Las horas invisibles Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

— Claro que te conozco. Eres ese capullo de internet que da consejos de mierda a la gente.

̶ Aaron se queda sorprendido de la respuesta.

̶ Pues déjame decirte algo: Tus consejos no valen de nada.

¿Y sabes por qué? Porque para poder dar consejos, tienes que vivir lo que vive esa persona, tienes que ponerte en la situación en la que está y dudo mucho que tú hagas eso.

Aunque desearía contestarle, Aaron no entra en la provocación. Y aunque es fácil discutir con él, no quiere hacerlo con ese hombre. Tiene claro que para saber que está pasando y salir de esa situación, tiene que pensar con claridad y ser práctico.

— Solo conoces lo que se ve en las redes. Ese no soy yo. – aclara muy serio.

— Por supuesto que no eres tú. Déjame preguntarte algo…  ¿El niño estaba solo? – pregunta, aunque ya sabe la respuesta.

— Sí. – le responde casi obligado, sin entender el giro en la conversación.

— Si fueses el personaje de internet, ese que tantos consejos da para ser mejor, el que sabe de todo, el que dice a personas que no conoce como deben vivir su vida, te habrías quedado allí con ese pequeño.

Te habrías asegurado de que estaba bien, y no habrías ido detrás de una sombra que pasó y de la cual no sabías absolutamente nada, solo por el mero hecho de querer satisfacer tu curiosidad.

Pero, dejar a un niño solo aquí, si crees que en realidad está pasando algo… no me parece un acto propio de alguien del que yo aceptaría consejos…. De hecho, ni siquiera es de ser buena persona.

La frase de aquel hombre cae como un latigazo en Aaron, revolviéndole muy adentro y sintiéndose como un miserable, en parte, porque tiene algo de razón.

— “¿Por qué no me quedé allí con Nico? Al menos podría haberle obligado a venir conmigo. ¿Cómo estará ahora ese pequeño? Debería volver y quedarme con él.” – Las preguntas no paran de dar vueltas en su cabeza, mientras tiene la mirada perdida.

— ¿Remordimientos? – Interrumpe sus pensamientos, mientras inclina y ladea la cabeza hacia delante para poder mirarle a la cara con una media sonrisa rasgada.

Aaron gira la cabeza devolviéndole la mirada, pausa, y respira fuerte para no hacer algo de lo que se arrepentiría. Continúa el pulso visual entre ambos. El silencio se hace más intenso y los segundos, se convierten en horas.

— Parece que para esto no tienes respuesta. – insiste el hombre.

Aaron intenta redirigir la conversación sin dejarse llevar por los impulsos.

— ¿Y tú? ¿Tienes respuesta a lo que está pasando aquí? Porque sinceramente creo que quieres dar la sensación de que controlas lo que está sucediendo y sabes tan poco como yo.

El hombre sonríe forzadamente antes de rebatirle

— ¿Crees en serio eso que dices? – hace una pausa. Yo siempre controlo lo que pasa. Siempre. – asevera con una solemnidad prácticamente incuestionable.

No sabe por qué, pero cree totalmente que lo que ha dicho es verdad y que realmente sabe que está ocurriendo allí.

Se vuelve a hacer un silencio, en el que intenta pensar cuál es el siguiente paso que debe dar.

Por primera vez en su vida, no tiene el control de la situación, y eso es algo desconocido para él, que sumado a las oscuras sensaciones que le invaden estando allí, le hace sentir tremendamente temeroso.

— No te acuerdas de mí, ¿verdad? – interrumpe aquel hombre para dar un giro a la conversación. – y eso, que nos vimos hace relativamente poco tiempo.

— ¿Qué? – responde Aaron, que no se lo esperaba, casi involuntariamente.

— Es extraño que no te acuerdes de mí. No soy alguien fácil de olvidar.

No sabe a qué se refiere, pero es cierto que desde que se dio la vuelta al cruzar esa cortina, ha tenido la sensación de haber visto a ese extraño ser anteriormente, como esos déjà vu que se tienen alguna vez cuando nos cruzamos con personas que no conocemos, pero a la vez, nos resultan familiares.

Sigue intentando acordarse de que le conoce, pero al mismo tiempo le invade un miedo terrible que le impide abrir esa puerta.

