Las huellas de Laila 22 Ojalá te quedaras para siempre
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22 Ojalá te quedaras para siempre

Salí del cine antes de que siquiera empezara la película.

—¡No puedes contestar mi teléfono para amenazar a León!

—Alguien tenía que frenar a ese mocoso.

—¡Dante!

—Tus gritos son innecesarios. Te solucioné el problema, ese inservible ya no te molestará.

Me agarré el puente de la nariz.

—No te pedí ayuda —escupí molesta—. Este tipo de cosas no están en nuestro acuerdo.

—Tampoco está prohibido —agregó con sorna.

—¿Estás de broma o qué? ¡Lo que hiciste no tiene ni una pizca de gracioso!

—Cuida tu tono.

—¡Qué demonios te pasa! —grité más alto. Dante me lanzó esa mirada dominante—. ¡Y una mierda! No vuelvas a tocar mi teléfono. Nuestra relación es sexo y nada más, recuerda tus propios malditos límites.

Pasó un trío de chicas que nos miraron con curiosidad.

—¿Te parece que lo que tenemos es solo sexo, Ferrera? —susurró Dante, tomándome de la muñeca y llevándome a un lugar más apartado.

—¿Qué quieres decir? —mascullé con irritación.

—Quiero decir que no solo practicamos sexo. —Mantuvo la voz baja—. Me importas. Lo nuestro es sexo y un poco más. Y me malditamente duele si tonteas con alguien.

—Tú también me importas y no tonteo con nadie, pero estás confundiéndome con este tira y afloja.

—Me dejé caer en un banco—. ¿Qué es eso «sexo y un poco más»?

Salimos a cenar, me llevas a festivales, me cuentas los problemas de tu vida, me abrazas, me dices que te importo, nos mensajeamos, me traes al bendito cine para mi cumpleaños, pero no puedes presentarme a tus padres o a tus amigos, y debemos andar a escondidas siempre. ¿Qué diablos es esto? ¿Somos novios?

—No —contestó tan rápido que me dolió.

—En ese caso, respeta los límites iniciales de nuestro acuerdo: solo sexo.

Junio 2025

Luna dejó la maleta encima de la cama con sus cosméticos desparramados.

—Iré a tomar aire —se dirigió hacia la puerta—, con Vico.

—No tienes que irte.

—Sí, si tengo. No por Cyrus, sino porque de verdad necesito calmarme, o cuando llegue Carli a despedirnos le lanzaré mi maravilloso perfume a la cabeza, y no quiero irme presa. —Abrió nuestra puerta con fuerza—. Hola, aquí estamos, las que pelearon en el comedor. —Pasó por el costado de Cyrus.

Cyrus la siguió con la mirada por un segundo y luego me dedicó toda su atención. Entró en el container pasándose una mano por la nuca y cerró la puerta tras de sí.

—Me enteré de lo que pasó.

Dante: ¿Qué has hecho?

Dante: Llámame AHORA.

Un ruidito de agobio escapó por mis labios y me llevé las manos a la cara con ganas de seguir llorando.

—Look at me, love. —Sentí las manos de Cyrus en mis rodillas—. No pasa nada.

—Sí, sí pasa. Nos van a echar por mi culpa. —Mi voz quedó amortiguada entre mis manos.

—La mayoría está de acuerdo con que ella fue la que lo provocó. Ger las apoya, a él lo escucharán por tener más edad. —Me quitó con paciencia los mechones de pelo enredados entre mis dedos—. Y no dejaré que te despidan, y a Luna tampoco.

—Gracias, pero no tienes nuestros contratos bajo tu control.

—No me importa. —La calidez en su voz me convenció de bajar las manos. No estaba sentado en la cama de Luna como imaginé; se encontraba acuclillado frente a mí. Su cuerpo apenas entraba en ese estrecho espacio entre los dos colchones.

—No intervengas por mí, por favor, por eso después piensan que soy una puta.

—El que se atreva a decir algo así otra vez acabará con un cactus metido en el culo.

Casi me rio.

