Las huellas de Laila 26 La prenda
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26 La prenda

Carli me llevó hasta la carpa de vestuario y se detuvo en la entrada.

—El jefe pidió que durante este rodaje te ponga a trabajar aquí todo el tiempo posible —masculló mi jefa—. No sé qué hiciste, si es bueno o malo, pero te toca ordenar este desastre.

—¿Cuál jefe?

—¿Cuál jefe va a ser, niña? El señor Torms.

—¿El señor Torms te pidió que me pusieras a trabajar con el vestuario? —Observé la ropa de los actores acumulada en distintos montones.

—¿No es lo que acabo de decir? Ponte a ordenar el vestuario en los colgadores por actor y escena. Intenta acabar antes del almuerzo.

Junio 2025

La expresión de Cyrus estuvo a punto de quebrarse, tal como mi corazón. El hueco vacío que se me instaló en este era inmenso.

—Lo siento. Lo siento muchísimo. —No sabía qué más decir. Era una historia horrible y quería llorar—. ¿Fue ahí cuando destruiste al tipo?

—No —escupió con un graznido—. Me fui con mi hermana al hospital.

Con su cuerpo. Realizamos el funeral a los dos días.

Rixon ni siquiera apareció, y ahí me enteré por las amigas de Vania que la había golpeado muchas veces antes, y que ella se maquillaba las lesiones para ocultarlo.

—Sus dientes rechinaron y sus manos crujieron—.

Hicimos un juicio, testificó el compañero de piso, también las amigas, pero no había pruebas contundentes y la familia de Rixon tiene contactos.

Hicieron pasar lo de Vania como un accidente, que se había caído sola por un ataque de histeria.

—Maldito desgraciado.

—Días después, todavía no me sentía capaz de vivir normal por tener tanta culpa.

Culpa de no haber hecho más por Vania. Y me pasé una mañana bebiendo en un bar.

Rixon regresó al trabajo en la empresa de su padre como si nada.

Lo transmitieron en las noticias locales, lo vi ese mismo día, en la televisión del bar, y eso fue todo.

Llegué al lugar y lo agarré a la salida para molerlo.

—Un músculo saltó en su mandíbula—. Lo golpeé como nunca golpeé a nadie antes ni después en mi vida.

Se metieron algunos de sus colegas, pero no me detuve hasta darme cuenta de que lo mataría si no paraba.

Me dije que hasta ahí debía llegar; no reviviría a Vania con eso, por más veces que enterrara los nudillos en su maldita nariz. Matarlo sería demasiado fácil para él.

»Él quiso seguir la pelea. Intentaron detenerlo, y Rixon resbaló. No lo volví a tocar, Laila, te lo juro. Él tropezó en la acera y se golpeó la nuca contra la solera. Quedó en coma por dos años. Dos años. —Por fin, Cyrus levantó la mirada turbia.

—¿Despertó del coma luego de dos años? —Cyrus asintió. Me quedé estupefacta—. ¿Entonces ahora recién...?

—Su familia no levantó cargos en mi contra antes.

Sabían que Rixon era el culpable de matar a Vania.

Pero el cobarde se despertó luego de dos años, abrumado por perder tanto tiempo, con problemas para moverse, teniendo que aprender a caminar y comer de nuevo, y dijo que yo lo lancé contra la acera.

—Negó con la cabeza—. Puso una demanda, y desde ahí...

—Su pecho subió y bajó—. Estoy metido en esto.

Los medios locales se enteraron, mi representante está como loco intentando sacarme del ojo del huracán, y ha disminuido a la prensa todo lo posible.

Recordé que su madre murió poco después que su hermana. Maldita sea. El infierno que Cyrus atravesó en los últimos dos años era de lo peor.

—Mis malas decisiones me llevaron a este lío.

Y por eso, Laila —se giró hacia mí y me tomó las manos, recobrando fuerza—, también odio, me enerva, me desquicia cuando un hombre se sobrepasa con una mujer.

Cuando le falta el respeto. Cuando no la valora.

