Las horas invisibles Capítulo 2
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Capítulo 2

“dos”

La verdad es que Aaron nunca había tenido cartas ganadoras.

Su familia era de origen muy humilde. Su padre trabajaba en el mercado del barrio en una tienda de ultramarinos, esas que vendían desde embutido hasta productos de limpieza para el hogar y que existían antes de que todo fuese invadido por los supermercados y los grandes centros comerciales.

Hacía de todo para poder ganarse la vida y que a su familia no le faltara de nada.

Cortaba el embutido, atendía a los clientes, llevaba los pedidos a las casas…

Pero muchas veces no era suficiente, así que en su tiempo libre arreglaba toda clase de cosas a las personas del vecindario para poder tener un poco de dinero extra.

Esa es una de las principales cosas que recordará de su padre.

Se levantaba los fines de semana, recorría ese pasillo en el que su padre y él jugaban cuando era más pequeño y llegaba a la cocina, donde le veía apoyado en la mesa, con su caja de herramientas en el suelo y sentado sobre su banqueta de madera con algún aparato completamente desmontado, su taza roja de latón con su café humeante y hablando consigo mismo sobre cómo tenía que ir arreglando el aparato.

De él aprendió a esforzarse y a cómo se podía ser un padre moderno en esa época en la que los niños eran de las madres.

Nunca tenía un “no” para su hijo y de él ha sacado su amor por el deporte, y sobre todo no conformarse con lo que la vida te da.

Y luego estaba su madre, que formaba un equipo perfecto con su padre.

Su madre era una mujer guapísima y muy inteligente, adoraba estudiar, tal vez porque sus padres nunca la dejaron ir a la universidad, aunque valía de sobra para ello.

Era otra época. Y tenía una capacidad innata para explicar las cosas de una forma que cualquiera era capaz de entenderlas.

Trabajaba como profesora de primaria en un colegio de gente pudiente, donde todos los alumnos la querían muchísimo, de ahí que una de sus frases era “nosotros somos ricos en amor”.

Y por las tardes al igual que su padre, completaba la jornada dando clase a algunos alumnos a los que los padres no tenían tiempo para atender y resolverles sus dudas.

Después llegaba a casa y ayudaba a Aaron con los deberes.

Aunque en los estudios su hijo la necesitara menos que todos aquellos niños a los que daba clase después de terminar el colegio, les gustaba sentarse un rato juntos y repasar un poco todas las asignaturas de ese día.

De ella aprendió a organizarse para trabajar de una forma inteligente y a entender que, aunque en la vida muchas veces las cosas no salen como tienes planeado, hay que encontrar la forma de disfrutar con lo que haces.

Aaron era hijo único por necesidad. A sus padres les habría encantado tener más hijos, pero sabían que, si hubiesen tenido más de uno, no podían haberles cuidado como se merecían ni darles oportunidades a todos para tener una buena vida, así que en un ejercicio de responsabilidad increíble, eligieron lo más sensato, lo poco que tenían sería para intentar mejorar la vida de su único vástago.

Y la verdad es que el caldo de cultivo no podía ser mejor.

De niño ya sobresalía por lo listo que era, no solo por inteligente, sino por astuto.

Todo el mundo conoce lo que es la memoria eidética o también llamada memoria fotográfica: es la capacidad de recordar con gran detalle cualquier cosa que se haya visto u oído, aunque haya sido por muy corto espacio de tiempo.

Pues Aaron, no la tenía, pero lo que sí tenía, era la capacidad de aprender a esquematizar su memoria ya desde pequeño, por lo que con oír una historia o ver un vídeo, era capaz de montar un resumen relacional en su cabeza y replicarlo, incluso si había pasado ya un tiempo.

Esto siempre le ayudó a estudiar sin esfuerzo y a tener una gran cantidad de conocimiento útil, porque como él mismo dice, el espacio en las cabezas es limitado y por tanto no lo va a ocupar con nada que no le resultase útil.

Eso le hacía ser especial y al contrario de lo que suele pasar, según crecía, iba destacando más y más, hasta el punto de que con quince años decidió crear su propia fuente de ingresos.