35 Regalo personal
Carli estaba furiosa después de que tres asistentes rompieran un trípode de cámara, y nos reunió a todos para sermonearnos.
—Yo tengo cinco cuyes —decía nuestra supervisora—. Cinco roedores con cerebros del tamaño de una semilla, ¡y ni ellos son tan brutos! —Nos comparó con sus cuyes durante veinte minutos. Desde ese día, los asistentes de producción nos autodenominamos «cuyes».
El canto de feliz cumpleaños estuvo lleno de bromas, de risas, y de Luna empujando mi cara en una porción del pastel que nadie se quiso comer después.
Estar con ella, con Cyrus, y con los de la producción fue mejor de lo que habría imaginado. Solo eché de menos a Kimi y a Nana, aunque hace años me había acostumbrado a pasar mis cumpleaños sin ellas.
Agradecí de que el ambiente estuviese más bien oscuro, pues el rubor en mis pómulos después de ese intercambio de fantasías sucias con Cyrus no hubiese pasado desapercibido para nadie.
El señor Ger, que era más educado que todos los empleados juntos, se acercó a mí después del canto y me entregó una caja con una cinta.
—No tenía que preocuparse de comprarme nada, señor Ger.
—No gasté dinero, lo prometo. Solo lo mandé a buscar. —Al ver que yo no entendía, continuó—: Mi esposa tuvo muchos pasatiempos, dibujar fue uno de ellos, pero lo abandonó, y todo esto —tocó la caja— se quedó guardando polvo. Te lo regalo con la ilusión de que se vuelva algo útil.
Decidí abrir la caja ahí mismo, Cyrus me ayudó sosteniéndola; contenía cinco cuadernillos de dibujo, y al menos cincuenta lápices de distintos tonos y grosores.
Una enorme sonrisa se desplegó en mis labios.
—Señor Ger, esto es perfecto. —Lo abracé con fuerza—. Lo cuidaré mucho. Gracias.
—Mi esposa querría que sirviera de algo. —Me dio una palmadita en el hombro, y capté la tristeza al hablar de su esposa enferma—. Ustedes dos —agregó para Cyrus y para mí mientras yo inspeccionaba los lápices con alegría—, ¿andan de novios?
Levanté la cara como un resorte.
—Ojalá tuviera esa suerte —contestó Cyrus.
—Ya veo. Planean estar juntos, ¿no? —insistió—. Creo que nadie se gastaría una millonada en una fiesta como esta para alguien que no es su pareja.
—¡Tyler se está besando con uno de sonido! —El anuncio de Luna cortó la conversación.
—Ay, ay, ay. Yo mejor me iré a la cabaña a descansar —anunció el señor Ger y agitó la mano—. Ya debe estar llegando mi taxi.
Luna me agarró del hombro para girarme. En efecto, Tyler Deloux se estaba besando con un chico.
—Bueno, quizás no juega en tu bando. Es mejor así. No hay nada de malo contigo, sino que no entras en sus ligas —la animé.
—¿Le gustarán solo los chicos? —Luna miró a Cyrus en busca de respuestas.
—No tengo idea.
—Supongo que nunca tendremos una oportunidad. —Luna formó un puchero dramático y se fue arrastrando los pies. El semblante triste le duró hasta que un grupo de cuyes la rodeó en un baile apretado.
—Es mi turno —anunció Cyrus.
—¿De qué? ¿También quieres besar a un chico? —Moví las cejas.
—De darte tu regalo.
—Pero si esta fabulosa fiesta fue el regalo.
—La fiesta no cuenta.
Resoplé con fuerza.
—No vas a ponerte a cantar y a quitarte la ropa en frente de toda esta gente, ¿verdad?
—Para tu desilusión, el regalo no tiene nada que ver con eso.
—Uf. —Me desinflé—. Qué decepción.
