Capítulo 3 #2
— Entiendo… Pero, … déjeme decirle algo. – dice el viejo mientras se toca el mentón con el gesto típico de las películas al mismo tiempo que se acerca a Aaron, instándole a que haga lo mismo.
Aaron se acerca para escucharle bien.
— No sé si es el vuelo adecuado para eso. – dice el hombre mientras le señala con la mirada a su alrededor.
Aaron gira la cabeza dirigiendo su mirada hacia la ventanilla y ve que fuera todo el cielo está teñido de un color gris-rojizo.
No se ve absolutamente nada. No hay nubes, y si las hubiera ya estarían por encima de ellas.
Además, es de noche, así que es imposible que ese tono rojo pueda ser el sol.
Acerca su cabeza a la ventanilla e intenta mirar hacia abajo para intentar distinguir las luces de alguna ciudad, pero tampoco ve nada.
Mira hacia el hombre que sube sus cejas y le hace un gesto asintiendo con la cabeza.
Inmediatamente después, y en medio del desconcierto, se percata de que no hay ni un solo ruido en el avión.
No se escuchan ni ese traqueteo constante de los motores cuando estás en pleno vuelo, ni el aire pegando en el fuselaje del avión.
Nada. De forma muy nerviosa, se quita el cinturón y se incorpora agarrándose al asiento de delante para hacer fuerza.
Lo que ve dentro del avión, le perturba mucho más que esa nube rojiza del exterior.
El avión está completamente vacío. No hay ninguna persona salvo el viejo que le observa con una tranquilidad pasmosa, mientras Aaron mira a todos lados sin poder creerlo.
— ¿Pero qué coño está pasando? – dice, mientras mira al hombre, intentando buscar una respuesta.
El viejo le mira y esboza de nuevo una media sonrisa.
Aaron extiende la mano y pulsa el botón de llamada al personal del avión mientras vuelve a hurgar en su bolsillo, buscando su teléfono móvil.
Lo saca e intenta volver a encenderlo, pero sigue sin reaccionar.
Se lo guarda de nuevo y se incorpora para ver si alguna azafata se acerca respondiendo a la llamada que hizo.
— ¿Qué hace? – le pregunta el hombre mientras Aaron mira incorporado a todos lados.
— ¿Usted qué cree? Estoy mirando si alguien del personal del avión ha visto mi llamada. – dice al tiempo que señala el botón que se encuentra sobre su cabeza
— No creo que venga nadie. – dice el viejo – El botón no está encendido
Aaron le mira y seguidamente sube su mirada hacia arriba para ver que el botón de llamada al personal esta apagado.
— Pero si le he dado antes. –dice, mientras vuelve a pulsarlo de nuevo.
— Joder, ¿por qué coño se apaga? – exclama aporreando el botón, que se enciende y al segundo se apaga como si alguien lo estuviese manipulando.
Se levanta y pasa los asientos de lado acercándose al pasillo mientras pide permiso al hombre para salir.
— Déjeme salir, por favor.
El viejo se incorpora haciendo fuerza en los apoyabrazos al tiempo que recoge las piernas.
Aaron sale atropelladamente al pasillo y empieza a mirar hacia todos lados intentando descubrir movimiento por algún lado.
Mientras tanto el hombre, pacientemente, vuelve a sentarse en su sitio, recolocándose y poniéndose cómodo como si nada ocurriese.
— Voy a ver que está pasando. – dice en voz alta sin mirar al viejo, pero esperando encontrar su aprobación para empezar a moverse.
El hombre, continúa sin apartar la mirada de él. Su cara expresa total tranquilidad, toda la que le falta a él, y eso le hace estar aún más nervioso.
A pesar de no recibir ninguna respuesta por parte del hombre, comienza a recorrer el pasillo con paso decidido pero cauto, hacia la parte delantera del avión.
— ¡Cuidado con las turbulencias! ̶ espeta el viejo alzando la voz para que Aaron pueda escucharle.
En ese momento, se da la vuelta ralentizando el paso y ve en el rostro del hombre, la misma expresión que le dedicó en el aeropuerto. Esa que le heló la sangre y le revolvió por dentro.
— “Puto viejo” – piensa para sí mismo.
Aunque quiere salir de allí cuanto antes, no puede dejar de mirar a aquel hombre, mientras se aleja de su fila de asientos, como si estuviese hipnotizado.
No sabe qué está pasando, y no sabe si ese viejo que parece que le ha perseguido desde el aeropuerto sabe lo que pasa allí, o simplemente es un loco al que le da igual lo que está ocurriendo.
Pero, en cualquier caso, siente una inexplicable angustia en el pecho por alejarse de la persona que, a pesar de incomodarle tanto, es la única que se encuentra viviendo esa situación allí junto con él.
Por fin logra girar la cabeza, olvidándose de todo, y mirar hacia delante.
El avión está totalmente oscuro y no consigue ver a más de dos filas de distancia en ninguna dirección.
En vez de un avión, parece un oscuro túnel en el que mire donde mire, no es capaz siquiera de intuir el final.
Camina poniendo las manos en los respaldos de los asientos que hay a ambos lados del pasillo izquierdo, donde se encuentra, para asegurarse de no tropezar.
Contrastando con la oscuridad que invade todo el habitáculo, unos diez metros más adelante, en el otro pasillo, ve cómo de repente, en el asiento más próximo a la ventanilla de esa fila se enciende una de las luces que se encuentran en la parte superior.
Desde donde está, no puede ver quién hay allí sentado, así que cruza la fila central de asientos trasladándose al otro pasillo, y acelera el paso mientras sigue asegurando su posición con las manos por todos los respaldos que se va encontrando a su paso.
Finalmente llega a la fila donde se encuentra encendida la luz.
— ¡Hola! – dice una voz.