Cuando se atreve a tocarla en contra de su voluntad y forcejea con ella. Ahora entiendes el porqué.

Asentí dos veces. Lo comprendía. Dante no sabía nada de lo que hablaba ayer por la noche; Cyrus no tenía problemas de ira, tenía problemas con los maltratadores de mujeres. Jamás se sobrepasaría con una.

Rixon golpeó y mató a su hermana, por Dios. Era imposible no defender a Cyrus.

—¿Y cómo va la demanda? —terminé por preguntar.

Cyrus observó cómo sus dedos trazaban líneas invisibles en los dorsos de mis manos.

—El juicio será más adelante, y tendremos unas cuantas audiencias previas para presentar pruebas. Mis abogados están recolectando fotos, testigos, de todo, para asegurar mi inocencia. Como te dije, Rixon tiene contactos. Su familia es reconocida en Inglaterra.

—Por esto te estabas tomando un descanso de la actuación.

—Algo así. No tenía ganas de actuar. Frederick me presionó para que volviera a mi vida normal, y así demostrar que no tengo nada que temer ni ocultar. —Rodó los ojos—. Se presentó esta oportunidad, y aquí estoy.

Abrí la boca para buscar aire. Cyrus hizo lo mismo y me observó con intensidad.

—Eres lo mejor que me ha pasado en muchísimo tiempo —confesó—. Es como si la vida me estuviese dando una segunda oportunidad para hacer lo correcto. Te has convertido en un lugar seguro para mí.

La opresión en mi pecho se hizo mayor.

—Si pudiera cambiar todo, lo haría —prosiguió—.

Haría que Vania cortara con Rixon después del primer grito.

Llegaría antes a buscarla ese día, como sea.

Patearía el culo de ese hijo de puta cuando lo conocí.

Pero no puedo. Solo me queda intentar enmendar la mierda que ya está hecha, luchar por ser mejor, y pagar lo que tenga que pagar.

Lo único que rescato de este camino, es que me trajo hasta ti.

Cyrus ya estaba pagando bastante más caro que Rixon, según mi parecer. Perdió a su hermana y a su madre. Rixon durmió por dos años en un hospital y ahora vivía tranquilo, cuando era él el que debía estar en la cárcel.

—Antes de ti solo podía apagar la ira bebiendo.

Sé que a veces bebo demasiado, en horarios que no son normales, y tienes razón.

—Meneó la cabeza—. Empecé a hacerlo desde la muerte de Vania, y seguí después de la de mi madre.

Durante un tiempo pensé que ya no me gustaba beber, pero luego cayó la maldita demanda y…

—Se pasó el dedo pulgar por la ceja—. No lo sé.

Estar contigo me ayuda a olvidarme de todo lo demás.

—Creo en ti. —Le agarré la cara—. Creo en tus ganas de dejar atrás lo que te hace mal, la ira y los excesos.

Y también sé que el coma de Rixon no fue tu culpa —enfaticé—.

Las lesiones, la nariz quebrada que probablemente le dejaste pudieron serlo, pero ese estado de gravedad se lo provocó él solo.

Rixon también tomó malas decisiones que lo llevaron hasta ese punto.

Tu golpe no lo mató, el suyo sí mató a Vania.

Cyrus exhaló irregular.

—No quiero darte lástima.

—No me das lástima —repliqué con rapidez—. Lamento el horrible efecto dominó que te llevó hasta enfrentar un juicio. ¿Tú padre te apoya?

Gruñó por lo bajo.

—No nos llevamos demasiado bien desde que Vania falleció. Nunca se recuperó del todo. Ahora está convencido de que mientras más famoso sea, más fácil será ganar el juicio por presión mediática.

—Entiendo. Pues yo tengo esperanza. No, tengo certeza de que la justicia de Inglaterra hará bien su trabajo. No acepto que el mundo sea tan injusto. El karma tiene que aparecer en algún momento. Estar dos años en coma luego de matar a alguien y luego demandar a un inocente es demasiado cómodo.

Cyrus apoyó su frente en la mía. Subió los dedos y me acarició la comisura de la boca.

