Las huellas de Laila 16 La foto
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16 La foto

—Creí decirte que te invitaría a cenar hoy.

—¿Y? ¿Tenía que venir de gala o algo? Dijiste que iríamos a un lugar tranquilo, normal.

—Ferrera, llevas unos pantalones rojos y un sweater rosado con corazones. No te miraste al espejo antes de salir.

—¡Claro que me miré!

—¿Entonces por qué te pusiste algo que no combina?

—Uf, perdón, Señor Experto en Moda. —No le hizo ni una pizca de gracia—. Esta combinación sí se usa en el siglo veintiuno, para tu conocimiento. Es una de mis favoritas.

Dante tomó su billetera y las llaves del vehículo.

—Pensaba llevarte a comer mariscos a la costa. —El rodaje de ese momento era en la playa—, pero mejor te llevo por unas hamburguesas.

No supe qué contestar. Su comentario no me dolía. Estaba segura de lo que vestía; lo que sí hizo fue incomodarme.

—Mejor no vayamos a cenar a ninguna parte y pasemos directo a la acción, que es para lo único que sirve esta relación —propuse cortante—. No tiene sentido cenar juntos si no encajamos ni para la vestimenta.

—¿Qué dices? —Frunció el ceño.

—Lo que escuchaste. Esa corbata de rayas es ridícula. En la semana de la moda de Milán te echarían a patadas —dejé entrever la burla—. Solo follemos, ¿sí?

Se quedó callado por lo que me pareció una eternidad. Después dejó la billetera y las llaves a un costado.

—Ferrera, acércate.

—No.

Un brillo peligroso relució en sus ojos fríos y me tomó de las caderas a la fuerza.

—Tengo una idea mejor: te montaré sobre este escritorio, y te obligaré a cambiarte de ropa.

—No funcionará. Amo el rojo y el rosado juntos.

—Cuando los pantalones rojos queden empapados, no tendrás otra opción que cambiártelos. —Lanzó todo lo del escritorio al suelo en un arrebato inesperado y me posicionó sobre este, sacándome un grito—. Comenzaré la cena con el postre.

Mayo 2025

Algo firme se metió entre mis piernas y me dejó en una posición maravillosa. Moví la pelvis para acentuar ese delicioso roce.

Oh. Qué fabuloso era.

Oh.

Oh, mierda.

Abrí los ojos de golpe y me encontré con una barba oscura bien cuidada. Mi mejilla descansaba sobre su pecho. Mi brazo le cruzaba el torso. Su pierna estaba metida entre las mías, presionando justo ahí.

¿Aló? ¿Emergencias?

Levanté cada uno de mis dedos, y luego retiré mi brazo lentamente para pegarlo a mi cuerpo. Fase uno, completada.

En el momento en que intenté moverme en modo ninja para salirme de sus brazos, su rodilla se presionó tan precisa en mi entrepierna que casi gimo.

Fase dos, con problemas.

Debía salir de esa cama de inmediato.

Cyrus gruñó algo inentendible y su otra pierna me atrapó. Apoyó la cara en la curvatura de mi cuello, con su respiración haciéndome cosquillas. Y su rodilla volvió a presionarse contra mí.

En mis más secretos deseos, anhelaba que lo hiciera otra vez. Quizás podía hacerme la dormida mientras disfrutaba de esa fricción.

Señor, olvidé que Luna dormía en la otra cama. Y de Dante, casi me olvido de la existencia de Dante.

Evité espiar el cuerpo de Cyrus porque, nuevamente, yo sabía muy bien lo que vería escondido dentro de los boxers.

Analicé las opciones que tenía, que no eran muchas: o me movía brusco para despertarlo, me hacía la tonta e ignoraba el momento incómodo, o me arrastraba tipo gusanito hasta el piso.

La opción gusanito me pareció muchísimo mejor.

Alguien tocó la puerta. Una vez. Dos veces. Me quedé quieta. Tocaron otra vez. Luna se quejó del ruido con un sonidito infantil.

—Cyrus? —Era Diane Hamilton.

—Fuck —escupió Cyrus somnoliento.

Chanfles.

—¿Cy? —insistió la actriz.

Luna estiró los brazos, desperezándose.

