7 Serpientes
Luna me tendió una taza de té.
—Amiga, no trabajamos hasta el martes.
—Lo sé.
—Amas tu cumpleaños, ¿por qué no quieres hacer nada? Estamos a veinte kilómetros de una ciudad grande, divertida y llena de bares con calefacción para ir a bailar, y con taxis que aceptan venir a recogernos hasta acá. ¿Vamos a desperdiciar este regalo divino?
—Es que no tengo ganas.
—Es Dante, ¿verdad? —No contesté—. Dijiste que solo era una relación sexual y nada más.
—Lo es.
—¿Entonces?
—No lo sé. —Apoyé la mejilla en mi rodilla para mirarla desde ahí. Luna soltó un suspiro pesado.
—Bonita, hay muchos hombres que follan bien, aunque no lo creas. No tienes que aguantar a un tipo que no quiere nada serio si tú quieres algo más.
—No quiero algo más —me defendí. Luna chasqueó.
—Aun así, ¿por qué seguir involucrándote con él? Sabes que ese tipo de gente es complicada. Son mucho de aparentar, de esconder todo excepto la frialdad, y tú eres lo contrario. Nunca te imaginé con alguien como él. Te veo triste y no me gusta —admitió con cariño.
—Que sea distinto a lo que acostumbro es lo que más me atrae.
—Explícame mejor.
—Mis novios hasta ahora fueron tan simples, Luna.
Básicos. Con Nico lo más excitante que me ocurrió fue escaparme de casa e irnos a una fiesta en un autobús a los dieciséis.
Y León… —Formé una mueca—. Sabes cómo fue eso.
Demasiado tierno. Yo tenía que tomar la iniciativa siempre, organizar nuestras salidas, y él me seguía sin dudarlo, pero…
—Querías hombres de verdad, no a adolescentes —recordó—. Dijiste que querías vivir tu juventud como una fiera loca y ardiente, sin compromisos.
—Sí, eso es. Es evidente lo guapo que es Dante, pero descubrir lo que hay debajo de su fachada elegante… —Me tapé la cara con las manos—. Maldita sea. Fue como descubrir un nuevo mundo. ¡Me hizo sentir virgen! Es un hombre hecho y derecho.
—Sientes eso por este tema al que juegan: el amo y la sumisa —quiso aclarar.
—No solo eso. Es agotador siempre estar pendiente de mamá, de Nana, de Kimi. De ser yo la encargada de todo; de ser la hija, nieta y hermana mayor. De la presión por enviar dinero para que nos alcance. Y también estoy harta de tener novios con energía femenina.
Luna fue la que rio esta vez.
—Y te gusta que Dante sea el tipo de hombre que se encarga y resuelve.
—Se siente bien poder despreocuparme. Él busca lugar y fecha, y me da las instrucciones para no ser descubiertos. Adoro el hecho de no tener que pedir otra posición que no sea el misionero. —Me agarré las sienes. Luna me abrazó—. Es adictivo.
—Solo cuida tu corazón, ¿está bien? Lo tienes demasiado grande como para ser alimentado con migajas.
Mayo 2025
No sabría decir cómo sucedió exactamente, pero Cyrus y yo acabamos metidos en el juego de la verdad; lanzábamos una moneda apostando por cara o sello, y el perdedor tenía que responder una pregunta.
Objetivamente, beber vodka naranja con él era raro, hasta inadecuado por temas laborales, mas no se sentía así.
Tampoco podía procesar del todo que Cyrus era actor, uno que se catapultaba a la fama, y que luego de esta película sería derechamente una cara conocida de Hollywood.
Se mostraba accesible. Hablar con él era lo mismo que charlar con cualquier otro cuye o persona común.
Entre los vodkas y las preguntas aprendí que Cyrus no se llevaba muy bien con su padre (un antiguo productor destacado); su mayor miedo era descubrir que había desperdiciado mucho tiempo —en cualquier cosa—, y su posición sexual favorita era con la chica arriba.
Por su lado, Cyrus aprendió de mí que fui yo la que le hizo ojitos a Dante y la que lo agregó en todas las redes sociales en mi primer día de trabajo, que reaccioné a sus fotos y le envié mensajitos.
También se enteró de que hasta ahora yo había roto dos corazones.
Le admití que mi placer culpable era haberme gastado una parte de mi sueldo en un vibrador muy estimulante, y que les tenía miedo a las serpientes.
—¿Serpientes? —Sonó indignado.
—Sí. Me encuentro con una y me verás salir disparada como el correcaminos.
Recordé la promesa de Dante de ir a verme esa noche. No supe si lo dijo solo para marcar territorio o de verdad, pero el alcohol hizo lo suyo y me relajé.
Para mi sorpresa, Cyrus se levantó la camiseta por encima del pecho. Mis ojos se anclaron en esos pectorales rígidos, unos que su ropa disimulaba bastante bien. También tenía una tableta marcada en el abdomen y unas hendiduras que se perdían dentro de su pantalón.
Cyrus carraspeó para que saliera del trance de Laila-Cuerpo del infierno.
Su dedo índice viajó a sus costillas, donde tenía un tatuaje de serpiente con un diseño de escamas extraño. Era de tamaño mediano y era el único tatuaje de su torso.
—Ah, bueno, esa serpiente no da miedo. —Sonreí.
—Así veo —se burló.