Nos mantuvimos así por un momento. La fuerza de gravedad entre nosotros era inmensa, tenía que luchar para no hacer algo indebido.

—Si el veredicto resulta bien a mi favor —susurró—, la familia de Rixton no lo aceptará, y puede que tomen medidas más drásticas. Esa gente está mal de la cabeza. Lo que menos quiero es ponerte en riesgo. No soportaría que te pusieran una mano encima.

Aunque ese temor me hizo estremecer, su aliento fresco volvió locos a mis sentidos.

—Cyrus, no tienes que preocuparte por eso ahora, ni deberías dejar que condicione lo que haces o dejas de hacer. —Podía saborear lo mentolado del interior de su boca—. Debe importarte lo que tú desees, y enfrentar lo que suceda en el camino.

Tragó saliva. Yo también.

Se separó un mínimo para mirarme a los ojos. Sus facciones se suavizaron y sus pupilas se dilataron al máximo.

—Tú eres lo único que deseo a todas las malditas horas.

Sus labios cayeron sobre los míos.

Me besó despacio pero intenso, tanteando la textura y el roce. Yo no me alejé. Su sabor era una cosa magnifica; a pasta de dientes y a él. Era atrayente, como dejarse llevar por olas cálidas y transparentes. Era caer en un colchón de nubes, y saber que todo estará bien.

Cyrus jadeó mi nombre y me rodeó la cintura con su brazo.

—No... No, no, no. Cyrus, no.

Él todavía tenía la boca abierta, en el mismo ángulo que me había besado, entonces pestañeó marcado.

—Lo lamento... —Negó con la cabeza—. No. ¿Qué estoy diciendo? No lo lamento en absoluto.

Cogí aire con urgencia y me levanté.

—No sigamos hablando, por favor. Debo irme.

—What? No! Please don’t leave like this.

—No puedo hacer esto ahora. —Puse una mano entre nosotros—. No quiero ser este tipo de persona. Estaría montándole los cuernos a Dante.

—No es así. —Presionó los labios—. Te esconde, te humilla, y están juntos cuando él quiere. Si yo no estoy a la altura, él menos. No tienen nada real.

El nudo de mi pecho se me subió a la garganta. No podía tomar decisiones con la mente así de nublada.

Retomé mi camino a la salida con Cyrus murmurando cosas en británico y pisándome los talones. La puerta del baño estaba entreabierta, y atisbé algo brillante. Mi instinto me hizo frenar y retroceder. Mi espalda chocó con Cyrus, y este se quedó de piedra.

Era una tela amarilla. Un vestido.

El vestido de Diane, el que llevaba puesto la noche anterior, estaba en el suelo del baño de Cyrus.

—Please, just listen to me. Anoche estaba alterado porque sabía que estabas con él. —Encendí la luz del baño con los ojos fijos en la prenda—. Bebí demás, mucho demás, lo que no es excusa. Tú estabas con él, y Diane vino conversando conmigo hasta las habitaciones y...

—No tienes que darme explicaciones —lo corté. ¿Por qué quería llorar?

Lo peor es que yo sabía por qué quería llorar. Estaba celosa, asquerosamente celosa. Acababa de decirle que no podía besarlo, y aun así me sentí traicionada y celosa. Era una canalla.

—Quiero dártelas —insistió—. Entró aquí, y yo estaba tan borracho y molesto que no le di importancia.

Me pidió usar el baño, y luego salió en ropa interior.

Se acercó a besarme y, no te mentiré, intenté devolverle el beso porque quería deshacerme de las imágenes desagradables que no me podía quitar de la cabeza.

—Se pasó los dedos por la frente—. Apenas la tuve sobre mí me di cuenta de que no era a quién quería besar, que nada te borraría de mi mente.

Duró menos de un segundo, después le pedí que se fuera. Se enojó y se largó sin vestirse.

—De acuerdo. No quiero hablar más.

—Please, Laila...

—No, Cyrus.

Abrí la puerta con demasiada fuerza, y la cerré con más fuerza aún.