6 Piercing #2
—Gracias por tu preocupación, pero hay que conocer todo el trasfondo para entender —contesté con suavidad—. Tal vez soy una psicópata y lo estoy manipulando, y tú aquí defendiéndome.
Cyrus dio otra calada. Esta vez mi intento de broma no le causó gracia.
—Lamentablemente sé reconocer a ese tipo de trastornados, y sé que no hay nada malo contigo. —Soltó el humo del cigarro por una esquina de sus labios.
¿Por qué sabía reconocerlos? No me atreví a preguntárselo.
—Mantenemos un trato distante en público para que no sospechen de nada, no es que él sea así siempre —justifiqué.
Cyrus ya sabía que teníamos una relación, nos había pillado, no tenía sentido seguir haciéndome la tonta. Al menos no parecía ser la clase de persona que te delataría.
—Es la peor excusa que he escuchado. —Botó la suciedad del cigarro en un basurero del camino—. Si llevan una relación secreta, al menos debería tratarte como a un ser humano. No como a un objeto de su propiedad.
Mi brazo palpitó en donde Dante lo había forcejeado la noche anterior.
—No es una mala persona, por algo salgo con él —insistí, sin estar segura de a quién defendía, si a él o a mi dignidad—. Tenemos una relación distinta.
Cyrus bufó fuerte y se masajeó el puente de la nariz. Parecía estresado de verdad con el tema.
—Hablemos de otra cosa. ¿Tú tienes novia? —se me ocurrió preguntarle.
—Nah. No es lo mío.
—¿Qué no es lo tuyo? ¿Las mujeres?
Cyrus amplió los ojos.
—Las mujeres sí son lo mío —aseguró—. Las formalidades no. Con una noche es suficiente.
Me hizo reír. Cyrus emitió un ruido incrédulo.
—¿Por qué siempre te ríes de lo que digo?
—Si solo buscas encuentros casuales, siendo quién eres y viéndote cómo te ves, es seguro que rompes muchos corazones, lo cual no combina con ser un gran defensor de mujeres.
—Le di un toque con el codo. Entrecerró los ojos—.
Me refiero a que te acuestas con alguien por una noche, le das como cajón que no cierra, y al otro día puf, adiós, la dejas devastada sin llamarla nunca más.
¿Qué pasa con esas mujeres, ah? Tienen sentimientos e ilusiones.
—¿«Como cajón que no cierra»? —arrastró las palabras.
—No desvíes el tema.
—Estás mezclando las cosas. No es lo mismo —enfatizó con firmeza—. Yo no ilusiono a nadie ni les falto el respeto, ellas saben a lo que van.
Negué con un dedo.
—Eres Cyrus Von Stein. El noventa y nueve por ciento debe ilusionarse, aunque finjan que no.
—Aun así, no llamarlas otra vez no es maltrato. No lo es —zanjó.
—Está bien, no lo es, pero el ghosting también hace daño —contraataqué.
Había manejado la conversación de esa forma para que no volviese a tocar lo de Dante, pero la culpa me pinchó el pecho cuando se quedó callado, pensativo y sombrío.
—Oye, no hablaba en serio. No eres ningún maltratador por disfrutar de tu soltería. Fue una estupidez de mi parte para evitar el tema de Dante, porque no me gusta darle muchas vueltas a eso. Prefiero disfrutar de lo que tengo para no pensar en mis otros problemas. Lo siento.
—No tienes que disculparte. —Me observó de reojo—. Tampoco debí meterme después de que me dijeras que estabas bien. Lamento eso.
Moví los hombros, quitándole importancia, y estiré las manos hacia adelante.
—Ah, mira. —Me detuve junto a mi container—. Hogar dulce hogar.
—¿Llegamos? ¿Duermes aquí?
—Sí, con Luna, mi mejor amiga. Sé que estás pensando que Dante es un cabrón por hacerme compartir un container mientras él duerme en un hotel cinco estrellas, pero es que si me diera algo a cambio de lo que tenemos me convertiría en puta, ¿no crees?
Cyrus gruñó bajo.
—Solo estaba pensando en que se me pasó muy rápido este rato contigo —admitió y espió por mi ventana—. ¿Tu amiga no está?
—No. Ella está... —Hice un hoyo con mi dedo pulgar e índice y metí el índice de la otra mano en ese hoyo—. Pasándolo muy bien con alguien más.
Me derretí por el sonido tan masculino que escapó de su boca cuando se rio.
—Me alegro por ella —dijo divertido.
La charla incómoda quedó atrás, para mi alivio.
—¿Te...? —Madres. ¿Qué estaba a punto de hacer?—. ¿Te gustaría tomarte otra cerveza dentro? También tengo café.
Cortesía. De verdad que lo hacía por cortesía.
Él fue muy amable conmigo invitándome una cerveza en el comedor VIP.
También lo fue por asegurarse de que no era una víctima de maltrato.
Y me había defendido la noche anterior. Esas actitudes me parecían destacables y ofrecerle algo era lo mínimo que podía hacer.
—La verdad... —Iba a rechazarme, y estaba bien; era un actor y yo una asistente. Su dosis de amabilidad debió acabarse—. La verdad es que me vendría bien algo más fuerte. ¿Tienes vodka?
Su respuesta me tomó desprevenida. Hice un pequeño y rápido análisis: mi primera conclusión fue que todavía no descubría por qué Cyrus Von Stein se comportaba tan abierto a pasar tiempo conmigo. Y la segunda fue que mi putisentido no percibía nada de doble intención en él.
—No me mires así —me pidió, rematando su cigarro—. Eres más agradable que los lameculos que están en mi hotel. No quiero topármelos hoy, ya tengo suficiente con el rodaje, las lecturas de guion y todo lo demás. Es muy probable que sigan en el bar junto a la recepción, y si llego pronto, me verán.
Algo cálido escurrió por mi pecho.
—A nadie le gustan los lameculos —coincidí—. Vamos, metamos nuestros traseros dentro. Solo… están prohibidos los cigarros. —Formé una mueca de disculpa.
Cyrus botó la colilla en el basurero que teníamos afuera y alzó las manos como si un policía lo estuviera intimidando.
—Done, boss.