—Estoy bien, Cy. No quiero quitarte más tiempo.

—No estás bien, y no me iré a ninguna parte.

—Diane debe estar esperándote.

—¿Qué te hizo ahora? —Giró la cabeza hacia la mesita de noche.

—¿Cómo dices? —Seguí su mirada hasta el ramo de tulipanes.

—¿Qué te hizo Torms ahora como para enviarte flores?

—¿La verdad? Nada. Estoy molesta contigo, de hecho —se me escapó entre los sollozos. Las cejas de Cyrus se arquearon. Un sabor amargo me inundó la boca—. Ay, es que estoy muy sensible, perdón. No es un buen momento para hablar de eso.

—¿Molesta conmigo? ¿Por qué? —Echó la mano hacia atrás y me entregó los pañuelos desechables de Luna sin quitarme los ojos de encima. Saqué uno y me limpié la nariz.

—Porque… —Mi voz se tornó más débil; siempre me pasaba lo mismo al querer explicar qué me hizo molestar. Cyrus me puso el pelo detrás de las orejas y me acunó la cara mientras yo pasaba la punta del pañuelo por la comisura de mis ojos.

—Dímelo, Laila —me pidió con ternura—. ¿Qué fue? ¿Qué hice para que te molestes? ¿Te dijeron algo feo en redes sociales? De ser así, me tomaré el tiempo de responderle a quién sea que haya sido.

—¿Qué? —Arrugué la nariz—. No. ¿Cómo me va a importar eso?

—¿Entonces qué hice? —El ruego se filtró en su tono.

—No es nada.

—A mis veintiocho años ya sé que para las mujeres «nada» es «todo», y es muy crucial para mí que seas sincera conmigo. —Bajó las manos a mis piernas.

—¿Muy crucial para ti? —Cyrus asintió. Sacudí los hombros—. ¿Por qué?

—Porque eres tú. —Se las arregló para encajar su torso entre mis muslos. Su toque fue igual de reconfortante que un escudo blindado—. Necesito saber cómo te hice daño para remediarlo.

Con esos ojitos de cachorrito debía engatusar a las mujeres, y yo era una de ellas.

—Es que anoche salí a hablar por teléfono y te vi con Diane, Tyler y algunos otros. —Comencé a romper el pañuelo desechable pedacito por pedacito.

Él aguardó silencioso para que continuara.

—Te estaba esperando con la cena lista —expliqué encogida de hombros, y las palabras comenzaron a salir muy rápido—: Luego vi que tenías a Diane enroscada en el cuello justo antes de recibir tu mensaje diciéndome que estabas cansado.

Y te fuiste con ella. Entonces me sentí mal.

—Tiré los trozos de pañuelo al suelo—. Te había cocinado ¡y odio cocinar!

Dijiste que te gustaba el risotto de champiñones, eso fue lo que preparé.

Me dejaste plantada por ella. Es algo tonto, ya lo sé.

Puedes hacer lo que quieras con tu tiempo libre, obviamente.

—Decirlo en voz alta hizo que me resultara absurdo—. Te dije que no era nada importante.

Era imposible que fuese «nada importante» si me estaba comportando como la reina del drama.

Maldijo por lo bajo y me acarició las piernas

—No te dejé plantada por ella.

—Eso fue lo que vi.

—No fue así. Nos demoramos después de grabar.

Tyler quiso hablar de las cosas que queremos agregar por nuestra cuenta en unas escenas, y no pude negarme.

Fuimos donde los de audiovisual para preguntar si eran posibles unos detalles, y después otros colegas llegaron con cervezas.

No había comido y bebí un poco demás. —Suspiró pesado—.

Antes de eso recibí unos mensajes con malas noticias de mi representante, y no quería estar de mal humor contigo presente, ni ebrio.

Seguí bebiendo camino al hotel, y luego continué en mi habitación hasta dormirme y olvidarme de todo.

Procesé ese trozo de información y ladeé la cabeza.

—Bebiste en tu habitación… con Diane. ¿Te acostaste con ella? No tienes que responder si no quieres.