—Quién puede tocar las pelotas tan temprano —balbuceó Cyrus. Se frotó las palmas de las manos en la cara y yo empujé su rodilla lejos de mi vértice. Recogió su camiseta negra de la silla y fue a abrir la puerta.

—Finally! I brought you coffee. So, I want to talk to you about something. —La puerta golpeó hacia atrás y se oyeron sus pasos avanzando por la alfombra.

—Diane, I’m busy.

—Talking about being busy, who were those girls last night, huh?

Los ojos enmarcados por ondas doradas y bien peinadas de Diane saltaron de Luna hacia mí al encontrarnos metidas cada una en una cama. La boca de la actriz por poco se desencajó de la mandíbula.

—Oh. Ah. Hum. You are really, really busy.

—That's what I said. —Cyrus se apoyó en la pared de brazos cruzados. Diane arrugó la nariz y los labios, asqueada.

—You should get out now. Please —sugirió Cyrus.

—Absolutely —coincidió Diane. Le dejó el café sobre el escritorio y se marchó con prisa. Luna y yo nos miramos con ojos grandes después del portazo.

—Esa mujer no entiende que la insistencia es un defecto. Lo siento —masculló Cyrus. Me senté despacio en la cama y procuré taparme las piernas.

—¿Intenta ser tu amiga? —insinué. Cyrus movió el hombro con desdén.

—No. No lo sé. Al principio pasábamos el rato. Pero ahora se ha puesto tan... —No acabó la frase cuando sus ojos se detuvieron sobre mí. Me contempló como si recién recordara que dormimos juntos y abrazados.

Luna carraspeó. Se levantó envuelta con la sábana, se acercó para tomar el café que Diane dejó en el escritorio y, sonriendo tranquila, preguntó:

—Bueno, bueno. No importa. Pasemos a lo importante. ¿Iremos al desayuno? ¿Es buffet?

El desayuno tenía el buffet más variado y espectacular que podría imaginar, y la vista diurna al desierto era una maravilla.

Diane estaba en una mesa con el director. Este se veía muy ocupado revisando ciertos papeles con sus asistentes. Diane no dejaba de lanzarnos miraditas despectivas, ofendida por nuestra presencia.

Existían millones de personas alrededor del mundo que la consideraban su ídola. Era una diva en la realidad, y no de las que caen bien.

Me distraje cuando Tyler, el mismísimo Tyler Deloux llegó a nuestra mesa con un buzo deportivo, el gorro de la sudadera echado sobre la cabeza y los lentes de sol puestos.

—Morning —saludó sin siquiera mirarnos, haciendo muecas cada vez que se movía un poquito. Se acomodó en la silla libre frente a nosotras—. Dude —le habló directamente a Cyrus—, the hangover is killing me.

Luna no respiraba. Observaba a su máximo amor platónico como si este fuera un milagro de navidad.

—Tyler, this beauties are Laila and Luna, workers of the production —nos presentó Cyrus.

—Hi —saludó Luna con un graznido. Tyler puso un codo en la mesa y apoyó la cabeza en la mano.

—Hola, un gusto —pronunció de manera arcaica. Luna casi convulsiona al escucharlo—. Va iw a bascaw cawfé —siguió hablando en ese idioma que pretendía ser español—. ¿Quiueren?

—Yes, thank you. Please, sir. Of course. Coffee. Yes. Please, yes —balbuceó mi amiga. Escondí mi boca detrás de mi taza de té para reírme a escondidas.

Tyler se rascó la nuca y asintió antes de marcharse a la barra de bebidas calientes.

A pesar de que Tyler tenía fama de ser un odioso engreído, no me pareció desagradable. Sin duda era menos odioso que Diane Hamilton.

—¡¡¡Madre del amor hermoso!!! —chilló Luna cuando Tyler ya estuvo bastante lejos—. ¿Estoy soñando? ¡¿Me han puesto un alucinógeno o Tyler acaba de sentarse en la misma mesa que nosotros y he hablado con él?! ¡¿En español?!

—Dudo que lo que dijo se pueda considerar español —repuso Cyrus.

—Y te traerá un café —añadí moviendo las cejas.

Ya quedaban pocas escenas por grabar en esa localización, la cantidad de días que demoraríamos dependía del clima y del número de intentos para cada toma.

