizó los vellos y se abalanzó contra Dante.

Diane gritó. Carli se cayó de culo. Luna jadeó. Dante vaciló. Los gorilas se interpusieron. Agradecí que Frederick también estuviera ahí, ya que fue él quien atajó a Cyrus de los brazos.

—¿Qué pasa, Torms? —Cyrus forcejeaba con su representante—. ¿Solo te gusta golpear mujeres?

Dante echó una mirada a cómo los demás se enteraban de esas cosas personales, y apretó los dientes.

—Di lo que quieras. No soy yo el que irá a la cárcel. —Dante terminó la conversación con un movimiento de mano y comenzó a alejarse.

—Ya está, Cy. No vale la pena. —Me acerqué a él—. Ni esta empresa, ni Dante, ni nada de esto. Acompáñame, por favor. —No quería que se metiera en más líos, menos por mí. Frederick lo soltó de a poco, asegurándose de que estuviera controlado.

La cosa habría terminado ahí, pero todavía faltaba la guinda del pastel. Conociéndola tan bien, no entendía cómo no vi venir que mi amiga, la pacifica, hippie y vegana, arremetiera contra él.

—¡Nos vamos felices de esta empresa de mierda cuyo gerente es un cerdo!

—gritó Luna—. ¿Escuchaste, Dante? ¡Eres un cerdo reprimido!

¡Narcisista! —Nos dejó con la boca abierta a todos, excepto a Dante, que continuó caminando sin inmutarse.

Sabía que por dentro estaba hecho una furia por estar pasando aquella vergüenza—.

¡Y tú, rubia desabrida —le gritó a Diane, quien tenía los brazos cruzados—, puedes irte a la mierda junto con él, porque te demandaremos por calumnias y todos tus seguidores se enterarán de cómo mentiste e inculpaste a Laila de un robo inventado!

¿De dónde pensaba sacar dinero para dicha demanda? Ni idea, pero le salió espectacular.

—No puedes, bajo ningún motivo, retirarte de la película a estas alturas, hijo —expresó Frederick en un español tan claro que me sorprendió.

—Tú me presionaste para aceptar este papel de mierda —acusó Cyrus.

—Acordamos que era lo mejor para tu imagen, y por ende para el juicio —le debatió con paciencia paternalista—. Si renuncias ahora, te costará otra demanda, y no nos podría venir peor. Si te quedas, te harás más famoso, y será un punto a favor en los tribunales.

—Frederick tiene razón. —Cerré mi maleta con brusquedad—. Si haces que la productora te demande por incumplimiento del contrato, dejarás que Diane y Dante ganen. No permitas que su estupidez te meta en más problemas.

Cyrus se relamió los labios.

—Listen to your girl —insistió Frederick.

—Te quedan pocas escenas por grabar, y ninguna con Diane —agregué con el fin de animarlo. Cyrus se despegó de la ventana para tomar mi maleta en el momento en que yo intenté bajarla al suelo.

—Quiero acompañarte hasta tu casa —expresó.

—Sé llegar a mi casa, soy una mujer grande —bromeé para disimular la amargura.

—Anotaré sus direcciones y me encargaré de que un taxi pase a recogerlas al aeropuerto. Y les compraremos asientos de primera clase —ofreció Frederick. Me obligué a sonreír.

—Todo estará bien, Cy —mentí. Nada estaría bien viviendo con mi madre.

Cyrus soltó una maldición y me agarró la cara con ambas manos.

—No quiero despedirme de ti —admitió, sin importarle que Luna y Frederick estuviesen ahí.

—No lo harás, hablaremos todos los días. —Puse las manos sobre las de él.

—Ay, bésense ya, así me alegran un poquito —suspiró Luna, y dejamos de tocarnos.

Nuestro recorrido hasta la camioneta fue parecido a cuando Katniss se presentó como tributo en Los juegos del hambre. Los cuyes nos esperaban en el límite del recinto, formando un pasillo de despedida.

—Las extrañaremos, preciosas —se despidió Vico en nombre de los demás—. No será lo mismo sin ustedes, y después de este rodaje dejaremos nuestra queja en Recursos Humanos por la injusticia que cometió la empresa con despedirlas.

Carli estaba al final.

—Busquen otra cosa útil que hacer, no se queden calentando el culo en sus casas ni dándole dolores de cabeza a sus padres. ¿Entendido? Y por el amor a todo lo humano, no se metan en más líos.

Carli y su brusquedad no combinaban con sus palabras maternales. Cuando quise abrazarla para despedirme, retrocedió.

—No exageres, niña. —Los demás cuyes se rieron.

El señor Ger se nos acercó para despedirnos con un apretón de manos, y mantuvo la mía en la suya para añadir:

—No mires atrás. Aléjate de todos y mantente a salvo.

Esto es lo mejor que te pudo pasar. —Me regaló una pequeña sonrisa entre sus frases raras.

Él simplemente pensaba que en casa de mi madre estaría mejor.

Lo único cierto era que en Rio Polson me mantendría a salvo, pues en el pueblo no pasaba nada ni aunque yo misma buscase un poco de adrenalina.

La presencia de mis colegas, ex colegas, no dejó que me despidiera de Cyrus como quería. Quizá fue para mejor; las despedidas me sabían horrible. Las odiaba.

—Bueno, a ver —les hablé a todos en general—, nada de caras largas.

Sé que Luna y yo somos el alma de la fiesta y les costará vivir sin ver nuestros hermosos rostros cada mañana, pero al diablo, nosotras no los extrañaremos a ustedes cuando nos levantemos a las tres de la tarde —bromeé.

Todos sabían que no podíamos darnos la gran vida estando desempleadas.

Diferencié a Bruno entre los cuyes. Nos estaba grabando con su teléfono.

—Y a ti, feo salmón —le dije a Bruno—, espero que el pene no te vuelva a funcionar en la vida.

—¡Púdrete, ladrona! —gritó el pelirrojo.

Tuve que tomarle la mano a Cyrus para que no fuera hacia él. Suficiente violencia por un día. Bruno tampoco valía la pena.

El mismísimo señor Ger le quitó el teléfono al pelirrojo y lo lanzó a la tierra húmeda. Quedé impresionada por su cuota de agresividad.

—No puedes filmar cuando hay un actor presente —repuso enfurruñado. Carli rezongó, dándole la razón.

Luna se dio el gusto de levantarle el dedo central a Bruno, cerrando su historia de esa manera.

Los cuyes se despidieron de nosotras con Vico a la cabeza, y nos subimos al vehículo.

—See you soon, love —murmuró Cyrus. El descontento y la rabia todavía se le notaban en el rostro.

Cuánto quería darle un beso de despedida (y también una nalgada).

—Nos vemos pronto, Cy.

Para mi sorpresa (y la de todos), Cyrus se inclinó y me dio un beso fugaz en los labios, cuya intensidad revolucionó todo mi sistema.

Los cuyes gritaron como colegiales. Cyrus cerró la puerta y el vehículo se puso en marcha, dándole a mi vida una nueva vuelta de página.