—Eres un actor de acción, con cuerpo de actor de acción, y yo no soy ciega. Ten algo de piedad.
Cyrus se bajó la camiseta, sonriendo. Se sentó de nuevo en uno de nuestros bancos enclenques, y apoyó un pie en la parte de abajo del mío.
—Las serpientes representan compromiso, adaptación y renovación. Después de saber eso, y de ver mi tatuaje, ya no te pueden dar miedo.
Intenté asentir, pero terminé achicando los ojos.
—Veremos cuando me enfrente a una de verdad. Pensaré en tu serpiente. —Carraspeé fuerte—. Me refiero a la de tu tatuaje, no a la de…, ya sabes. —Apunté a su entrepierna. Tenía que callarme ya.
Noté que se tragó una carcajada.
—No estás preparada para esa serpiente. —Negó con los labios apretados.
—No, definitivamente no.
Nunca estaría preparada para verle la serpiente a Cyrus Von Stein. Eso ya eran ligas mayores.
Le entró una llamada de su representante, al que le trancó. A continuación, le llegaron varios mensajes. Cyrus soltó una maldición y optó por apagar el aparato.
—Lo siento, no quiero hablar con él ahora. Demasiados líos —explicó a medias.
A los dos nos quedaba un cuarto de líquido, y después de una pausa, él alzó su vaso y chocamos los cristales.
—Por las asistentes divertidas que acompañan a tipos miserables como yo.
Estaba un poco mareada como para analizar sus palabras extrañas.
—Por las cuyes que conocen a actores que se ven intimidantes y terminan siendo tan agradables como una masa de pan antes de meter al horno. —Eso le sacó una sonrisa completa; se le formaron líneas en las comisuras de la boca, y también tenía hoyuelos y dientes perfectos.
Si algún día abandonaba la actuación, podía dedicarse a ser modelo de pasta de dientes.
Lo acompañé afuera después de acabarnos los tragos y nos despedimos con un beso en la mejilla que Cyrus incitó. Antes de irse, me propuso que desayunáramos juntos mañana.
Cyrus todavía no desaparecía del todo cuando Dante llegó mirando por donde se marchaba el actor.
—¿Se puede saber qué hacías con él? —inquirió con los ojos fuera de sus órbitas.
—Deberías comenzar con un hola. —Alcé una ceja. Dante no cambió su expresión furiosa—. Conversar de manera amigable, eso es lo que hacía. No tiene nada de malo. Fue amable conmigo.
No me dio tiempo ni de pestañear antes de que me estrellara contra la puerta del container.
—No dejes que se te acerque más. Lo digo en serio.
—¿Por qué no? —refuté sin aire.
—No me gusta y punto. No es confiable.
Corrí la cara. En el sexo me gustaban las órdenes injustas, no fuera de este. A Dante le costaba entenderlo; él quería que fuese su objeto sexual a todas horas. Ah, y también una empleada de su empresa. Si lo pensaba mucho, esa actitud me dolía.
—Ferrera, mírame. —No lo hice—. Laila —su tono se aseveró. Cedí de mala gana.
—¿Lo exiges como mi jefe o como el amo?
—Como ambos. No te acerques a él, ni a tipos como él.
—¿Y por qué no? —Me cabreé.
—Es un actor, tienes prohibido acercártele, partiendo por ahí. En segundo lugar, no lo conoces.
—¿Y tú sí?
Dante se pasó la otra mano por el pelo. Estaba todo oscuro excepto por la escasa luz que se filtraba de mi container. Otra vez estábamos siendo descuidados al estar uno contra el otro afuera de mi puerta.
—Sé más que tú; cosas que no te puedo decir porque no corresponde —explicó mirándome los labios—. Fin del tema, no le dedicaré ni un segundo más a ese delincuente.
Dante aprovechó que no seguí discutiendo para agarrarme de la nuca y besarme con deseo. Hizo que entráramos y cerró la puerta. Me puso ambas manos por encima de la cabeza y me aprisionó contra la pared.
—No puedo quedarme —murmuró entre los ruidos de nuestros besos.
—¿Es broma?
—No. Venía a ver si estabas bien. Me están esperando. Nos tomaremos una copa en el hotel con los productores. —Se alejó.
Vaya que Cyrus sí tenía razón con que estaban reunidos en ese bar.
—Pero te vas en dos días —me quejé con las bragas ardiendo en llamas y con ganas de que las rasgara con los dientes.
—Mañana nos vemos, y valdrá la pena. —Me pasó el dedo pulgar por los labios. Lo agarré de la camiseta.
—Antes de que te vayas, necesito ayuda con algo. —Odiaba tener que pedirle esas cosas, pero mi madre no me dejaría en paz. Dante esperó a que continuara—. Necesito un adelanto.
Soltó un exabrupto.
—No, esos temas háblalos con tu supervisora y que lo vea con contabilidad.
—Sabes que Carli me odia, nos odia a todos, y no moverá ni un dedo. Mi abuela necesita realizarse un examen del corazón cuanto antes. Todo será más fácil si haces una llamada rápida. Perdón por pedirte esto, de verdad lo detesto, no lo haría si no fuera por ella.
Dante se pasó el pulgar por la boca, limpiándose mi labial y meditó un poco antes de terminar asintiendo.
—Solo por esta vez lo arreglaré, pero ni una palabra a nadie.
—¡Gracias! —Le di un beso corto.
—Mañana te busco. No me busques hasta que yo lo haga.