—Hey. —Cyrus apuntó hacia mis pantalones negros de trabajo.

Él fumaba y al mismo tiempo me ayudaba a ordenar unas cajas. Cyrus Von Stein apilando cajas junto a una cuye; ni en mis sueños más locos podría haberlo anticipado.

—¿Qué? —Miré hacia mis pantalones y no vi nada—. ¿Tengo un chicle pegado? —Me toqueteé con miedo. El humo salió de golpe desde su garganta.

—Jesus, love. No. —Ese acento siempre me dejaba tiritona—. Acabo de recordar que te debo un pantalón.

—Ah, eso. No me debes nada. No fue tu culpa.

—No estoy de acuerdo. Vamos hoy en la tarde a comprártelo. —Miró la hora en su teléfono—. ¿A las cuatro estarás lista?

—¿Me acompañarás a comprar pantalones? ¿Te convertirás en mi mejor amigo gay? —pregunté entusiasmada y horrorizada a partes iguales. Se le borró la sonrisa.

—Lamento informarte que, a pesar de que siendo gay de seguro sería mucho más divertido y tendría más éxito, me gustan demasiado las mujeres como para ser tu mejor amigo gay.

Puse labios de pato. Su pantalla se iluminó con un mensaje, y al parecer era lo suficientemente importante como para que Cyrus se distrajera y cortara nuestra conversación.

Esos mensajes siempre lo ponían tenso, y la curiosidad comenzaba a ganarme.

—¿Pasó algo? —Negó con la cabeza—. ¿Puedo ayudarte de alguna forma? ¿Es una novia inglesa? —Intenté aligerar el ambiente. Cyrus guardó el teléfono en su bolsillo.

—Si tuviera novia, Laila, no dormiría contigo como lo hice anoche.

Me dejó muda.

De un rato para otro, el personal de TdA comenzó a chismosear. No solo ellos, sino que algunos de los estadounidenses miraron en mi dirección. Luna no estaba cerca y no confiaba en nadie más como para preguntar qué ocurría y qué tenía que ver conmigo.

Temí que se tratara una nueva venganza de Bruno y que fuese una foto mía comprometedora o algo así. No me extrañaría de su parte.

En un espacio libre de tiempo donde Carli se fue corriendo al baño tras decirme que su burrito de desayuno le cayó fatal, yo aproveché a esconderme en la carpa que servía como depósito de cables con el corazón pendiendo de un hilo.

Me tomó diez segundos de indagación en Instagram resolver el misterio.

Lo primero que me apareció fue una publicación reciente de Cyrus donde anunciaba de forma oficial, quizá por petición de su representante, que se unía al reparto de Raxatar.

En la descripción solo tenía el emoji de película, y la primera foto era de su guion sobre una silla con el nombre de su personaje.

Me fui a los comentarios y sonreí por la buena recepción de los fans. Volví atrás para ver el resto de las fotos, y mi dedo se quedó congelado en la segunda imagen.

En vez de poner una foto con el resto del elenco, o con el director, o de su remolque, o con Diane y Tyler, o de su increíble vestuario, o de cualquier otra cosa relacionada con la película o su personaje, añadió una foto conmigo.

Conmigo. ¡Conmigo!

Era la foto que nos tomamos en el hotel, los dos ebrios y sonrientes en el bar.

Gracias a la madre naturaleza, me veía bastante presentable y no tenía ningún cilantro en los dientes. Todo un logro. Por otro lado, decir que Cyrus se veía apuesto era faltarte el respeto. Se veía espectacular, glorioso e intimidante.

Ahí estaba mi cara junto a la suya. En el Instagram con verificación azul de Cyrus Von Stein. La tercera foto era con el director y la cuarta con Tyler.

Pero en la segunda estaba yo.

No pasaron ni diez minutos antes de recibir mensajes.

Kimi: ¡¡¡Cyrus subió una foto contigo!!!

Kimi: ¡¡¡Voy a MORIR!!!

Kimi: ERES FAMOSAAAA

Pero el cuarto... Ay, cielito. El cuarto era de Dante. Y el sexto. Y el séptimo.

Dante: ¿Qué significa esto?

Dante ha enviado una imagen.

Dante: ¿Qué hacías en el hotel con ese delincuente?