Un brillo peligroso apareció en sus iris. Me tomó de la mano y me llevó a una puerta de servicio para salir a la noche fresca. Nos rodeaban algunos vehículos, árboles, y nos acompañaba un afortunado cielo despejado lleno de estrellas.
Me invadió una poderosa ola de calor. Recé porque me pusiera contra un árbol y me besara. Maldito británico, era tan guapo.
—Te traje aquí porque el ruido impedirá que te explique bien.
Pum, pum, pum. No sabía si me palpitaba más el corazón o el nudo de nervios en mi zona baja.
—¿Explicarme qué?
Cyrus sacó tres papeles doblados del bolsillo trasero de su pantalón.
—Feliz cumpleaños.
—Qué... —Alejó las hojas cuando intenté tomarlas.
—Prométeme que me dejarás explicarte antes de volverte loca.
—Prometido. —Le arrebaté los papeles. Los desdoblé llena de intriga y comencé a leer. Eran correos electrónicos.
Señorita L. Ferrera
Presente
Hemos recibido su solicitud para el programa académico “Diseño de Vestuario con Mención en cine y televisión” y ha sido tomada en consideración para ser aceptada.
Como es un programa gratuito, realizamos un proceso minucioso de selección.
Por ello, debe enviar su portafolio a la dirección adjunta.
De ser seleccionada como alumna, la contactaremos a la misma dirección de correo electrónico.
De lo contrario, puede intentarlo de nuevo el año que viene.
Le deseamos mucho éxito.
Saluda,
Héctor Figueroa,Jefe de Sede Artística,Instituto DCAT.Buenos Aires, Argentina.
Impactada, pasé al siguiente papel en silencio.
Laila Ferrera:
Tengo el agrado de comunicarte que hemos leído tu ficha de postulación para la versión benéfica del curso intensivo “Diseño de Vestuario en Cine” y estás dentro de las preseleccionadas.
Te solicitamos revisar las bases para esta etapa y enviar tu portafolio.
En caso de estar entre los diez mejores puntajes, deberás acceder a una entrevista vía online.
Mucha suerte.
Lisa Rass,Escuela Superior de diseño.Madrid, España.
Buenos Aires, Argentina. Madrid, España.
Miré a Cyrus con mi corazón latiendo más rápido que el de un conejo asustado. Sin decir nada, Cy me hizo un gesto con el dedo para que leyera el último papel.
Señorita Laila Ferrera:
Su solicitud de beca para la Escuela Diamond Desing Academy ha sido recibida y ya se encuentra dentro de la fase 1.
A partir de este momento, esperamos su portafolio con el objetivo de entrar a la carrera de Diseño de Vestuario Cinematográfico.
Puede encontrar el detalle, las bases y las fechas importantes en el archivo adjunto.
Una vez cerrada la recepción de portafolios, los seleccionados para la fase 2 serán determinados en un plazo mínimo de 90 días. Si es elegida, deberá presentarse en Nueva York para defender su portafolio.
Agradecemos su interés por pertenecer a nuestra casa de estudios.
Se despide,
Walter FristofDecano, Diamond Desing AcademyNew YorkUnited States of America
Nueva York. U.S.A.
Releí los tres por si estaba delirando. Solo había bebido un vodka y dos daikiris, por lo que estar borracha e imaginando cosas quedaba descartado.
—¿Qué es todo esto? —musité.
—Si no te gusta la idea, puedes desecharlos y será el fin del asunto.
—Se metió las manos en los bolsillos y reacomodó los pies—.
Te la pasas dibujando atuendos para películas imaginarias.
Te he pillado diseñando más veces de las que puedo recordar.
Lo único que hice fue buscar escuelas que se ajustaran a eso y que ofrecieran financiamiento.
Fui a la parte de solicitud de becas, rellené con tus datos, completé fichas, escribí tu historia y envié lo que pedían para iniciar las postulaciones.
