Las huellas de Laila 31 Pasaje solo de ida
51%

31 Pasaje solo de ida

Nana me llamó para avisarme de que le habían detectado cáncer en uno de sus chequeos anuales. Dijo que estaba en las etapas iniciales y podía ser tratado a tiempo, que le tomaría unas cuantas radios, pero que debía esperar a que la salud pública la llamara para comenzar el tratamiento.

Usé mi máxima fuerza de voluntad para que me escuchase optimista; debía ser fuerte por ella para no angustiarla más.

Cuando colgó, corrí al baño a llorar, preguntándome por qué mi vida siempre tenía que ser tan difícil, y si algún día lograría cambiar eso.

Las facciones de Dante se aseveraron.

—Escúchame, lamento...

—¿Qué lamentas? ¿Tener que encargarte del «problema» que soy?

—Te presentaste en mi oficina de la nada.

—Sí, ¿eso justifica que permitas que hablen así de la mujer con la que llevas una relación desde hace dos años?

Creí ver una pizca de remordimiento en su rostro.

—¿Y qué querías que hiciera?

Amplié los ojos. No podía creer su pregunta.

—Ah, pues, mira, no sé, ¿ponerte los pantalones, quizá?

Dante dejó caer una mano con exasperación.

—¿Quieres que les lance la bomba de que salgo contigo así como así? No puedo llegar y decir que…

—¿Qué sales con una asistente? ¿Qué va a pasar? ¿Les saldrá urticaria porque mis padres no son unos mega empresarios? ¿O soy demasiado de «cabaret» para ellos?

—No seas maleducada. —Apretó los dientes. Me reí una vez.

—No, claro, perdón, señor Torms. Verdad que se necesitaba una estrategia nuclear para presentarme a tu familia. Si mi nombre fuera Laila Batchewererer Rhowewewet, heredera de la cadena de hoteles Werwewewet ¡me los habrías presentado hace años!

—No digas estupideces. —Se relamió los labios.

—¿Son estupideces acaso?

—Así son las cosas y punto, Ferrera. Si te gusta bien, y si no...

—¿Sabes qué? Para eso mismo fui a tu oficina, porque tomando ese «y si no», te invito a irte a la mierda con un pasaje solo de ida.

Como te da vergüenza andar conmigo, yo no tengo nada que hacer contigo.

Me alejo de ti, de tu personalidad reprimida y de tu vida de doble estándar.

No es mi problema que no tengas los huevos para enfrentar a los tuyos y mostrarte tal cual eres.

Esto se acaba acá. —Le di la espalda y me alejé.

—No puedes hablarle así al gerente. —Seguí caminando—. Ferrera. ¡Laila! —Lo ignoré, no quería dedicarle un segundo más—. Los dos sabemos que no vas a terminarme nunca.

Me volteé furiosa. Para sorpresa de ambos, Cyrus apareció detrás de él, tan alto, tan fornido, y con una expresión tan peligrosa que Dante titubeó al verlo por encima de su hombro.

Cyrus traía un café en su mano; de seguro era para mí, por mi comentario sobre mi necesidad de tres litros de café.

—¿Vas a dejarla en paz o tendré que te obligarte otra vez? —increpó a Dante con una tranquilidad que me puso los pelos de punta.

—Esto no te incumbe, Von Stein. Regresa a tu trabajo —escupió Dante.

—¿Escuché bien? ¿Pretendiste darme una orden? —Cyrus bajó la barbilla. Dante se acomodó la chaqueta térmica, intentando mantener la compostura y no le contestó—. Laila, ven conmigo —suavizó la voz para mí y me tendió la mano libre.

Dante le apartó el brazo con brusquedad. Ahogué un grito.

—Ya sé que a tu mentecita le cuesta entender algunas cosas, pero ella es mía. Lárgate.

—Ella no es de nadie. —Cyrus avanzó y quedaron frente a frente.

—Basta —quise intervenir, tirando de Cyrus.

—Deja de meterte en nuestra relación de una vez por todas —masculló Dante.

—¿De qué relación hablas? ¿De la relación donde te has avergonzado de ella?

—Ya me hartaste. —El café cayó al suelo cuando Dante lo agarró de la camiseta.

—¡Dante, déjalo! ¡Los verá alguien! —exclamé.

Lo empujó, haciendo que la espalda de Cyrus chocara con el tronco de un árbol.

