Las horas invisibles Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

— Eso es. El karma. Para ello, el sacrificio tiene que estar a la altura de la consecuencia. Y en este caso, hablamos de algo superlativo.

— ¿Y yo soy de ese grupo de personas? – pregunta con una mezcla de emoción y temor.

— No, tú no.

— Pero ha dicho que… – intenta aclarar, mientras le interrumpe de forma seria sin dar lugar a conjeturas.

— Lia lo es. Tu hija está destinada a hacer algo increíble.

Algo a la altura de muy pocas personas en la historia.

Algo que cambiará el rumbo de la humanidad, la cual ahora mismo se dirige a un abismo de forma irremediable.

Pero ella es demasiado importante. Debe estar centrada en su propósito.

No puede tener ningún tipo de distracción.

Es por eso por lo que decidimos que tú eres la persona adecuada para hacer el sacrificio.

Sabemos que tú harías cualquier cosa por tu hija.

– por unos instantes el silencio invade la explicación.

— Incluso correr casi sin poder moverme por un lugar oscuro que me ha sometido a todo lo que me aterra porque de forma imposible, he escuchado su voz. ¿Verdad? – expresa desolado con la mirada perdida.

El hombre sonríe ligeramente con gesto de entendimiento mutuo.

— Sí. Incluso eso – responde.

Ambos permanecen callados por unos segundos, mientras el hombre observa a Aaron y este dirige su vista a un lado evitándole, con la mirada perdida e intentando asimilar todo lo que ha escuchado. Tiene un extraño calor en el pecho y siente una presión asfixiante en todo su cuerpo.

— ¿Y cuál es el sacrificio? – pregunta rompiendo el momento.

— ¿Acaso no es evidente? – responde dando a entender lo que ambos están pensando.

El silencio se vuelve a apoderar de la conversación. Pero no es un silencio vacío. Es un silencio cargado de pensamientos, de conexión, de palabras que no se dicen pero que ambos sienten.

— ¿Y si digo que no? ¿Qué pasará? – pregunta dubitativo.

— Te despertarás y seguirás con tu vida. Igual. O si esto ha servido de algo, intentando mejorarla, tanto para ti como para los que te rodean.

— ¿Y qué pasará con el resto de la gente?

— ¿Te refieres al resto del mundo?

— Sí.

— Es imposible saberlo todavía.

— Pero has dicho que, si aceptaba el sacrificio, mi hija haría algo importante para la humanidad. Suponía que si no lo aceptaba, algo terrible ocurriría.

— Y así es. – hace una pausa demoledora y cambia ligeramente el tono de voz – Es extremadamente importante que ella pueda cumplir con su propósito.

Por eso nos guardamos otra opción por si no estás dispuesto a hacer el sacrificio.

Tú eres el primero. El ideal. El que puede solucionarlo todo de la mejor forma posible.

Pero si tú no lo haces, iremos a la segunda opción.

No es la que deseamos, porque es más dolorosa.

Pero lo haremos si es necesario. Sé que es difícil de asimilar, pero no podíamos jugarnos todo a una carta.

— Dime que la segunda opción no tiene que ver con mi hija. – suplica.

— No puedo.

Todavía sentado, se inclina hacia delante y coloca los codos sobre sus piernas, que descansan ligeramente abiertas.

En claro gesto de agobio, tapa boca y nariz con sus manos dibujando una uve y resopla.

Desliza sus manos despacio hacia la barbilla y alza la cabeza cerrando los párpados para intentar buscar algo de paz que le permita ver todo con más claridad.

— ¿Tú sabes que voy a decidir? – pregunta tornando la vista hacia él.

— No. Eso solo lo sabes tú. – replica, devolviéndole la mirada.

La presión sobre sus hombros se acentúa.

En su cabeza resuenan múltiples voces que no puede distinguir.

Está completamente sobrepasado. Intenta centrarse, pero siente como si una fuerza extraña se metiese en su cabeza una y otra vez desordenando todo.

No puede hablar. No puede pensar. El viejo le mira con intensidad, consciente del infierno que está viviendo en su interior y con impotencia por no ser capaz de ayudarle.

— ¿Por qué no tomáis la decisión vosotros y ya está? – alza la voz, desesperado.

— Porque no funciona así. No podemos interferir en el libre albedrío. Nosotros velamos por las oportunidades, por asegurar la posibilidad de que todo se rija por ciertas normas equitativas que aseguren el desarrollo de la vida y el buen funcionamiento.

— ¿Buen funcionamiento? ¿Y las enfermedades? ¿Y las guerras?