Se le escapó una sonrisa. ¿Qué le parecía tan gracioso?

—Of course not, love. Cada uno se fue a su habitación, o al menos yo lo hice. —Se levantó y se sentó en la cama de Luna, tomándome las manos—. Perdón por haberte dejado con la comida preparada. Me siento un imbécil.

—Puedes decirme si te acuestas con ella, o con quien sea. No pasa nada.

—¿Por qué necesitas aclarar eso?

—No lo sé.

—¿Te molestaría si me acostara con otra chica?

Con solo escuchar aquello se me revolvió el estómago otra vez.

—Por supuesto que no. —Me reacomodé en la cama—. ¿Qué malas noticias te dio tu representante?

Cyrus me contempló un momento, y decidió obviar mi notoria desviación del tema.

—Nada que ver con la película, ni nada que deba preocuparte.

—Pero me preocupa si se trata de algo que te afecta tanto.

—Nothing, love. Really. Es algo que solucionaré en su debido momento.

—Llevas semanas poniéndote tenso cuando recibes mensajes. Lo he notado, ¿bueno?

Apretó los labios y guardó silencio.

—Ya veo —murmuré—. Somos amigos, pasamos todas las noches juntos, me llevas a tu hotel, te cuento mis dramas, pero no nos tenemos tanta confianza como para que tú me cuentes tus cosas.

—No se trata de eso.

—Solo somos amigos para pasar el rato y beber. Que, de paso, bebes bastante alcohol, tenía que decirlo. —Alcé las manos—. Y por supuesto no me contarás si eso tiene que ver con ese misterioso problema tuyo y con los múltiples mensajes de tu representante que siempre te amargan.

—Don’t do this, love —sonó a súplica. Me levanté y avancé a la cocina. Él se pasó la mano por la cara con agobio—. Eres importante para mí, por eso no quiero molestarte con mis problemas.

—¿Y para qué son los amigos si no? —Apoyé el trasero en el pequeño mesón—. Los que te quieren de verdad estarán contigo en las buenas y en las malas.

Levantó los ojos de golpe.

—¿Me quieres? —Utilizó esa voz gruesa y áspera de película antigua, y se le formó una sonrisa a medias.

—¡Obvio que te quiero! ¿Cómo podría no hacerlo? Eres una persona hermosa. —Dejé caer las manos con pesadez. Su sonrisa a medias se transformó en una mueca—. ¿Qué dije ahora?

—Hay cosas que no sabes de mí. —Se vio como el hombre introvertido y sombrío que conocí el primer día de rodaje—. Cosas por las que nunca seré digno de que me quieras. Y cuando las sepas, quizá nunca vuelvas a hablarme, menos a quererme.

—No digas eso. —Se me apretó la garganta—. Yo no soy así. Estás asumiendo algo que no tienes cómo saber a menos que me cuentes lo que está pasando.

Cyrus se me acercó con un gruñido bajo. Dentro del container se veía más alto de lo que era, y daba la sensación de que su espalda chocaba con las paredes.

Se aproximó tanto que tuvo que inclinar la cabeza para mirarme. Me tomó la cara entre las manos, y mi corazón se desbocó cuando tuve su rostro a escasos centímetros del mío. Pese a que fumaba, solo olía a pasta de dientes y a él.

—Yo también te quiero, Laila. Ojalá te quedaras para siempre.

Ambos ignoramos la llamada que entró en mi teléfono.

—Perdón por no poder decirte algunas cosas —continuó—. Te prometo que lo haré cuando sea correcto. —Bajó la cabeza un poco más; saboreé su aliento.

Santa virgencita del cielo. Esta posición se veía comprometedora. Se sentía comprometedora. Era comprometedora.

Se me sacudieron partes internas que no quería que se sacudieran.

—Laila…

La puerta del container se abrió abruptamente.

—¡¡Carli no nos despedirá!! —La voz de Luna llenó todo el lugar—. ¡¡Han cambiado a Cristina de puesto y ya no será una cuye!! —Se calló al vernos arrinconados—. Upsi.