—¿Eso es todo, Torms? —Cyrus bufó una risa.

—¡Paren, por favor!

Dante elevó el puño, Cyrus lo esquivó y a cambio le atestó un golpe en la nariz. Dante recuperó el equilibrio tras tambalearse y se lanzó a embestirlo por el estómago. Ambos cayeron convertidos en una masa difusa de puños y patadas.

¿Podía ser eso más horrible? De adolescente deseaba que dos hombres se pelearan por mí. Tonta e ilusa; la realidad de ese deseo era espantosa.

Cyrus lo dejó contra la tierra, listo para golpearlo en medio de la cara.

—¡Por favor, no! —insistí. Cyrus levantó la mirada, jadeando—. No lo hagas.

La furia en su semblante se difuminó con lentitud. Bajó su mano empuñada y se puso de pie soltando una maldición.

Dante respiraba agitado cuando se levantó, y se quitó una rama enganchada de su chaqueta.

—Veremos cómo te va en tu juicio después de que se enteren de que has agredido a otra persona —sentenció con dureza, limpiándose la sangre que le caía de la nariz por uno de los golpes que Cyrus sí alcanzó a darle—. Pienso viajar a Inglaterra de ser necesario.

—Dante, basta —gruñí.

—Eres un peligro para la sociedad —continuó—. Deberías estar en la cárcel desde hace mucho. Tomaré un vuelo esta misma semana.

—Hazlo. Mejor si te vas lejos de ella, así estará más segura y libre de un depravado como tú —replicó Cyrus.

—Ya verás, eres un verdadero delincuente. Te haré caer.

—Tú lo golpeaste antes, Dante Torms de Alba, no harás tal cosa ni viajarás a Inglaterra. ¡Es el actor principal de uno de tus clientes! Ambos se quedarán sin trabajo si alguien llega a enterarse. ¡Esto es ridículo! —Tomé a Cyrus de la mano—. Vámonos, Cy.

Cyrus no quiso hablar de la pelea, pero sí de lo que pasó con los señores Torms de Alba.

Dijo que hablaría con Richard, el productor que también era abogado, para que evitasen contratar a Torms de Alba en el futuro por sus tratos despectivos a sus empleados, y para que tomen medidas durante este rodaje.

Lo tuve que obligar a prometerme que no haría nada de eso, y así Dante tampoco haría nada, como ofrecerse a declarar en su contra en el juicio.

La cabeza me daba vueltas. No me percaté de que seguíamos tomados de la mano hasta que nos topamos con Diane; su mirada eléctrica bajó enseguida a nuestros dedos entrelazados. Hice el gesto de soltarlo, pero él se afianzó a mí.

—You're late. —Diane se mordió el interior de las mejillas.

—My apologies —contestó Cyrus.

—Iré a trabajar —murmuré y deslicé los dedos fuera de la mano de Cyrus.

—Yes, you should. —Diane esbozó una sonrisa de arpía.

—Lindo anillo —comenté cualquier cosa para aligerar la pesadez del aire.

Diane observó su anillo lleno de diamantes que formaban una media luna.

—Thanks.

—Te busco al terminar y vemos una película ¿te gusta la idea? —me propuso Cyrus. Todavía estaba alterado por la pelea.

Diane puso una expresión peor a la anterior por oír aquello.

—Sí, sí. Claro. Una película para reforzar nuestra amistad. —Balanceé el antebrazo.

—Great, yay! —Diane rodó los ojos sin molestarse en disimular su sarcasmo. Se dio media vuelta y se marchó a la zona de ensayos.

Cyrus se despidió de mí, y yo me quedé ahí de pie sin saber bien qué ocurría en mi vida.

Acababa de terminar una relación de dos años con Dante.

Dante y Cyrus se habían peleado.

Tomarle la mano a Cyrus me resultaba natural.

Cyrus me había dicho que amigos antes que todo.

Puede que estuviese comenzando a tener sentimientos peligrosamente profundos por él.

El sonido de mi teléfono me salvó de ahogarme en mis pensamientos.

Desconocido: Caminar junto a Cyrus es igual que caminar directo al peligro. Aléjate de él antes de que lo lamentes.

Lo que faltaba: otro mensaje de las fans extremas de Cyrus. Esta vez no a través de Instagram ni a mi correo, sino que era un mensaje de texto a mi número privado. No era extraño, hoy en día los hackers podían acceder a todo de manera fácil, solo que me resultaba molesto.