6 Piercing
Dante se aseguró de que no hubiese nadie alrededor para estacionarse dentro del recinto del rodaje de aquel entonces.
—Ferrera, sé que te dije que este fin de semana iríamos a esa cabaña en el lago, pero tendré que cancelarlo.
—¿Cómo? —La decepción trepó por mi garganta mientras me desabrochaba el cinturón—. ¿No puedes ni sábado ni domingo?
Dante negó tajante.
—Vienen unos amigos. Tengo que salir con ellos.
—Pero... entonces...
—No es gran cosa. No siempre se puede. Lo haremos otro finde.
—Este sábado es mi cumpleaños. Te lo dije —le recordé con un leve tono acusatorio.
—De seguro lo pasarás bien con tus colegas —repuso con facilidad—. Con esa amiga tuya, la hippie.
—Se llama Luna —mascullé irritada—. Podrías haberme invitado a tus nuevos planes.
—¿Disculpa? —Bajó las cejas con severidad—. ¿Tendré que recordarte las reglas? Nadie puede saberlo. Presentarte a mis amigos no es una opción por el momento.
—Por el momento, ya. —Asentí con la cabeza.
Odiaba que me afectara tanto. Él tenía razón en que las reglas fueron claras desde el comienzo. Yo misma había decidido evitar una relación formal durante un tiempo después de mi última ruptura.
«No creo ser capaz de aburrirme de tenerte en mis brazos». Interpreté esas palabras de la manera incorrecta. ¿Este hombre me estaba gustando más allá del sexo? Eso sería complicadísimo.
Mayo 2025
Cyrus Von Stein me estaba preguntando por Dante. A mí. En un comedor para gente importante en medio del desierto. Y mi pelo no estaba precisamente bien arreglado.
—No sé de qué hablas.
—Yo creo que sí. —Estrechó los ojos.
Me rasqué un pómulo y me removí en la silla.
—¿Eres un espía secreto de Recursos Humanos?
Cyrus pestañeó marcado.
—¿Te sientes insegura respondiéndome? —Bajó la voz—. ¿Crees que Torms te puede hacer algo? —Se puso tan serio que empecé a reírme. Su expresión alcanzó la incredulidad—. ¿Qué pasa?
Bebí de mi cerveza para eliminar las carcajadas.
—Tú me estás preguntando por Dan... por el señor Torms como si fuese un asesino en serie. —Casi me sale cerveza por la nariz.
Cyrus apoyó su botella en la mesa y se inclinó.
—¿Tu risa es una reacción nerviosa?
—¡No! Solo que… —Respiré hondo—. A ver, tienes miles de mensajes de fans mostrándote las tetas, ¿y escoges ocupar tu tiempo libre en indagar sobre mi aburrida vida personal?
—Resoplé. Cyrus soltó una risa corta y fugaz.
Casi un reflejo. Se me pasó la diversión al darme cuenta de que podía tomárselo como una falta de respeto—.
Lo siento, no lo decía en mal modo. Es que eres alguien muy importante aquí, es raro que te preocupes por mí.
—Saber que están maltratando a una mujer me importa más que las tetas, y no soy tan importante como crees. —Acercó el botellín a su boca. No se veía molesto, pero sí tenso.
Un músculo palpitó en su mandíbula y puso la pantalla de su teléfono boca abajo después de que le llegara un mensaje.
—¿Y bien? —insistió.
Nuestra charla era casi irreal, y aun así, comencé a relajarme.
—El señor Torms es mi jefe. No necesitas saber nada más, y prometo que estoy bien. No soy víctima de nada.
—¿Estás segura de eso último? Lo que vi ayer es grave. Hay varios abogados y un gran grupo de Recursos Humanos dentro de la producción. Del cual no soy parte, ni soy un espía, por cierto.
—Está todo bien. No puedo explicártelo más a fondo. No es nada que no pueda manejar. Por otro lado, tengo una fabulosa idea: cuéntame de ti.
Era lo que debían pedirle todas las chicas que conocía, así que esperé a que se hartara, acabara la conversación y se fuera. Muy por el contrario, suspiró pesado y acomodó los antebrazos sobre la mesa.
—Bueno, soy actor.
—Bah, nunca me lo hubiese imaginado. —Nos sonreímos por medio segundo—. ¿Participas en un culto satánico? —Mi hermana una vez me habló sobre ese rumor.
Cyrus abrió la boca sin emitir palabra.
—¿Qué? —siseó tras varios segundos; su voz era hermosa. Y al parecer yo tenía el don de dejarlo perplejo.
—Es que existen muchos rumores sobre ti —aclaré.
Se inclinó más. Ver su rostro de cerca me dejó sin aire.
—El que dice que tengo un piercing en la polla también es mentira —susurró con complicidad.
Tenía sentido del humor. Excelente.
—Lástima. —Puse boca chiquitita.
Cyrus se mordió el labio inferior.
—¿Y tú? —quiso saber.
—Yo tampoco tengo un piercing en la chochis.
De su garganta escapó un ruido hondo que me pareció el sonido más exótico del mundo.
Gran señor divino, ¿estaba yo divirtiendo a Cyrus Von Stein? ¿Pero qué clase de sueño, fantasía, universo alterno era este?
No era tan ilusa como para creer que Cyrus quisiese ser mi amigo. Menos que estuviera ahí en plan de coqueteo, no había nada de eso en esta conversación. Era probable que estuviera aburrido. O que fuera un superhéroe protector de mujeres en su tiempo libre.
—Llegué a este trabajo hace un poco más de dos años —comencé a contarle, asumiendo que eso era lo que quería saber.
—¿Y te llena?
