Capítulo 5 #3
— No está pasando nada. Ya te lo he dicho antes. –asevera con desesperación contenida. ̶ Aunque si es verdad que hay algo que no te he contado.
Le mira poniendo los cinco sentidos en las palabras que van a salir de su boca.
— Yo también he visto a la persona que tú has visto cuando estabas con aquel chico.
Al escuchar esas palabras, una pequeña sensación de alivio acompañada de un escalofrío en su pecho le invade. Tiene la esperanza de poder empezar a colocar las piezas de aquel puzzle poco a poco. Sin dejar de mirarle, su expresión se vuelve más intensa, esperando con ansia más información.
— Vino de la parte de atrás del avión a toda velocidad, y se paró justo aquí.
Parecía que huía de alguien porque miraba para todos lados continuamente.
Llegó a esta altura, me miró fijamente durante unos segundos y dejó una bolsa que llevaba ahí abajo.
– dice, señalando a su lado izquierdo el asiento que se encuentra más cerca de la ventanilla en la fila de delante suya.
̶ Después salió corriendo de nuevo hacia la parte delantera sin decir nada.
— ¿Qué ha dejado una bolsa? ¿Y qué hay dentro? – pregunta exaltado.
— No lo sé. Parecía que quería esconderla y yo no me meto en los asuntos de los demás. Pero si tienes tanto interés, nadie más ha pasado por aquí excepto tú, así que ahí sigue.
Aaron le mira fijamente, casi buscando su aprobación para acercarse.
Tampoco le gusta inmiscuirse en los asuntos que no tienen que ver con él, pero siente una curiosidad enorme por saber si lo que se encuentra en el interior de aquella bolsa, puede proporcionar algo de luz a la situación que está viviendo allí.
Se levanta y con mucha cautela, casi a cámara lenta, se acerca hacia la fila de asientos delantera.
Son literalmente dos metros, pero se hacen eternos, elevando aún más esa atmósfera de misterio que rodea todo lo que está ocurriendo allí.
Ya levantado, y antes de dar un solo paso, vuelve a dirigir una mirada hacia aquel espeluznante hombre, a cuya presencia ya se ha acostumbrado, que le observa imperturbable, como si le juzgara por lo que está haciendo.
Tal vez en otra situación, no lo habría hecho, pero ansía con todas sus fuerzas saber que está ocurriendo.
Vuelve a mirar hacia delante, y con la mano derecha apoyada en el respaldo del asiento delantero, inicia su camino.
Da el primer paso acercándose a su objetivo, y mil preguntas vuelven a asaltar su mente:
¿Qué habrá en esa bolsa?
¿Por qué la ha escondido aquí?
¿Tal vez quería que alguien la encontrara?
¿Quién era ese hombre?
¿De qué huía y por qué?
En su interior, confía en poder responder al menos a alguna de todas esas preguntas.
Sin detenerse, lanza otro paso hacia su objetivo y se pone a la altura de la fila de asientos que contiene la bolsa.
Vuelve a lanzar otro vistazo hacia el hombre, que no se ha movido de su sitio, mientras le vigila sin mover un solo músculo.
Ya está cerca, se asoma con el mismo cuidado con el que ha iniciado su recorrido hasta llegar ahí, pero está todo tan oscuro que no consigue ver la bolsa, así que decide acercarse un poco más.
Coloca su rodilla derecha en el asiento de esa fila más cercano al pasillo, y sus manos en los respaldos de delante y detrás inclinándose hacia los pies del asiento donde está la bolsa.
De repente, sin que se lo espere, alguien le pone una bolsa en la cabeza y comienza a asfixiarle, al tiempo que tira de él hacia atrás inmovilizándolo.
Grita, pero la voz apenas le sale, no logra ver nada más que aquella bolsa que se le pega a la cara sin dejarle respirar y golpes que le vienen de todos lados debido al forcejeo.
La presión en su cuello se hace inaguantable.
Agarra de los antebrazos al agresor intentando zafarse, pero tiene mucha más fuerza que él.
Los brazos son grandes y fuertes, lo que no le deja mucha duda de que la persona que está intentando asfixiarle, es aquel hombre que le infundía tanto miedo desde un primer momento y con el que ha estado hablando hace solo unos instantes.
— “Pero, … ¿por qué?” – piensa mientras lucha por su vida.
Continúa revolviéndose, pataleando, lanzando golpes hacia todos lados para intentar desembarazarse de aquel monstruo, pero es inútil.
El aire no entra en sus pulmones, los ojos ensangrentados se le salen de las órbitas y empieza a expulsar espuma por la boca.
Sus fuerzas menguan. En un último esfuerzo, intenta romper la bolsa para que le entre el aire, pero no lo consigue.
La presión se hace aún más fuerte en su cuello, y su agresor tira de él hacia arriba, apretando de una forma que no puede soportar.
Sus pies ya no tocan el suelo y sus pataleos no impactan con nada, está totalmente suspendido en el aire, como si aquel hombre, que está intentando acabar con su vida, no quisiera alargar más ese momento.
Todo se nubla, sus ojos comienzan a cerrarse y abrirse cada vez más lento, no le queda nada de oxígeno, y siente que es el fin.
Todo está oscuro.
Ya.