No dije ninguna mentira. Ah, y te hice una cuenta nueva de email para no arruinarte la sorpresa.
—Se pasó una mano por la nuca después de que yo no reaccionara—.
Es solo el inicio, Laila. No es nada decisivo.
Más silencio. Mi pecho subía y bajaba. Me limité a contemplarlo mientras se desataban todo tipo de fuegos artificiales en mi interior.
—Si sientes que te pasé a llevar, yo mismo llamaré mañana a las tres escuelas y haré que revoquen tus solicitudes.
—Tragó con fuerza—. Lo hice porque tal vez necesitas un empujón.
Quiero que tengas eso que sueñas, Laila.
No es justo que te conformes con la vida que te obligaron a tener.
—Desvió la mirada al suelo—. Me pareció una buena idea.
—Es la mejor idea.
Subió los ojos de golpe.
—No estás aceptada todavía, tienes que enviarles tu portafolio —aclaró. Noté que estaba nervioso.
—Pase lo que pase, seguirá siendo el mejor regalo —mi voz salió estrangulada. Casi me pongo a llorar. La idea de perseguir un sueño me conmovía hasta la médula—. Porque confías en que puedo lograrlo.
—Of course I do, love. You’re absolutely extraordinary. —Ladeó la cabeza—. Tengo otro regalo para ti, obviamente.
—No. Ahora yo te daré un regalo a ti. Un regalo personal.
Su rostro se llenó de expectación. Cerré la distancia entre nosotros, le rodeé el cuello con los brazos, y sellé nuestros labios en un impulso intenso.
Cyrus jadeó ronco en mi boca de inmediato. Pensé que me apartaría. Muy por el contrario, separó mis labios con los suyos y nuestras lenguas se enredaron en una danza apasionante. Conquistó mi interior como si ya lo hubiera hecho cien veces antes: con confianza, con posesión y necesidad.
Mis dedos subieron hasta su pelo, y enterré las uñas allí. Me puso contra un tronco de árbol, y me agarró de la cintura con fuerza.
Enrosqué una pierna en su cadera. Cyrus presionó su cuerpo contra el mío, y su dureza se hundió en mi abdomen, dejando expuesto que me deseaba tanto como yo a él.
Profundizó nuestro beso cuando gemí, y una de sus manos me acunó un pecho con fuerza.
Comencé a frotarme, pidiéndolo, exigiéndole, rogando por su erección cada vez más dura. Cyrus se alejó de mis labios con las pupilas dilatadas, la boca entreabierta, y una expresión voraz.
—Dime que quieres volver a tu fiesta de cumpleaños, Laila. Dímelo ahora.
—¿O qué?
—O lo único que recordarás de esta noche será que te quedaste afónica gritando.
Una sonrisa felina brotó de mi boca. Posé la mano libre en su cuello, y le agarré el labio inferior con los dientes.
—¿Eso es algo que se dirían dos amigos? —pregunté burlona.
Cyrus gruñó.
—Ahora mismo te veo de muchas formas, en muchas posiciones, y en ninguna eres mi amiga.
Estaba preparada para pedirle que me lleve a la camioneta.
Antes de hacer eso, una voz miedosa de mi cabeza me advirtió que esto se acabaría tarde o temprano, y que me dolería como el infierno.
Yo acababa de terminar una relación, y él se involucró con su compañera de rodaje hacía unas semanas. Incluso él sabía que no debíamos ir más allá. En ese momento solo se estaba dejando llevar por la emoción.
De repente saltaron las alarmas defensivas y me abrumé. No podía saltar de una relación complicada a otra en menos de un día. No era sano.
—¿Laila? —Buscó mi mirada.
—Regresemos a la fiesta, Cy. Estoy un poco mareada. —El calor de mi cuerpo quedó en segundo plano por la inseguridad que bailaba en la base de mi garganta.
Cyrus se mostró perplejo, luego tomó mi mano y regresamos al galpón.