—¿Quién?
—El trabajo. —Enarcó una ceja.
—Lo sé, fue una broma. —Me reí bajito—. Respecto a tu pregunta… No, enrollar cables y servir café, aunque sea a actores superfamosos, no es el sueño de mi vida.
Cyrus asintió comprensivo.
—¿Estás emocionado con tu papel? —cambié el tema.
—Es un sueño hecho realidad. —Fue tan irónico que supe que nos llevaríamos bien si fuésemos dos personas normales.
O si él fuese una persona normal, más bien—.
Mi representante me convenció de aceptar el papel luego de que despidieran al idiota anterior.
No estaba mentalizado para rodar nada por ahora.
Yo estaba... —Hizo que la base del botellín bailara—.
En un receso. —Tragó con algo de dificultad—.
He estado trabajando en los diálogos a último minuto, y eso es más estresante que emocionante.
—Quizá luego agradeces haber terminado aquí. A veces las situaciones inesperadas son las que nos sorprenden de la mejor forma.
—No creo mucho en eso, pero ojalá tengas razón, Laila. —Alzó su cerveza para chocar la mía, a lo que le respondí.
—¿Es verdad que te niegas a tener dobles para las escenas de riesgo?
—Ni para las escenas de riesgo ni para ninguna otra —confirmó—. Si no soy capaz de interpretar todo por mí mismo, no le encuentro sentido a hacerlo.
Tenía un buen punto. Y era sexy.
El plástico de la entrada se abrió. Una ráfaga fresca se coló dentro y me di cuenta de que ya había anochecido.
Primero entró Frank, que se fue derecho a hablar con la cocinera, y seguido de este, entró Dante.
Genial.
Fabuloso.
Magnífico.
Dante tuvo que mirar dos veces en nuestra dirección para dar crédito a lo que veía. Yo ahí, sentada en aquel rincón del comedor ultramegaVIP.
Mi gran jefe se acercó a nosotros con la energía de un torbellino furioso. Cyrus se acabó la cerveza con toda la tranquilidad del mundo.
Dante se veía guapísimo con su camiseta con cuello en v y sus lentes Ray-ban colgando de esta.
—Von Stein —saludó cortante—. Señorita Ferrera, ¿qué hace aquí?
Tragué saliva.
—Solo acompaño a la nueva estrella del reparto. Le enseñé el comedor VIP. —Agarré la botella y se la mostré con una sonrisa encantadora.
Escuché a Cyrus reírse bajo, mientras que la expresión de Dante no podía ser más fría.
—No puedes estar acá —objetó.
—Sí puede —interceptó Cyrus y su voz rasposa—. Yo la invité.
—La idea de un comedor VIP no es que los actores inviten a los empleados. Ellos poseen su propio comedor. —Dante intentó mantener un tono profesional.
—Si tienes alguna queja de lo que hago, háblalo con los productores. A mí no me vengas con esas estupideces —escupió Cyrus. Su rostro ya no tenía el brillo divertido de antes.
Dante lo fulminó con la mirada. Nadie debía molestar a los productores, ni siquiera él. Quejarse sobre que un actor invitó a una asistente cuye al comedor exclusivo sería ridículo.
—Discúlpame, pero no son estupideces. Las reglas existen por algo.
—No te disculpo. ¿No es tu trabajo mantener contento al reparto? Para algo te pagan, ¿no? —contraatacó Cyrus con sorna.
—Miren qué hora es, se hizo muy tarde —interferí con rapidez, levantándome.
—Hey, Von Stein! —Gracias al cielo, el director se acercó sin darse cuenta de que estaba interrumpiendo una discusión muy incómoda—. Are you hyped for tomorrow?
—Sure —le respondió Cyrus, arrastrando la silla hacia atrás.
—¿No se quedan a comer con nosotros? —preguntó Frank en español.
Me daba la impresión de que quería caerle bien a Cyrus. Este último miró con desdén a Dante y negó.
—Hoy no. Acompañaré a Laila.
Frank me escrutó por unos segundos, posó los ojos en la tarjeta que tenía colgando del cuello, donde salía mi nombre y la palabra «asistente» debajo de este, y no mostró ningún indicio de que fuese un problema para él. Es más, llegó a sonreírme con amabilidad.
—Hasta mañana, entonces, que descansen —se despidió alegre.
Al director de la película le daba igual que yo estuviera ahí, pero Dante... su rostro estaba desfigurado.
—Adiós, director —me despedí de Frank primero—. Señor Torms. —Asentí.
Dante agarró mi codo con disimulo cuando pasé por su costado.
—Te veo más rato.
Cyrus observó el punto donde Dante me sujetaba y no se movió hasta que este dejó de tocarme, y luego hizo un gesto de cabeza para que saliéramos de ahí.
El exterior nos recibió con una impresionante noche estrellada. El desierto siempre tenía un aura mística que me gustaba.
—¿Te molesta? —Tuvo la cortesía de preguntar por su cigarro, a lo que negué. Lo encendió y expulsó el humo hacia el lado contrario—. ¿Te puedo dar una opinión que quizás no te guste? Sé que estoy siendo un maldito pesado con el tema, pero no me quedaré tranquilo si no lo digo.
Adiviné el camino de la conversación.
—Dispara —acepté de todos modos.
—El payaso de Torms está reverendamente mal de la cabeza.
—¿A qué te refieres?
—Todo está mal con él y en cómo te trata —explicó medio enojado—. No deberías permitirlo, ni de él ni de nadie. No tiene más valor que tú solo por ser tu jefe.
Me cuestioné otra vez por qué a Cyrus le importaba tanto proteger mujeres.