Las horas invisibles Capítulo 7 #5
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Capítulo 7 #5

Hace una breve pausa para tragar un poco de la rabia que tiene dentro tras oír las últimas afirmaciones de aquella ahora “desconocida” mujer, y que intenta escupir a borbotones en forma de sentimientos.

— Desde que nos conocemos, nuestra historia ha sido como si alguien la hubiese escrito así para nosotros.

Como si hubiera pasado mi vida esperándola sin saberlo.

Todavía me acuerdo de la primera vez que la vi.

Fue en una de las fiestas que organizaba.

Estaba al fondo del local y desde la entrada se veía como todos se agolpaban a su paso.

Ella iba con sus amigas, eran espectaculares, pero parecían invisibles a su lado.

Yo no podía dejar de mirarla. Brillaba. Y ella, mientras la paraban a cada paso para intentar hablarla, me miraba como si no les estuviese haciendo el más mínimo caso.

Era como si toda esa gente que estaba intentando captar algo de su atención, simplemente estuviesen allí de adorno, para aparecer en nuestra historia como si de extras de una película se tratara, porque el destino había querido que justo en esa fiesta y en ese instante, nos conociésemos y empezásemos una historia de amor preciosa.

Nuestra conexión era electrificante y desde el primer momento ambos sentimos que estábamos hechos para estar juntos toda la vida.

Con su primera mirada me di cuenta de que sería la definitiva.

No hizo falta saber más el uno del otro, porque algo en nuestro interior nos decía que juntos éramos perfectos, y lo seríamos siempre.

Estuvimos hablando toda la noche: de dónde veníamos, de cuáles eran nuestras inquietudes, de nuestras familias…

De lo único que no hablamos era de los planes que teníamos, porque desde el primer “hola”, sabíamos que fuesen los que fuesen, ocurrirían estando juntos.

Después la acompañé a casa, sabiendo que no había otra opción que pasar la vida uno al lado del otro.

Nos intercambiamos los teléfonos, y al despedirnos, nos dimos nuestro último primer beso.

Fue tan perfecto y me hizo sentir tanto, que hasta hoy, muchos años después, lo sigo recordando como uno de los momentos más emocionantes y felices de toda mi vida.

Pasan los años y con ella me pasa algo que nunca antes había sentido y que no creo que habitualmente la gente experimente.

Muchas veces la miro fijamente, pero no me paro en sus ojos, ni en su piel, sino que miro más adentro, hasta el punto de ver su preciosa cara de una forma muy diferente a lo que es normalmente.

Ocurre porque estoy llegando a ver su alma, y eso la transforma por completo de una forma mucho más bonita, si es que eso es posible.

Entonces me detengo, y al mismo tiempo intento tomar consciencia sobre mí mismo, y reflexiono sobre lo que estoy sintiendo al hacerlo.

Pienso en la relación que compartimos y siento cosas muy difíciles de explicar, porque justo en ese momento soy consciente de que ella está ahí para mí.

Podría haber elegido a otro, quizás mejor que yo, más inteligente, más atractivo, aunque no que la quiera más.

Eso es imposible. Pero no, tengo la increíble suerte de que me ha elegido a mi entre la inmensidad de personas que darían su vida entera por estar un solo segundo con ella.

Por estar un solo segundo en mi lugar. Y sin embargo, ella ha querido darme su vida entera.

En ese momento me siento tan afortunado, que no soy capaz de entenderlo, me siento sobrepasado.

Y al mismo tiempo siento miedo. Miedo de perderla y que mi vida nunca vuelva a ser completa.

Durante todo este tiempo, hemos pasado momentos tan buenos, de una felicidad absoluta, que no podría describirlos, aunque lo intentara con toda mi alma, porque cualquier palabra que pudiese pronunciar, no haría justicia al sentimiento que quiero expresar.

Y también hemos pasado momentos muy malos.

– hace una pausa mientras intenta coger fuerzas para seguir sin venirse abajo – Desde hace ya un tiempo en todos soy culpable.

Ambos lo sabemos, pero nunca me ha hecho ni un solo reproche.

Ella siempre ha estado ahí. Sin dudar. Sabiendo perfectamente que había que hacer para seguir adelante.

Sacando fuerzas para mantener todo lo que habíamos construido a flote.

Sola. Aunque le costase la vida. Siento con toda mi alma no haber estado a la altura y no haber sido capaz de darle lo mismo que ella me ha dado, pero eso no significa que no la quiera.

Puede que nuestra relación no sea tan perfecta ahora.

Pero llevamos toda la vida juntos y desde el primer momento, no ha pasado un solo día en que no dé gracias por haberla conocido.

La amo con todo mi corazón. Me completa y tengo muy claro que, sin ella, no sería quien soy.

— Así que no te permito que digas que lo que hay entre mi mujer y yo ha muerto. Ni que insinúes que estoy con ella porque es lo cómodo. Podrán pasarnos mil cosas, pero lo que sentimos es tan fuerte que nunca va a morir.

— ¿Te ha quedado claro?

Aquella mujer, que le ha mirado intensamente durante toda la exposición sin perderse un solo detalle, ha ido cambiando la expresión seria y preocupada de su cara, hasta esbozar una sonrisa de aprobación que Aaron no sabe cómo interpretar.

— ¿No ves?

Dice sin dejar de sonreír mientras le guiña un ojo, algo que descoloca aún más a Aaron, si es que eso es posible.

En ese justo instante, un fuerte latigazo sacude la cabina de forma violenta haciendo incluso que sus cuerpos se despeguen levemente de los asientos, obligando a los cinturones de seguridad a hacer su trabajo.

Después de todo el viaje sin un solo movimiento, lo más normal es que la enorme sacudida les hubiese hecho estar alerta.

Pero a Aaron lo único que le preocupa ahora es aquella mujer.

No puede apartar la mirada de ella, y solo se pregunta como incluso ante esa enorme sacudida, no ha dejado de mirarle de una forma tan profunda ni un solo instante.

Cómo es posible que su rostro no haya cambiado ni un ápice la expresión que tenía antes del golpe, como si estuviese congelada, con una media sonrisa que, inexplicablemente y a pesar de todo, en el fondo le transmite tranquilidad.

Aun sonriendo y con una mirada mucho más profunda que en los últimos minutos y que le atraviesa las pupilas, Isabella se inclina hacia Aaron, provocando que él también se acerque y le dice casi susurrando: