Las horas invisibles Capítulo 7 #3
56%

Capítulo 7 #3

— Mmm... – murmura Aaron mordiéndose tímidamente el labio inferior, frunciendo el ceño y levantando la mirada hacia arriba, como si estuviese buscando una razón de peso.

— ¿Qué pasa, que tú tampoco lo tienes claro? – pregunta con una sonrisa pícara, medio en broma, medio en serio, a Aaron, que por primera vez en el viaje tiene la expresión de su cara calmada y está disfrutando de la conversación.

— Sí, por supuesto que tengo claro la importancia que tiene. – afirma dejando ver una mueca ligeramente traviesa.

— A ver… ¿por qué? – le pregunta con vacile.

La mira fijamente. Toma aire, y se prepara para responder.

— ¿Y por qué no? – expone leve y contundentemente.

— ¿Cómo? Eso no es una razón. – dice volviendo a sonreír mientras su voz suena mucho más cercana.

Aaron se lanza a completar su explicación:

— Verás. Entre las dos opciones, claramente hay una verdad, que es que la psicología es interesante, no solo en el mundo laboral, sino en todos los ámbitos de la vida.

Y una mentira, que es que la psicología no sirve para nada.

Todo lo que ocurre tiene un componente psicológico que va directo a nuestro cerebro y nos hacen entender las cosas que nos pasan, ser capaces de relacionarnos de formas lógicas, encarar situaciones, gestionar sentimientos…

y así una larga lista. Así que está tan claro, que, si alguien tiene que buscar una justificación, deberían ser los que piensan que no es interesante.

Este sí es él.

Isabella le mira mientras pronuncia su sonrisa cada vez más hasta que le ocupa toda la cara, enseñando sus perfectos dientes blancos.

Expresa una admiración total ante la ingeniosa respuesta de Aaron.

Quiere hablar, pero en cada intento, no le terminan de salir las palabras, y con leves suspiros, vuelve al gesto de admiración inicial, como si de una página web que se ha quedado colgada se tratase y que, tras unos segundos de intento de carga, vuelve al inicio.

Está totalmente impresionada por la certera respuesta.

Ella no lo habría explicado mejor. De hecho, no se le habría ocurrido explicarlo así, pero esas son las palabras exactas que utilizaría de ahora en adelante si le preguntasen.

— ¡Wow! – acierta a decir – Increíble. – continua, suspirando mientras agita la cabeza incrédula.– No sé qué más puedo añadir a eso.

Ambos, se miran fijamente a los ojos sin dejar de sonreír: Los dos están impresionados, pero por motivos diferentes: Ella por la rapidez de pensamiento y facilidad de palabra de Aaron, y él porque después de mucho tiempo, se ha vuelto a sentir imparable.

— Tiene que ser impresionante estar ahí dentro. – expresa Isabella con admiración.

— ¿Dónde? – le pregunta, sin entender a qué se refiere.

— En tu mente. – aclara ella de forma evidente.

Aaron cambia el rictus con inconformidad y arquea sus cejas, dándola a entender que no es así exactamente, antes de continuar:

— Últimamente no mucho, la verdad. – responde resignado.

— No me lo creo… ¿Por qué? – le pregunta extrañada.

— Digamos, que llevo un tiempo en el que no estoy todo lo bien que me gustaría. – explica de nuevo, pero sin hacerlo de forma clara.

A pesar de ser una persona cercana en el trato, siempre ha sido hermético y muy receloso de mostrar abiertamente sus sentimientos, por lo que nadie que no sea de su círculo más íntimo le conoce en profundidad.

Aunque para muchos esto sería un obstáculo de cara a las relaciones con los demás, y más en una profesión como la suya, para Aaron no.

Esa combinación de contrapuntos opuestos, le transforma en una de esas personas a las que les envuelve un halo de misterio que les hace atractivas y muy interesantes por ser en el fondo indescifrables.

Su secreto siempre ha sido hablar poco de él y escuchar mucho de los demás, moviéndose perfectamente entre esos dos límites y haciendo sentir a cualquiera una fuerte empatía, aunque ni siquiera interactúen directamente, y un nivel de entendimiento inusual que inspira al que está con él, haciéndole ver que son iguales, que le entiende y que realmente no hay distancia entre ellos.

Es de esas personas que según conoces podrías decir convencido que es tu mejor amigo, pero que si te paras a pensar y analizas lo que sabes de él, incluso si coincides habitualmente en los mismos círculos, sería más bien poco e insustancial.

Realmente sabes que no sabes nada de él, pero te sientes tan increíble a su lado que no te importa.

Aunque eso era antes de todo, antes de su caída a los infiernos donde se perdió.

Desde ese día y en todo este tiempo, aunque no lo parezca, ni siquiera se ha molestado en tratar de encontrarse de nuevo.

Ahora solo mantiene su lado inaccesible, no permitiendo a nadie que sepa nada de su vida, y ha olvidado su lado cercano que representaba perfectamente el equilibrio, el Yin y el Yan, y que le hacía único.

Pero esa mujer… Esa mujer le evoca emociones que creía olvidadas.

A pesar de su evidente belleza, no es un sentimiento de atracción.

Al menos no de atracción física como tal.

Es algo más profundo. Como si tuviesen una conexión especial que hubiesen trabajado durante años.

Algo que es completamente imposible, porque no la ha visto nunca antes.

Pero está ahí. Y tiene el presentimiento de que a ella le ocurre lo mismo.

No sabe si es esa mujer, el extraño avión donde se encuentran, o todo lo que le ha ocurrido, pero en su interior siente un deseo irrefrenable de abrirse con ella sin tener claro por qué.

Necesita hablar sin guardarse nada con esa des ̶“conocida”.

Ya no siente miedo por todo lo que está ocurriendo allí.

Sigue queriendo una explicación, pero el orden de importancia ha cambiado.

Todo ha pasado a un segundo plano desde que se ha sentado a su lado.

Tranquilo, aunque poco acostumbrado a estas situaciones, decide hablar sin tapujos.

— Sé que probablemente pienses que estoy loco, pero… ̶ hace una pausa tomando aire, la mira un momento para volver a girar la cabeza hacia el frente, y aprieta los labios mientras coge fuerzas para seguir adelante.

Antes de poder continuar, ella le interrumpe irremediablemente.

— Sientes que nos conocemos.

Aaron se detiene en su explicación, y se la queda mirando fijamente sin parpadear siquiera, con los ojos totalmente abiertos, como si hubiera visto un fantasma. Está completamente anonadado ante la frase que acaba de pronunciar Isabella. Como si le hubiera leído la mente.

— ¡Si! – es lo único que acierta a decir.

Con la mirada perdida, parpadea, inspira aire, levanta las cejas y gira levemente su cuello hacia el lado izquierdo donde se encuentra ella, tratando de salir de su asombro.

— ¿Tú también lo has sentido? ¿Cómo puede ser? – dice, dejando salir las preguntas que se agolpan en su cabeza.

— Porque es la típica frase que se dice cuando alguien se siente atraído por otra persona. – explica mientras esboza una sonrisa pícara.

— ¡Espera! – advierte preocupado y con semblante serio para que no le malinterprete. – no te he dicho eso con ninguna intención.

— ¡Ya lo sé! Solo te estaba tomando el pelo.

Isabella cambia la expresión de su rostro a una más seria, aunque manteniendo el toque de cercanía.

— La verdad es que yo también he sentido lo mismo. A veces las personas estamos conectadas, aunque no lo sepamos.

— Es que… ̶ Aaron duda de nuevo.

— ¿Qué? – pregunta ella impaciente volviendo a sonreír por enésima vez.

Él también piensa que hay personas que están conectadas. Y de hecho sabe que esa mujer y él lo están, pero no puede evitar sentirse bien y mal al mismo tiempo por ello.

— Tengo mujer. – dice en tono serio, bajando la cabeza.

Ella pone la mano sobre su brazo para reclamar su atención, y mirándole a los ojos fijamente le tranquiliza.

— Sabes que no es esa clase de conexión.

Aaron la mira y después de pensárselo, le contesta con sinceridad.

— Es que siento contigo lo mismo que sentí con mi mujer cuando la conocí.

Lejos de asustarse, ella recibe la confesión como si ya la esperara, y pregunta enseguida segura de la respuesta:

— ¿Y ya no lo sientes?

— No lo sé. – hace una pausa – Hace mucho tiempo que solo siento dolor.

Le mira sintiendo una profunda pena por él. Ve a un hombre completamente destrozado en su interior. No articula una sola palabra. No hace falta. Sus ojos lo dicen todo.

— El dolor ha invadido todos mis sentimientos hasta matarlos. No me deja ser yo. Y me siento terriblemente mal por ello.

— Pero eso no es justo. Y no solo no es justo para ti.

Tampoco es justo para la gente que te quiere.

– dice, intentando hacer que reaccione y se dé cuenta de que no puede seguir así.

– Imagínate estar al otro lado. Querer a alguien con todas tus fuerzas.

Intentar que sea feliz. Intentar ser feliz.

Y no poder. Ver como cada día se entierra en vida sin ser capaz de ayudarle. Eso es muy duro.

Aaron permanece inmóvil sin decir nada, como si intentase procesar lo que le está diciendo, pero no lo consiguiese.

— Lo sé. – dice avergonzado agachando la cabeza, para después con los ojos llorosos continuar.

̶  Antes no era así. Antes todo estaba bien.

Pero todo cambió con la muerte de mi padre.

No estuve a la altura. Él siempre estaba para mí, y cuando me necesitaba, no estuve.

Últimamente tenía tanto trabajo que apenas sacaba tiempo para vernos.

Y cuando lo hacíamos era corriendo y porque le pedía algún favor como que me llevase a algún sitio o sacase al perro.

Fui muy injusto. No me di cuenta de que el tiempo pasa.

Y de repente, la vida me lo quitó. Desde entonces no hay un solo día que no me sienta culpable.

No hay un solo día que no me acuerde de él.

De todo lo que me enseñó. Y de que lo hice tan mal que se fue sin que supiese todo lo que le quería.

— Seguro que lo sabía. – dice cálidamente mientras le agarra la mano.