Es una sensación muy extraña, como si acordarse de que le conoce, le llevase a un lugar en el que no quiere estar o a un momento que no quiere recordar.

Pero, por otro lado, no puede dejar de hacerlo.

— Creo que te equivocas. No nos hemos visto nunca. – dice, sabiendo en su interior que no es así.

— Sí. Sí que nos conocemos. Yo nunca olvido una cara. – responde aumentando la intriga.

El miedo se apodera completamente de Aaron, que ya no puede pensar en otra cosa que no sea intentar recordar de qué conoce a ese aterrador hombre, aun teniendo la sensación de que no debe hacerlo.

Ni siquiera se acuerda ya de aquel niño al que ha dejado solo.

Todo ha quedado invadido por una ansiedad asfixiante que recorre todo su cuerpo y que no le permite pensar en otra cosa.

— ¿Por qué no nos dejamos de tonterías y me dices de qué nos conocemos?

El hombre sonríe tétricamente mientras le mira a los ojos, dispuesto a darle una respuesta, no sin antes hacer una pausa.

— Nos hemos visto varias veces.

Aaron se siente más descolocado todavía si cabe.

No entiende como si eso es verdad, ha podido olvidar a ese monstruo que tiene ante él, hasta el punto de no recordar con claridad sus encuentros.

Mientras, le mira sin articular palabra.

De repente, el miedo se apodera de él completamente, mucho más intenso de lo que había sentido hasta ese momento.

Le acaba de llegar una imagen a la cabeza que, aunque no tiene la suficiente claridad, está casi seguro de que es real.

— Ya te acuerdas, ¿no? – le dice, como si estuviese metido en su cabeza.

— Te vi el día que murió mi padre. –responde con la mirada perdida, sin dar crédito a lo que él mismo está diciendo.

–No sé dónde, pero tú estabas allí ese día.

¿Me viniste a dar el pésame? O tal vez fue en la charla que di ese mismo día en Málaga, tal vez estabas en el público, cerca del escenario.

No lo recuerdo bien. Tengo lagunas. Fueron muchas cosas, y no sabía cómo encarar todo eso.

Al tiempo que intenta recordar más y más, se siente cada vez peor, como si reviviera todo lo que pasó con su padre. Algo que, por otro lado, no había conseguido superar todavía.

El hombre no mueve ni un músculo, y permanece observándole como si por fin hubiera conseguido su objetivo.

Aaron se desploma anímicamente. Se le nubla la vista por momentos, y, a pesar de ir descifrando en su cabeza poco a poco donde podría haberle visto, no logra saber quién es en realidad, ni por qué le produce esa horrible sensación.

— ¿Quién coño eres? – pregunta casi sin fuerzas, enajenado.

— Solo alguien con el que has coincidido en un mal momento de tu vida. – responde con solemnidad.

— ¡Dímelo!

— No le des más vueltas. – espeta con suspense.

La respiración comienza a acelerarse en su pecho.

Su vista continúa nublada, y todo comienza a darle vueltas.

Un pitido muy agudo invade sus oídos y las voces se entremezclan en su cabeza.

Son voces conocidas, pero no acierta a entender lo que dicen.

Cada vez le cuesta más respirar, y necesita hacerlo más y más fuerte para lograr que entre aire en sus pulmones.

Comienza a sudar. Intenta enfocar la visión en aquel ser, aunque ya no se parece a él, es otra persona, pero todo está tan desenfocado que no puede adivinar quien es.

Cierra fuertemente los ojos varias veces mientras se los frota intentando que la imagen borrosa se aclare, sin conseguirlo.

No sabe que le está pasando. No se encuentra mal, pero no consigue controlar la situación.

De repente, en uno de sus parpadeos, vuelve a ver todo con claridad, saliendo de su paranoia.

Ese pitido taladrante y las voces desaparecen para convertirse otra vez en un silencio perturbador.

Y frente a él, se encuentra de nuevo ese hombre aterrador, mirándole sin pestañear, como justo antes de que la cabeza le empezara a dar vueltas y todo se volviera confuso.

Intenta recuperar la compostura, como si nada hubiera pasado, aunque sabe que eso es imposible.

— ¿Qué me está pasando? – pregunta, intentando que ahora sí, aquel hombre le proporcione la respuesta.